Sus ojos grises impactan con los míos. Esbozo una sonrisa llegando hasta él. ─¿Estaban haciendo cositas? ─Cuestiona, desconcertándome. ─No, porque te hubiera llamado para que te unieras ─respondo, tomando su brazo. ─Que pena ─dice con seriedad, tanto que me provoca una carcajada. ─Sí que mantuviste tu ímpetu s****l ─declaro, caminando hacia la barra de cocteles. ─No recuerdo haberla visto en algún lado ─murmura, observando la dirección en la que se fue Anastasia. Encojo mis hombros, tratando de restarle importancia. ─¿Tienes más interés en ella que en mí? ─Pregunto, cambiando de tema, para llamar su atención. Tomo un vaso de Cuba libre en mi mano, para embeber un sorbo. Su semblante se encuentra confuso ante mi pregunta. ─Esa pregunta va más allá de mis limites personal

