Estaba sentado en la cama de ella, le había puesto esa colcha de color rojo borbon que tanto me encantaba. Me dejé caer en ella mientras escuchaba cómo caía el agua de la regadera.
Movía desesperado mis dedos en mis rodillas. “¿Lo hago o no lo hago?” pensé.
"Venga, Blake, sé fuerte" hablé para mí mismo.
Si algo tenemos prohibido es hacer algún lazo con nuestro humano, y eso amigos míos, lo había roto hace un par de meses, incluso años.
Recuerdo el día en que empecé a verla, un día escuché algunos quejidos que a decir verdad sonaban más como gemidos y eso eran. Cuándo perdió su virginidad empezó a jugar con su cuerpo en la ducha, y fue ahí cuando empecé a tener curiosidad de ella. De su cuerpo en específico. Recuerdo verla recostada en la bañera, las burbujas cubrían todo su cuerpo, pero podía ver cómo su pecho subía y bajaba agitado. Aquel recuerdo acechaba mi cabeza muy seguido.
No me gusta verla porque prácticamente, para mí, estaba prohibido ya que había hecho un lazo, según lo que me habían dicho. Tonterías.
Sí, aunque no lo crean un diablo también tiene prohibiciones, pero no las tomamos muy en cuenta, si fuera lo contrario no sería un diablo y en estos momentos estaría en el inframundo que ya he visitado y no me agradó mucho, pero eso es otra historia.
Miré la habitación por millonésima vez, como si no la conociera.
Moví mi flequillo con un movimiento de cabeza y me puse de pie para largarme de ahí tan solo un momento.
Pero antes, di un pequeño vistazo al baño, en la ducha para ser precisos, me limité solo a ver su espalda y salí de ahí.
“Sé fuerte, Blake” esa era una frase que me decía muy seguido.
Me trasladé al infierno, con algunos amigos que tomaban un descanso mientras no tenían a alguien otorgado. Suertudos.
—Blake —me saludó Alex mientras se estiraba en su sofá favorito.
Alcé la ceja en saludo, saque un cigarrillo que le robé a Zoe en la mañana, chasqué mis dedos y con el fuego de ellos lo encendí.
—¿Qué tal Zoe? —me miró divertido
—Bien —le respondí seco.
—¿Sigue igual de buena?
Le miré mal.
—Supongo que sí —se puso de pie para acercarse a mí y abrazarme por los hombros—, si fuera mía, la tendría bajo de mí todos los días —me dijo muy quitado de la pena.
—¡No hables así de ella, cabrón! —le grité tomándolo de la camisa.
Me miró completamente divertido—, solo decía.
—Pues piensa dos veces lo que vas a decir de ella para la próxima —le solté aventandolo—. No me molestaría volver al Inframundo.
Pase mi dedo índice por su barbilla, deje que todo mi calor se juntara en ese dedo, observé como Alex comenzaba a moverse para que lo soltara, y juraba que había podido ver un poco de desesperación en sus ojos.
Lo solté y reí fuerte.
—Me largo —me avisó para luego desaparecer.
Le di una larga calada a mi cigarrillo y lo tiré al suelo para volver con Zoe.
Ella acaba de salir de la ducha, tomó asiento en el sofá que tiene a un lado de su gran ventana, observé cómo secaba su cabello con ayuda de una toalla.
Recorrí su anatomía, me detengo en su cuello y lamo mis labios, bajo más y me detengo en su lindo trasero, sonrió solamente.
Zoe era mi tentación, me encantaba.
Se queda viendo hacia un punto fijo analizando, solo era el vacío para ella, pero en realidad se me quedaba viendo a mí, podía sentir mi mirada en ella aunque no me viera.
"Sí, te estoy observando Zoe, y es lo que más me gusta hacer" le hablé.
Sacude su cabeza y deja de "mirarme" para después meterse en la cama y por fin descansar, checa por última vez su móvil, lo deja en el buró y apaga la luz.
Me paro de donde estoy y me acerco a ella, me quedo viéndola y tomo mi aspecto físico para golpear el buró donde ha dejado su celular y desaparezco cuando ella abre los ojos asustada.
Tomó las cobijas, se tapó hasta la cabeza y se giró para el otro lado dándome la espalda.
Sonreí encantado, me encantaba verla asustada.
Miré hacia la ventana y sabía que me llamaban, instinto de diablo.
Volví al infierno, justo donde he estado hace unos minutos.
—Hola, Lu —saludo a la princesa que se encontraba sentada en un lindo trono.
Se limitó a verme mal y cambió la dirección de su mirada mientras rodaba sus ojos en blanco.
—¿Solo me han llamado para esto? —le pregunté.
-Sabes que él no llama solo por llamar, pasa a ver que quiere.
Le hice una reverencia en burla y entré al lugar prohibido.
—Hola, Blake —me saludó sin dejarme verlo.
—Satán —le respondí—, ¿se puede saber cuál es mi llamado?
—¿Qué más va a ser? —habló molesto.
Blanqué los ojos fastidiado.
—Cuida tus actos muchacho, no querrás perderla —me amenazó.
Respiré de manera entrecortada, ella era mi punto débil.
—No volverá a pasar.
—¡Eso dijiste la última vez! —gritó haciéndose presente justo enfrente de mí.
Cerré mis ojos dejando pasar la ráfaga de enojo que soltó.
—No volverá a pasar —le repetí.
Su aspecto físico no era nada intimidante, él lo prefería así, le gustaba usar esa apariencia "humana" que le sentaba perfectamente.
Pero le encantaba agregarle su toque, así que solo se dejaba sus cuernos, sus grandes cuernos.
—Que no se vuelva a repetir —me miró y me hizo parpadear apareciendo de nuevo en el cuarto de Zoe.
Estaba completamente destapada, con un movimiento de manos la cobija volvió a cubrir su cuerpo.
Me senté frustrado en el sillón de siempre, chasqueaba los dedos prendiendo y apagando fuego en ellos.
Odiaba que siempre que le hacía algo a Zoe, todos lo interpretaran como un lazo de cualquier tipo de afecto hacia ella.
Yo sabía que ella solo era mi encargo durante su vida, solo me tenía que encargar de que si seguía o actuaba de mala manera, le funcionara.
—Hola —una voz femenina me hizo sentirme más frustrado de lo que ya estaba.
—Hola Kristal.
Una de sus alas golpeó mi rostro.
—No me digas, aun no la superas —me miró sorprendida.
—No me molestes, ya la supere.
—Esos ojitos verdes no me dicen lo mismo —su cuerpo se empieza a elevar del suelo y queda de cabeza.
—Basta, sabes cómo se ponen si sigues insinuando eso.
—No están escuchando, créeme.
Le miro cómplice.
—¿Me dices? —me mira tierna.
—Pues él cree que yo estoy creando un lazo con ella, y la verdad es que sí.
Se para derecha y sus alas aletean rápidamente.
—¿Te gusta? —me dice con sus manos en la boca.
—No, qué asco, bueno solo físicamente.
—Estás enfermo, Blake —me mira asqueada.
—Soy un diablo —le sonrió seductoramente y alterno mis ojos de sus labios a sus ojos.
Mi rostro se empieza a acercar, puedo apreciar más su piel bronceada, mi mano se dirige hacia su cuello lentamente.
—No caeré en tu juego, Blake —me responde sacándome de mis pensamientos.
—Bueno, lo intente —me encojo de hombros.
—Enfermo —me dice mientras desaparece de ahí.
La verdad es que sí, estaba enfermo y mi cura era Zoe, Zoe Redmond.
—Bueno, lo intente —me encojo de hombros.
—Enfermo —me dice mientras desaparece de ahí.
La verdad es que sí, estaba enfermo y mi cura era Zoe, Zoe Redmond.