Capítulo 5

1369 Words
Entro a aquel departamento de manera natural, pues no me es nuevo.   —Toma asiento, iré por el teléfono para que puedas hacer alguna llamada —me habla llamando mi atención.   Observo cómo camina hacia su cocina a través del pasillo que se forma gracias a un muro de cristal que divide la sala y el comedor de la cocina.   Vuelve su mirada hacia mí y sigue caminando.   —Por cierto, me gusta tu cabello —habla desde la cocina.   —Gracias —hablo alto para que pueda escucharme.   Camino hacia la sala y me siento en el sofá de vinil color guinda.   Escucho como sus tacones se dirigen hacia a mí.   —Toma —me entrega el teléfono.   Dudo un momento en tomarlo, tenía que inventar algo rápido.   —La verdad es que no tengo a nadie conocido aquí, estoy solo —le suelto.   —Vaya —pone esa cara de pensamiento que tiene—, pues, yo. No sé qué decir.   —Está bien, no sé qué estaba pensando —le hago analizar lo que digo.   Me pongo de pie y me dispongo a salir.   —No, espera, te entiendo —miente.   —¿De verdad? —le pregunto siguiéndole el juego.   —No, pero quiero hacerlo —acepta un poco avergonzada.   Me muerdo el labio inferior y sonrío levemente hacia ella, agacho mi cabeza para evitar que ella lo note.   —¿Por qué no te quedas una no...? —se detiene de golpe a causa del timbre de su departamento.   Su cara es de nervios y pánico, como si la estuvieran a punto de asesinar.   —Mis padres —susurra.   Evito soltar una risa y reprimo una sonrisa. Rasco mi nuca agachando nuevamente mi rostro y solamente elevo mis ojos hacia ella.   —Okay, espera aquí, sígueme el juego —me pide y camina hacia la puerta, observo cómo se acomoda su blusa y su cabello y sin más, la abre.   —¡Mamá, papá! —exclama aparentando felicidad.   —Hola, linda —la saluda primero su madre, la señora Evadne Redmond.   Se acerca con entusiasmo hacia ella y planta un beso en su mejilla de manera grotesca.   —Cariño —esta vez es su papá quien le habla, el señor Zander Redmond.   —Papi —le saluda cariñosa.   Justo cuando su madre se adentra en la sala se detiene de golpe observándome con expresión de horror.   —Zoella, ¿quién es este joven? —le pregunta utilizando su nombre completo, estaba molesta.   —Ah, él es mí... —alarga aquella palabra—, modelo —responde de golpe.   Tanto sus padres como yo volteamos a verla sin creer lo que ha dicho.   Ella sonríe solo a ellos, y después me mira haciendo que ellos lo hagan de igual manera, para entonces cambia su mirada para verme mal.   —Sí —le aseguro.   —Quería contarles que estoy pensando abrir una línea para hombre —se excusa, llamando la atención, nuevamente, de sus padres.   Me limito a blanquear los ojos y mover la cabeza, sabía mentir esta chica.   La señora Evadne Redmond deja de lado la situación y continua aquella visita.   —Bien, ¿qué hiciste de cenar? —le cuestiona a Zoe.   Abre sus ojos de par en par.   —Ah, yo... —vuelve a alargar la última palabra.   —Ella me contaba que los llevaría a cenar a un excelente restaurant —la rescato—, ¿No es así, Zoe?   —¿Qué? —me mira confusa—, ah, sí, abrieron un nuevo lugar que es excelente.   —No se diga más, vamos a cenar —exclama su padre.   Zoe sonríe nerviosa hacia ellos.   —¿Vienes con nosotros, joven...? —vuelve a hablar el señor Zander.   —Blake —le digo mi nombre—, y no, muchas gracias, yo...   —Sí, Blake, vamos —me mira con confianza Zoe, estaba invitándome la cena.   —No lo sé —le respondo más a ella que a su padre.   —Bien, bajaremos mientras te decides, vamos Eva   La pareja sale del departamento, dejándonos a Zoe y a mí a solas, nuevamente.   —Vamos, Blake.    — ¿Estás segura?   —Completamente, te dije que te ayudaría —me sonríe honestamente.   Le sonrío, reprimiendo las ganas de tomar su cintura y pegarla a mí para sentir, por fin, su cuerpo contra el mío.   —Bien, pero no creas que me invitaras, si traigo plata   —Nunca dije que te invitaría —me contesta orgullosa y camina hacia la salida, moviendo sus caderas.   Mojo mis labios y muerdo, nuevamente, mi labio inferior siguiendo el lugar por donde ha pasado.   …   Una vez en el supuesto restaurant nuevo, ordenan platillos de los más caros, como de costumbre así que hago lo mismo.   —Y bien, Blake, ¿desde cuándo trabajas con mi bella Zoella? —pregunta la señora Evadne.   Me aclaro la garganta levemente para contestar—. Pues acabo de iniciar, hace una semana aproximadamente —respondo con toda naturalidad.   Zoe, quien está sentada a mi lado izquierdo, se gira para verme confundida, le dirijo la mirada y le giño un ojo.   —Muy bien, ¿de dónde eres? —continúa con su interrogatorio.   —Sydney, Australia   —Sydney, oh es un lugar hermoso —habla su madre.   Asiento con una sonrisa en el rostro.   Empiezo a sentir como Zoe empieza a estar incomoda.   —Ya es tarde, mañana tengo que trabajar   —Cierto cariño, es hora de irnos —le habla su padre, haciendo una señal para que traigan la cuenta.   Me muevo en mi asiento para sacar mi "billetera" y pagar.   —No, Blake, no te molestes, yo pago —habla el señor Zander.   —Por favor —le ruego.   —No, yo pago   Sin reprochar más, dejo que pague y salimos de aquel lugar.   — ¿Dónde se están hospedando? —les pregunta Zoe.   —Donde siempre, en los Diamond —le responde su madre.   Asiente levemente.   —Nos hablamos en la semana, cariño —vuelve a besar a Zoe de manera brusca, y sin más, se adentra en su auto.   —Nos vemos, mi vida —se despide cariñosamente su padre de ella.   —Adiós, papi —le abraza, desprendiendo mucho amor.   —Te extrañare —su padre le besa la frente de la manera más paternal que haya visto.   El hombre se acerca a mí y estrecha mi mano.   -Nos vemos, jovencitos, un gusto-   —El gusto es mío —le respondo con educación, ese hombre tenía una historia que le hacía merecerlo.   El matrimonio enciende el auto y se marcha.   Zoe se recarga en su propio auto y deja salir demasiado aire.   —Se fueron —me comenta como si yo no lo haya visto.   —Sí —le respondo, recargándome justo como ella lo ha hecho.   —Gracias, por cubrirme —e mira, pero esta vez no respondo la mirada.   Elevo una ceja—. De nada, supongo   Un silencio, para nada incomodo, se hace entre nosotros.   Elevo mi rostro hacia el cielo estrellado, jamás lo había contemplado tan tranquilamente.   —Sabes algo, Blake —llama mi atención Zoe. Dirijo mi mirada hacia ella—, siento que te conozco, que te he visto en algún otro lado —me mira.   Me mantengo en silencio.   —Pero cuando dijiste que eras de Sydney —se separa del auto, yo hago lo mismo, abre la puerta del piloto y continua—, supe que estaba equivocada —se mete a su auto.   Me quedo viéndola.   —Anda, sube, ya es tarde   Me decido a hablar—. Soy un extraño, ¿y aun así dejaras que me quede contigo? —le pregunto sin algún tono en mi voz. —Dormirás en mi departamento, no conmigo, súbete —me contesta de manera dominante.   —Cuida como me hablas —le hablo antes de caminar y meterme a su auto.   — ¿Qué? ¿Me harías algún daño? —me mira retadora.   La miro contemplando su expresión, que poco a poco se va relajando mientras examina mi rostro. Empiezo a acercarme a ella, veo como su respiración se agita levemente, no se mueve y quedo a pocos centímetros   —Jamás.
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