El día comenzó mal. Solo con la visita de esa señora es suficiente para que me comience la urticaria.
Entro a la cafetería de la empresa. Melissa me hace señas para que me una a ella.
-Chica y esa cara, disimula tu abstinencia- la miro con cara de póker.
- ¡Solo puedes hablar de sexo! - me quejo.
- ¿Quién habló de sexo? - pone cara de inocente y se auto señala indignada.
- Bien me rindo, yo lo pensé- afirma victoriosa.
-Disculpas aceptadas querida, pero te recomiendo un amante urgente, ya no hablas, ladras- le hago una advertencia con la mirada.
- ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?
-El que está bien atendido sonríe siempre- muestra su blanca dentadura dejando claro lo que significa.
-Yo no veo que eso pase con mi jefe y mira que se atiende.
-Yo creo que el jefe no llega con ninguna de esas que lo visitan. – casi escupo el café- Podrán ser muy expertas, pero hay hombres que necesitan conectarse para sentir el verdadero placer- prácticamente declama sus palabras.
-Estas desvariando Melissa.
- ¿Cómo explicas que un hombre que se sirve de una chica a diario, las hace gritar como locas y no es capaz de sonreír nunca? – prefiero no imaginar la respuesta- Al contrario, ellas salen relajadas y sonrientes, él nunca lo hace.
-Puede ser que no tenga dientes- suelto sin pensar y rio fuertemente.
- ¡Oh por Dios, Yelena! - alza la voz atrayendo miradas- La versión mejor lograda de la belleza masculina moderna y tú piensas que no tiene dentadura, eso sí que sería un desperdicio
- ¿Has visto su dentadura? - trato de que le vea sentido a lo que dije.
-No, pero tiene dientes, he visto la marca en alguna de sus amantes- porque tuvo que recordar eso. Es como un patrón del jefe. Les muerde el cuello.
-Lo estas defendiendo de gratis- no quiero darle la victoria a Melissa.
-Trabajo en el departamento legal del hombre, soy leal a ese principio de basarme en las evidencias.
-Prepárate para comprarle una caja de dientes cuando te pidan evidencias- sigo la broma.
-Podrías hacer algo mejor- la mira sugerente- Bésalo.
Ahora si derramo el café, la leche y el azúcar. Como si fuera poco se me caen las magdalenas.
- ¿Qué estás diciendo? - mucha gente nos mira.
-Todas las secretarias tienen una fijación con sus jefes, no te excluyas- Ruego para que nadie nos esté escuchando- De todas formas, te drenas cuando lo ves- los colores se me suben de golpe.
-Deja de decir tonterías o voy a pensar que estás loca Melissa.
-Loca, ¡jajajajaja!, pero por gritar en los brazos del jefe ¿tú no?
-No
- ¿no?
-Ese hombre está acostumbrado a los servicios baratos de cualquiera que de masajes. Que yo sepa, nunca ha hecho el mas mínimo esfuerzo para conseguir una mujer, hasta su madre le busca las novias.
-Si él te propone una sesión erótica ¿lo rechazarías? - debo verme como la reina roja.
-Desde antes de proponerlo- niego con fuerza. Mi voz suena molesta
- ¡Mentira, lo hemos deseado juntas, Yelena!
-Te lo dejo a ti solita Melissa. - respondo con brusquedad.
-Regresó tu mal humor, me voy- se levanta con gracia dejando todas las miradas sobre mí.
De nuevo en la oficina encuentro la anorexia andante. Las medidas de una latina hacen ver a este tipo de mujeres “estilizadas” como si tuvieran falta de vitaminas o comida. Con un par de libras más se vería mejor.
La aptitud en el rostro de la visitante es de quien se siente dueña del mundo. Suspiro preparándome para otra batalla.
- ¿En qué le ayudo señorita?
-Soy…la novia de Cane, dime donde está- Esta es la loca del día. En los años que tengo aquí nunca vino alguien con ese título. Seguro viene a cumplirle una fantasía- ¡Oye, eres sorda! ¿Dónde está Cane? - Le doy una mirada condescendiente a esta nueva jefa. Voy a cumplir con el manual de procedimientos.
-La voy a anunciar, dígame su nombre. - me mira como a un plato de lombrices y mis ojos bailan como una.
-No quiero que me anuncies, dime ¿cuál es su oficina? - se comienza a impacientar.
-Usted no va a pasar hasta que el señor Mirror lo apruebe, señoritaaa… ¿novia? - se pone azul.
- ¿Quién te crees para impedir que lo vea?
-Yo, soy el filtro de esta área- contesto demostrando que estoy acostumbrada a manejar su tipo de personalidad y la furia se refleja en sus ojos grises- Al señor lo ve quien yo anuncio, los demás se van como vienen- Está debatiendo entre el ogro que tiene dentro y el que es por fuera. Lo siguiente no lo predije.
- ¡Cane, Cane, amor estoy aquí! - permanezco impasible viendo el derroche de locura. La mujer comenzó a tocar todas las puertas, descontrolada.
La dejo hacer el numerito, luego con toda mi calma tomo el teléfono y marco la extensión 28.
- ¿Seguridad? Tenemos un problema en presidencia. Apúrense. – hablo lo más alto que puedo. En el segundo siguiente está parada frente a mí.
- ¡Igualada! - escupe su vomito verde- ¿Qué te pasa? Lo voy a llamar y vas a ver quién será llevada por seguridad. - Ese puede ser otro numerito, bueno, espero que lo sea o perderé el empleo.
-Señorita Scott ¿Cuál es el problema? - entran los de seguridad e interrumpen la dichosa llamada.
-Ayuden a la señorita, ha perdido el camino y se ha molestado cuando le dije cual es. - se disponen a mostrarle la salida.
- ¡No me toquen! - grita con histeria. Se aleja como si fueran la peste.
- ¿Qué significa este alboroto? - El mismísimo jefe se presenta, a salvar la dama en apuros.
- ¡Cane! - la susodicha se transforma en un inocente cachorro. Se le fue el personaje de ogro.
- ¿Valerie? – Esa cara del jefe es de quien tiene en frente una cucharada de ricino, nada de amor o eso parece. “te salvaste Yelena”
-Gracias a Dios apareciste, estas personas me están acosando- esa no es la zancuda de hace rato, esta es una víctima consumada entregando a sus verdugos.
La mirada del jefe denota incomprensión con la escena que tiene en frente. Nos ve uno por uno. Enderezo la espalda y le sostengo la mirada para enfrentar el paredón.
- ¿Les dijiste quién eres? - las cejas de mi jefe forman una equis en el ceño. Me burlo en mi mente respirando con alivio.
Todos nos fijamos en la aludida que no encontraba respuesta a la pregunta. Decidí darle una ayudadita.
-Solo mencionó que es su novia, sin nombre ni apellido señor- digo orgullosa de cumplir con mi trabajo.
-Eso debe ser suficiente para ti, no tengo porque darle mi nombre a una empleada, no te valores tanto- Regresó Taz.
-La señorita Valerie Oller, es mi ex novia, - lo dijo de mala gana dándole una mirada asesina a la pobre víctima- Ya pueden retirarse- habla con los de seguridad.
-Gracias amor- es una ridícula.
-Puedes mostrar más educación la próxima vez- opto por no decir nada, huelo el peligro.
-No les des tanta importancia a esta gente, cariño- me mira con odio- Se toman atribuciones que no les corresponden- le hago un puchero detrás del jefe.
-Solo dales tu nombre la próxima vez, son normas de seguridad que no pienso violentar - ¿Qué le hizo esta vieja al jefe para que la trate tan rudo? - Sobre todo esas que fueron tomadas por ti. - la miro con cara de póker.
-Está bien mi vida, lo hare por ti. - El hombre no cambia el semblante de disgusto que tiene desde que la vio y ella insiste en mostrarse devota.
Los veo atravesar la puerta de la oficina y respiro furica. Otra avispa ponzoñosa con la que lidiar. Este trabajo afecta mi presión arterial.
Cane…
- ¿A qué viniste? - cuestiono sin ánimo de retenerla más de lo necesario.
-Es así como me recibes- trata de abrazarme. Pongo distancia nuevamente.
- ¿Qué quieres Valerie?
-Te extraño- la falsedad se nota en cada palabra o movimiento que hace. No sé qué le hace pensar que voy a creerle. Actúa pésimo.
-Vete- si esa es la razón de su visita, ya lo dijo. Que se vaya. Debí dejar que seguridad actuara.
- ¿Cane?
-Ya dijiste a que viniste, no me interesa, vete. - Siento que sale nieve a través de mis ojos. Reconozco la falsedad a leguas.
-Tengo problemas- dijo cuándo me vio parado para abrirle la puerta.
- ¿Tienes problemas? - asiente con vacilación- ¿Qué demonios me importa? Sal de aquí y dile a tus amigos que te ayuden
-Es importante, Cane, escúchame- suplica afligida. Se nota demacrada y descuidada. La hermosa mujer que una vez me deslumbro hasta hacerme enloquecer está muy distante de la que tengo enfrente. Se nota que su estilo de vida le pasa factura.
-Ahora eres tu quien quiere que la escuchen, ahora suplicas. Entiéndelo me da lo mismo lo que te pase. Esparce tu mierda por otro sitio, busca a otro estúpido que pierda la cabeza por ti. Estás parada frente a la persona que más te detesta en el mundo.
-Eso no es cierto, sé que me amas todavía y sé que te herí, pero estoy arrepentida.
-Ja ja ja – aplaudo- Tremendo acto. Un cliché barato de una obra de quinta categoría.
-Puede que no me creas porque te traicioné, lo reconozco. Me deje llevar por el impulso esa noche. Era inmadura y voluble. Ahora debo pagar mi error.
- ¿Qué buscas en realidad? - El aspecto actual de Valerie me hace sospechar que necesita dinero.
-Recuerdas el poder que me diste cuando nos íbamos a casar? - ese recuerdo llega a mi mente como la escena de una película.
El poder era para que ella pudiera acceder a los fondos que le permitieran organizar la boda más costosa de Nueva York. Queríamos un evento exquisito. Ceremonia en la catedral San Patricio, recepción en Soundview, con la orquesta metropolitana amenizando de principio a fin. El bufet por chef Bae, con platos creados exclusivamente para nosotros. El vestido que eligió costaba doscientos mil dólares sin la joyería y otros accesorios.
No pensé en anular el poder porque tuve la estúpida esperanza de que todo fuera un sueño espantoso. Pasaron los días y un escándalo siguió a otro donde Valerie Oller era la protagonista. Se convirtió en la reina del submundo vinculado a las apuestas.
-Nunca lo anulaste, por eso sé que podemos arreglar lo nuestro. Eres una persona comprensiva.
-Anule el desembolso de dinero, sin eso ¿Qué podías hacer? - la sigo escrutando tratando de adivinar lo que busca- Simplemente lo olvide.
-Hace una semana lo use- mi sangre se volvió más fría de lo que es
-Si había algún dinero y lo gastaste, considéralo un incentivo por los buenos tiempos, no me debes nada. Si eso era todo lárgate.
-Autorice un depósito de doscientos mil millones de dólares a nuestra cuenta común- esa es una enorme cantidad. Solo una firma autorizada podía hacer esa transacción. Debió haber una alerta en mi correo.
- ¿De dónde sacaste ese dinero?
-Es de un amigo- la voz le tiembla.
- ¿Un amigo? - la pregunta fue más un rugido
-Ender, necesita legalizar sus posesiones, me pidió que lo ayudara
-Tu amante querrás decir, el dueño de los casinos subterráneos de la ciudad ¿hizo un deposito a mi cuenta, en mi banco?
-Terminamos hace mucho, no estoy saliendo con nadie- se apresura a decir.
- ¡Que me importa si sales con un camello o un orangután! - golpeo la mesa haciéndome daño.
-Cálmate, te voy a explicar.
-Llévate tu cochino dinero de mi banco, ahora- me mira con miedo, es justificado porque me estoy conteniendo para no lanzarla por la ventana. - Señorita Scott llame a Roger a mi oficina. Traiga una relación de mis cuentas bancarias y un formulario de descargo. Diga al gerente del Mirror Bank que lo quiero ver en una hora. Consiga un formulario de desembolso a un número de cuenta que le voy a enviar.
- ¿De cuánto es el desembolso señor?
-Eso que importa
-Es de procedimiento señor, me lo van a preguntar.
-Doscientos mil millones. - queda en silencio un breve instante.
-Si señor.
-Señorita Scott, busque un correo de advertencia por un depósito de esa misma cantidad de dinero. Quiero al responsable de que no me llegara esa información a tiempo.