Lia –¿Lia? Lia, cariño, despierta. Apenas pude enfocar bien la vista cuando abrí los ojos. La voz que me llamaba a lo lejos era la de Francesco, mientras que el rostro frente a mi era el de su hijo mayor Angelo. Me encontraba tendida en una camilla muy cómoda mientras que las dos mujeres de la familia me observaban atentas desde los pies. –Lia, por favor, reacciona. –el pedido de Angelo fue casi un suplicio que me obligó a ponerme al corriente de toda la situación y salir de aquel extraño trance inconsciente– –Steffano. –susurré recordando la razón de mi desvanecimiento– Nadie se lo llevará de mi lado. –Tranquila cariño, te prometo que nadie te apartará de él. –Francesco utilizó una voz mucho más suave, como si tratara con una niña– Los que vinieron eran agentes de servicios soci

