Alonzo Si Raffael decidía jugar sucio le iba a dar una cucharada de su propia medicina. Mataría dos pájaros de un solo tiro, tendría a Steffano bien resguardado mientras que a él le jodería la existencia. –¿Acaso no tienes idea de lo importante que es Steffano para mi? –cuestionó Lia con un gesto de confusión en la cara– Ese niño es la razón y el motor de mi vida, jamás permitiría que jueguen con su nombre o estabilidad. Sabía que no sería un tema tan sencillo de tratar con ella, ni siquiera yo mismo me encontraba convencido de que fuera el camino correcto. Las únicas figuras paternas en mi vida habían sido Francesco y Orlando, dos hombres a los que conocí cuando apenas iba en la primaria, sin embargo, nunca había tenido un verdadero padre para mí. Alguien a quien pudiera llamar pap

