Alonzo No me consideraba un hombre que se saliera de sus cabales con facilidad. La gran diferencia entre Angelo, Fernando y yo, era que siempre había sido el que menos optaba por la violencia a menos de que fuera estrictamente necesario, sin embargo, Raffael Vítale me estaba llevando al límite. –Mereces que te vuele los sesos aquí mismo y acabé de una buena vez con todos los problemas que le estás causando a Lia y Steffano. El rostro jocoso del ex abogado se reía de mí bajo la punta de mi pistola. Había decidido apuntar justo al entrecejo, para que la bala lo matara en el acto si decidía disparar. –¿Vas a dispararme aquí? –cuestionó como un loco, tentándome a apretar el gatillo– ¿Frente a toda esta gente? Los comensales empezaron a gritar alarmados y corrieron hacía las salidas la

