Capítulo 6

1215 Words
Llegamos a su departamento, antes de abrir la puerta, se recarga en la pared y se quita sus tacones, dejando ver el perfecto pedicure que tenía en los dedos de sus pies. Toma el par de tacones en su mano izquierda, saca las llaves y las mete en la cerradura, yo me dedico a observar cada movimiento que hace. —Pasa —me habla llamando mi atención. —Las damas primero —le hago un ademan para que pase. Me sonríe con un poco de diversión y pasa frente a mí. —Espera aquí, traeré algo para que duermas —me habla. Me limito solo a asentir. Vuelvo a sentarme en aquel sofá, esperando a que vuelva. Escucho como el departamento se llena de música. Era algo normal en ella, siempre que estaba cansada o había pasado por algo verdaderamente bochornoso, se arrullaba escuchando música. En este caso de su grupo favorito. Motopony. La canción que estaba era su favorita. Wait for me. La había escuchado por primera vez en una película. —Toma —me entregó un pantalón de algodón gris y una camiseta básica blanca—. El baño esta en... —no termino de decirme donde se encontraba el baño—. ¿Qué haces? —Cambiándome —le conteste mientras metía mis brazos en los agujeros de las mangas de aquella camiseta. Su mirada analizaba mi anatomía. — ¿Te incomoda? Ella negó lentamente y de manera trabada mientras observaba mi abdomen. Reí ante su expresión, haciendo que volviera al momento. —Lo siento —se disculpó avergonzada. Agacho su mirada y paso detrás de su oreja un mechón de su largo cabello. —Iré al baño —tomé el pantalón de algodón y caminé hacia el baño. — ¿Sabes dónde está? —me pregunto confundida, demasiado confundida. Me detuve en seco. —Me lo acabas de decir. —No —respondió en un tono más de pregunta que dé respuesta. —No volveré a andar sin camisa frente a ti, te desconcentra. Zoe soltó una carcajada que inundo el departamento, haciéndome sonreír de igual manera mientras entraba al baño. ¿Ya había dicho que me encantaba escucharla reír? Me cambié velozmente el pantalón para volver a donde ella estaba. Cuando salí no la vi. Camine confuso por la habitación. — ¿Zoe? —la llamé. No obtuve respuesta. — ¿Zoe? —volví a repetir aquel acto. Giré mi cabeza cuando escuché unos quejidos detrás de mí. Caminaba, a unos cuatro metros de mí, con una pila de cobijas que cubrían su visión por completo. Tapé mi boca reprimiendo que saliera una carcajada de burla. La cobija de la parte de abajo se comenzaba a caer, observé cómo se metía entre sus piernas, se enredaba en la derecha y justo ahí resbaló dejando caer su cuerpo hacia el frente. Corrí de manera poco creíble hasta ella, evitando que azotara contra el suelo. — ¿Estás bien? —le cuestioné, sintiendo como una de las cobijas caía en mi espalda. Su respiración era agitada, ni ella misma creía que yo la hubiera atrapado. —Creo —su expresión era de confusión. Sonreí frente a ella. —Casi mueres, ¿eh? —le confirmé. Asintió de manera lenta—. Gracias. Alrededor de nosotros estaban aproximadamente seis cobijas, unas más grandes que otras. Me dejé caer, con ella aun en mis brazos, en la gran montaña de cobijas. — ¿Qué haces? —me preguntó una vez que la deje a un lado mío. —El sueño me está venciendo —tenía muchísimo tiempo que no estaba cansado de verdad. Siempre dormía por placer, no porque de verdad lo necesitara. —Venga, Blake, solo acomoda las cobijas en el sofá y listo, duerme. Mi piel se erizó cuando pronunció mi nombre con aquel tono de ternura en su voz. Me quedé viendo inexpresivamente el techo. Cuando se levantó, volví a la realidad. —Bien, yo me encargo, ve a dormir —le confirmé. Suspiro de manera entrecortada, como si estuviera asimilando lo que sucedía, aunque la verdad no había nada que asimilar. Sacudió discretamente su cabeza—. Bien, que descanses —se dio la vuelta y caminó exageradamente hacia su habitación. Estaba molesta, y yo no tenía ni la más remota idea de por qué. Acomodé las cobijas en el enorme sofá, me senté un momento para analizar qué era lo que había hecho para que ella se enfadara. Según yo, no había nada malo en mis acciones, ¿o sí? Me paré y caminé decidido, pero justo cuando enfrente de la puerta de su habitación, un miedo invadió mi cuerpo. Me sacudí un poco y tomé la manija de la puerta, haciéndola girar. Entré en su habitación, todo estaba oscuro, ella se encontraba dando la espalda hacia la puerta. Un pensamiento invadió mi cabeza. Ella confiaba mucho en mí como para quedarse dormida sin problema alguno. Caminé lentamente hacia su cama, y una vez ahí, hice algo que quería hacer desde el momento en que ella pudo verme. Me recosté a un lado de ella, me pegué a ella dejando un par de centímetros entre nosotros, pasé mi brazo izquierdo alrededor de su cintura, y acerqué mi cara a su cabeza, el olor a vainilla inundo mi nariz, cerré mis ojos para disfrutar aquel aroma. —¿Qué haces? —me preguntó nerviosa. Abrí mis ojos de golpe y me separe de ella fugazmente, tomando la coordinación de mi cuerpo hasta encontrarme parado. —Lo siento, yo, no sé qué… No sabía que decir. Se giró a verme, tapó su pecho con la cobija. —Lo siento —le respondí sin ninguna otra opción. Pasó saliva y entreabrió levemente sus labios. —Gracias, por todo lo que has hecho por mí y por el hecho de que me tengas tanta confianza —completé lo que tenía que decir. Su expresión seria se tornó a una de calidez y ternura, sus hombros se relajaron y las comisuras de sus labios se elevaron. —Descuida, hay algo en ti que me inspira confianza —me sonrió ampliamente. —Que descanses —me despedí de ella. —Igualmente, Blake.  La misma sensación de emoción se hizo presente en mi cuerpo, al escuchar mi nombre salir de su bella boca, erizando nuevamente mi piel. Salí de su habitación, cerrando detrás de mí la puerta. Caminé triunfante hacia el sofá, y sin problema alguno, por fin cerré mis ojos para poder dormir un poco. — ¿Qué rayos estás pensando, Blake? —Ni yo tengo idea, Kristal —le miro dentro de aquel cuarto n***o en el que nos encontramos, de no ser por sus brillantes alas, estaríamos a oscuras. —No podemos dejar que se enteren. —¿Podemos? ¿Estás diciendo que me ayudaras? —le pregunto entusiasmado. Se cruza de brazos y deja descansar todo su peso en una pierna. —Claro, sé porqué lo haces, me parece lindo —me confiesa. —Gracias, Kristal —hablo con emoción. —Solo cuida que no se entere y yo cuidaré que él no se entere, ¿te parece? —Sí, como tu ordenes —le respondo en un tono de rendición total. Sonríe y desaparece, dejándome vagar por aquel lugar n***o.
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