Sus manos se apoyaban contra el mosaico, recorrí con mi mano derecha su espalda lentamente hasta llegar a su trasero el cual, una vez teniendo mis manos ahí, apreté haciendo que soltara un gemido de placer. Mis manos se metieron dentro de la licra que envolvía sus piernas haciéndola bajar por ellas junto con sus lindas y coquetas bragas. Volvió a gemir. Cada jodida vez que lo hacía me provocaba ponerme más duro. —Por favor —logró susurrar Zoe. —Por favor, ¿qué? Se quedó en silencio. Volví a apretar su trasero, agregando una nalgada en este. —Quiero sentirte, Blake —gimió con la voz ronca. Tomé de su largo cabello y lo amarré a mi mano sin jalarla mucho. —Ten paciencia. Me agaché levemente y dejé que el agua mojara la palma de mi mano, una vez con

