—¿Dónde mierda crees que vas? —la voz de Kristal detuvo mi viaje. —Iré donde Zoe —le respondí seco. —¿Piensas que después de haber follado con ella nadie se enteraría? —exclamó alterada. —Carajo, no lo digas tan bruscamente, para mí fue hacer el dulce amor. —Estás enfermo, Blake. —En fin, ¿de quién hablas? —De mí dueño, ¿quién más? —Creí que del mío. —No tardará en enterarse, créeme. —¿Qué le has dicho? —le cuestioné dejando que el pánico entrara levemente en mi cuerpo. —Que no sabía nada, es obvio —me miró estresada—. Esta bastante molesto. Solté una risita en burla. —No es gracioso, Blake, tal vez él no haga nada pero el tuyo no dudará en mandarte al Inframundo. Aquello me puso bastante nervioso. Kristal tenía razón. El Diablo no se andaba con juegos. —Bien, solo dame unas

