Los rayos del sol entraron a la sala de estar atravesando las cortinas de color beige. Quería seguir durmiendo, aunque no supiera la hora, quería seguir durmiendo. Tomé la bastilla de la cobija más gruesa que sentí y la subí hasta mí cabeza, apagando un poco la luz de la habitación. Sentía como el sueño se apoderaba nuevamente de mí, empezaba a perder noción de lo que ocurría a mí alrededor. Un bostezo un tanto exagerado llegó a mis oídos, poniéndome rojo al instante, sabía de quién se trataba y el hecho de que me viera dormir no me agradaba mucho, pues la verdad no era un príncipe encantador como para verme lindo al...dormir. Me destapé la cabeza y parpadeé un par de veces hasta que froté mis ojos y pude visualizar el alrededor. Sus piernas largas y bien torneadas

