1-Personalidades
- ¡Eso Nataly! Me encanta como lo haces- esa voz ronca apenas audible no es de otro que mi jefe.
- ¿Te gusta así Cane? - Irritante, es el termino correcto para ese cliché. Con esa vocecita de conejita de playboy.
-Es excelente, eres la mejor ¡uhh, dios, nena! - Esto es humillante. Como un hombre convierte su oficina en casa de citas.
-Tranquilo amorcito, voy a ir más despacio para que lo disfrutes- lo que deben es cortarse la lengua. Necesito paz.
-Soy todo tuyo cariño- “soy todo tuyo” mentiroso, así les dice a todas.
Vuelvo a colocarme los audífonos aislándome de la contienda que se vive en el área.
-Hey, Yelena, quítate esos audífonos- salto de la silla espantada. No sentí los pasos de mi compañera.
- ¿Qué quieres Melisa? – respiro al ver que es ella- ¡Déjame en paz! - es lo único que se me ocurre decir.
-Debes entregar esos papeles al jefe, - sonríe ampliamente echando un ojo a la puerta cerrada y al ruido alrededor- Cuando termine la sección de hoy, por supuesto.
- ¿Qué hora es? - ambas miramos nuestros relojes.
-Ya debe estar terminando- dice moviendo la cabeza- Han pasado cuarenta minutos desde que entró la preferida, - Se toca la barbilla- ¿te fijaste, en este mes ha venido tres veces? el jefe ha violado su propia regla “cuando el nene entra, sale la nena” ¡jajá! “Nunca las repite” ¿Cuándo será nuestro turno? - pasa la mano por toda su silueta llena de curvas gruesas y muerde sus labios. Pongo los ojos en blanco.
Hemos bromeado en tirarnos al jefe cautivador, pero ni nos mira.
-Cállate Melissa, no te vaya a escuchar- hablo pendiente a que no se abra la puerta- Aumentaría su ego y se volvería más insoportable de lo que es.
- ¡Hay Yelena, no te hagas, mueres por estar gritando como esa que está ahí adentro! -vuelvo a poner los ojos en blanco.
-Ya quisiera él –hablo despectiva- Para que soñar si nos ve como accesorios de metal del que se oxida al mínimo roce con el aire. Tendríamos que ser diamantes para tener una oportunidad con ese odioso. - mi amiga se pone en jarras, decidida a ganar una ronda con el jefe.
-Deberíamos hacer que se vuelva loco por nosotras- habla soñadora -Hacer un trío en el que le demos latigazos como a un esclavo, eso sería muy divertido, imagínatelo frente a ti haciendo como el perro cuando bebe agua- Me deje llevar imaginando la escena hasta que dijo lo del perro, se volvió muy gráfico.
- ¡Melisa, basta! - le grito.
-Tranquila nena, no te mojes, es solo una fantasía- ese es el problema, soy una mujer soltera.
- ¡Can, Cane, estoy llegando! - otra vez las voces nos interrumpen. Nos tapamos la boca omitiendo un grito. Por fin, se acerca la paz.
- ¡Uy amiga! - me ve con pena- Debes tomar tu receso cuando lo visiten, esto es porno picante.
-Nataly, ahí no- se oye como si estuviera sorbiendo el final de una batida
- ¡Oh cielos! ¿Qué le hace? Vamos a salvarlo- detengo a Melisa justo en la puerta. Su preocupación es genuina. La aparto.
-Deja, se lo merece por promiscuo. - Siempre le cuento de estas visitas y ella dice que exagero. Hoy lo ha vivido.
-Me voy, no olvides los papeles, son urgentes- se nota que está impresionada.
-Ya lo dijiste- la espeto- Debo esperar que terminen y se disperse el olor a sexo, es nauseabundo- pensarlo me causa estridor.
-Será que temes excitarte con el olor de sus fluidos- la miro ¿Y esta tipa?
-Melisa, creo que te necesitan en legal.
-No me necesitan- mueve la cabeza negando.
-Tu jefe te espera- digo con seriedad.
-Nunca me llama.
-Hoy, sí.
- ¿Cómo para que lo haría? - debo decirle algo que la motive.
-Para cogerte como a una puta- me mira acusadora y ríe con picardía.
-Pues que me espere, tu jefe esta primero en mi lista de desahogo- ¿Qué?
- ¡Melisa! - señalo la puerta categórica.
-Ya me voy- se dirige a la salida y se voltea - ¿tienes un condón?
- ¿Qué?
-Por si se cumple lo de mi jefe- la fulmino con la mirada.
- ¡Lárgate!
Me quedo sola pensando en la loca que acaba de salir. Sonrío para mis adentros por sus ocurrencias. Debí darle el preservativo. Roger no dudaría en usarlo. Su asistente le atrae.
- ¡Oye! - alguien me grita por la espalda haciendo que salte como rana.
- ¡Aah! - grito en respuesta. No me percaté del silencio. Obviamente perdí el desenlace del encuentro en la oficina del Ceo.
-Te asustas por algo tan simple- ¿algún problema? Pregunto en mi mente.
-Disculpe señorita, no la esperaba aquí afuera tan pronto- soy condescendiente.
- ¿Cómo dices? - me mira confundida. Me muerdo la lengua para no soltar una de las mías.
- ¿Necesita algo? - pregunto seca.
-Cane, quiere verte en quince minutos- se me queda viendo evaluadora- Arréglate el cabello, te ves desaliñada, eso da mal aspecto. - esa mirada de autosuficiencia que me irrita. Hago todo lo posible por mostrarle mi antipatía y me vuelve a mirar con disgusto. Hace un gesto con la mano dejándolo todo perdido.
Sale con un aire de superioridad dejando un olor a selva detrás, la observo hasta que desaparece en el ascensor con su figura de cien cirugías y sus tacones de quince centímetros haciendo todo el ruido posible.
Para que querrá los quince minutos mi jefe, claro para limpiar las evidencias, nunca he encontrado rastro alguno de actividad s****l. No sé cómo lo hace, pero todo se ve intacto cuando entro después de la sección de gritos que se celebra por lo menos tres veces a la semana.
Toco la puerta- Adelante- entro después de recibir la autorización y efectivamente se ve inmaculado, etéreo y a la vez infernalmente deseable. Esa cara de odioso despierta deseos de sacarle una sonrisa, pero no merece mi buen humor.
- ¿Me quería ver?
-Te dije quince minutos y han pasado veinte- Que son cinco minutos cuando yo he esperado treinta allá afuera, sin decir que él los pasó gozando.
-Imaginé que necesitaba más tiempo- me mira a los ojos. Esos hermosos ojos me están mirando y casi me hipnotizan, le veo aproximarse intimidante. Esos botones abiertos mostrando parte de su pecho no están ayudando mucho.
-Según tú ¿para qué? - ya perdí el hilo ¿de qué estamos hablando?, corto el contacto visual para recuperar la cordura.
-Supongo que usted organizaba esos papeles- señalo el escritorio minimamente desordenado. Voltea a ver y voto el aire contenido ¡uf! Me salvé.
-Están como los dejaste y que yo sepa no ha pasado ningún huracán por aquí- Son cosas mias o me está provocando. Suena ¿seductor?
- ¿Seguro? - su cara refleja diversión por poco tiempo, vuelve a su aspecto rudo.
-Me quieres decir algo, Yelena. - abro la boca, pero no quieren salir las palabras. Trago en seco ganando tiempo “reacciona Yelena"
-Es usted el que me llamó- se aleja sin saber el desorden que ha causado en mí. Lo miro imaginando cosas de sus hinchados labios.
-Acaso no debo firmar un documento que necesitan en legal- agito las pestañas volviendo a la realidad.
- ¿Sabe del documento? - sueno idiota, pero ni modo.
-Necesito firmar un papel para que lo lleves personalmente a legal- ¿Cómo supo? ¿escucharon a Melisa?
-Con gusto iré al área de los muñecos es siempre un placer- Arruga las cejas y finge revisar el papel.
-En ese caso llame a Melisa para que venga a recogerlo- ¿Eso qué es? - De seguro ella aprecia el muñeco que hay en esta oficina tanto como usted a los de legal- Que egoísta es este hombre. Otro punto negativo a su lista de cualidades.
-Melisa no puede venir, yo lo llevare- refuto testadura.
-Espere a que ella termine- usa su tono mandón.
-Usted dijo que es urgente- digo con exceso de dulzura.
-Están discutiendo- pregunta, Roger haciendo su entrada de forma elegante.
-Entraste sin tocar- le habla de forma tosca.
-Ustedes dos están aquí dentro y no necesito tocar para entrar a tu oficina, siempre me lo dices
-No se preocupe señor Arthur.
-Tan dulce Yelena, no me digas señor, tutéame, te lo he dicho- sonríe. Escuchamos una tosecita.
-Es rigurosidad de la empresa Roger- dice sin dejar duda de que hay que cumplir la norma.
-Ignora todo lo que diga este tonto, se trata de nosotros Yelena, él no cuenta. - otra vez capta mi atención burlándose de su amigo.
-Están en mi oficina y en mi empresa, idiota.
-Eres el peor amigo que tengo Cane, ves que por fin me mira tu asistente y lo echas a perder- se queja como si en verdad fuera grave.
-Puedes tomar lo que viniste a buscar y largarte Roger- El señor gruñón apareció.
-Vamos Yelena- Roger me toma por un brazo, juguetón.
- ¿Qué haces? - me siento en el medio de un enfrentamiento.
-Dijiste que tome lo que vine a buscar- La mirada del jefe no pinta buena cosa.
-Muy chistosito- dice sin gracia y me mira molesto- Usted, dele lo que quiere para que se largue- dice sin mirarme como si le molestara mi presencia.
Mire a Roger, reí para mis adentros y pregunte con inocencia.
- ¿Se lo puedo dar aquí delante de usted? - se puso rojo como un tomate el desgraciado, increíble en alguien como él. Alzo la cabeza en cámara lenta. El humo salía por sus orejas.
-Fuera los dos de mi oficina, ahora.
Ha sido maravilloso verlo molesto, irritado. Como si no acabara de tener una hora de sexo duro con Miss teta. Todo el mundo se relaja con un orgasmo, este ha quedado de un humor horripilante. Incapaz de disfrutar un buen chiste, ahora debe estarse preguntando qué le voy a dar a su socio.
-Estás tramando algo Yelena, te ríes sola y haces silencio gesticulando sin sonidos ¿Quién será la victima? - hago pucheros por la acusación. Mi amigo me conoce bien.
-Rog, no inventes cosas. Toma el documento y vete. - hago ojitos.
-No está firmado- ondea el documento como banderín.
-Yo no voy a entrar a esa oficina de nuevo, ve tu- descarto esa posibilidad cruzándome de brazos.
-Ese es tu trabajo, bella Yele.
-Por tu culpa no logre decirle que lo firmara, ve por tu firma o tendrás problemas con el cliente y con el oso también.
- ¿Oso? No le veo nada dulce para apodarlo así.
-Tiene todo lo agresivo de un oso.
-Creí que era “oso de peluche”- me mira queriendo descubrir algo- ¿No estarás albergando sentimientos por él? - asumo una posición ofendida y digna.
-Jamás- me hago la señal de la cruz- Déjame trabajar ¿no tienes nada que hacer?
-Claro, hago el trabajo de las secretarias, el tuyo y el de Melisa, ni siquiera pueden conseguir una simple firma. - Sale resignado a buscar la firma. Es un sol.
Sigo en lo mío hasta que veo a Roger salir con aire triunfal de la oficina del mal desahogado. Rio a raudales.
No puedo negar que Roger es un ángel comparado con mi jefe quien es un completo demonio. Con ese carácter de hombre que nunca se corre. Lo peor es lo engañoso que resulta. Cuando lo ves por primera vez sientes que es el hombre de tus sueños todo cordial, un caballero, lo idealizas hasta que lo conoces de verdad. Crítico, exigente, moralista, retador, frontal, no se cansa de trabajar. Paga muy bien pero no conoce la función de los días de la semana. Para él, el sábado es lunes y el domingo lunes +. Las horas del día le resultan insuficientes para trabajar. Si no pagara bien yo lo habría demandado. Sinceramente me quedo porque es el colirio perfecto para la ceguera de mis ojos.
Roger me advirtió de todo esto cuando me trajo a trabajar aquí
-Yelena, Cane es maniático con el trabajo, pero no te obliga a llevar su ritmo.
-Debes decirle que soy tu amiga.
-Si lo hago no te contrata, tenlo en cuenta. No debe saber que yo te traje.
- ¿Qué pasaría si lo sabe?
-No te aceptaría en su despacho, suele decir que traer conocidos a tu espacio laboral te hace perder la privacidad.
Ahora entiendo el concepto. Si sus conocidos se enteran de lo depravado que es con las mujeres le perderían el respeto. Pero igual necesito este trabajo un tiempo más. Mi querido tormento y yo nos tenemos que soportar unos meses.
El ascensor se abre. Una figura excéntrica sale de ella. Desborda elegancia y mal genio, una combinación fatal por lo engañosa. Me preparo para el ataque. Es increíble. Apenas comienza el día y ya no aguanto el estrés.
-Vine a ver a mi hijo- desborda cortesía.
-Señora Marietta, buenos días, que bueno verla por aquí- mi sonrisa merece un premio.
-Además de negligente eres hipócrita niña, se nota a leguas que no me soportas y el sentimiento es mutuo- oculto la sonrisa para ser yo misma.
- ¿Cómo puede decir algo así, señora? No tengo razones para odiarla.
-Tan astuta como una serpiente, es lo único bueno que tienes. - me ve por encima de las gafas de sol- Me aguantas porque necesitas el empleo, nada más- es bruja la condenada.
-Es una razón suficiente para soportar su sinceridad, aprecio que externe su opinión sobre mi trabajo cuando el jefe no se queja. - le tiemblan los labios indignada.
-Siempre tan insolente. No me hagas perder el tiempo- Avanza hacia la oficina sin darme tiempo de anunciarla- Dile a mi hijo que estoy aquí, no olvides traer un café amargo y caliente para mí. - se acerca al despacho.
-El señor está ocupado- grito por lo bajo.
-Debiste decirlo cuando llegué en lugar de perder tiempo tratando de caerme bien.
- ¡Señora espere!
-Hijo- Escucho su voz fingida y aprieto los puños impotente - ¿estás ocupado? - esta mujer atenta contra mis intereses.
-Adelante Marietta, Cane y yo hemos terminado- El señor Oller tan educado.
-Alfred que grato verte, disculpen la interrupción esa chica dijo que podía pasar
- ¿Yelena te dijo que pasaras?
-No lo habría hecho si no.- dice inocente como cordero.
-Bueno yo los dejo, tengo otra junta. - se despide
-Adiós, dile a tu hija que se pase por la casa un día que Cane me vaya a visitar- tan graciosa la doña. Ofreciendo al hijo como si él no puede hacer su diligencia.
-Mamá no estés comprometiendo a la gente. - exacto.
-No seas tímido Cane, la gente quiere comprometerse contigo y tú no dejas.
- ¿Qué puedo hacer por ti madre?
-Vine a verte, tengo derecho a disfrutar de tu presencia, aunque sea aquí en esta oficina tan sobria. – Busca algo para criticar- Definitivamente necesitas que alguien de buen gusto te ayude con eso. - que expresión de inconformidad tiene- La hija de mi amiga Sofía es diseñadora. Una chica joven y vivaz bien educada, con un futuro prometedor y mira es soltera. Te la voy a presentar en el desfile.
- ¿Cuál desfile?
-Ah, no te he dicho. Hay un desfile benéfico pasado mañana, necesitan un banco para recibir las donaciones y he ofrecido el Mirror Bank para las transferencias, se harán a través de subastas.
-Por fin dices el motivo de tu visita.
-Cariño no me hagas ver como una interesada.
-Eso es lo que es- digo dando razón a mi jefe. entrego la taza de café para a la dama. Ellos me miran interrogantes.
- ¿De qué hablas muchacha?
-De la taza de café ¿no me pregunto si traía café en la taza?
-Eso es lo que oíste.
-Así es señora. - si sigo así de dulce me volveré diabética.
-Dame el café y vete que estoy conversando con mi hijo y la próxima vez se toca antes de entrar.
-Que disfrute su bebida madame.
- ¿Qué dices hijo? – sigue la conversación mientras yo dilato mi salida contando en silencio- Solo tienes que encargar para las transferencias a alguien que no sea tan estúpido como tu asistente y no te molesto más. - cinco, seis…
- ¿Segura que solo es eso?
-Bueno, necesito que vayas al desfile- siete…
-Lo siento, no iré a algo como eso, estoy muy ocupado.
-Por lo menos piénsalo.
-Tomate el café antes de que se enfríe- Eso es, ayúdeme. Ocho, nueve…
Un sorbo a la bebida y emite un grito estentóreo - ¡Yelenaaaaa!!!!
-¿Sucede algo mamá?
- ¿Me llaman? ¿Quién gritó mi nombre? - me adelanto a la mesa y cambio los cafés.
-Mi madre se ha alterado al probar la bebida.
-Prueba ese café hijo, ¿dime si esta mujer sabe preparar un café? - la miro con cara de susto, hasta tiemblo nerviosa.
Mi jefe prueba su propio café, el cambie por el de su madre y lo toma de un sorbo.
- ¿Qué le pasa a este café? Sabe bien- termina la taza.
- ¿Bien? – pregunta la bruja- A esa porquería le llamas bien- prueba el café que le puse a mi jefe y me mira con rabia
- ¿Desea ponerle azúcar la señora? O ¿Quiere que lo enfríe un poco para usted?
- ¡Desgraciada!
-Madre controla tu vocabulario. La señorita Scott no tiene que aguantar tus rabietas. Retírese por favor
-Sí señor.
Salgo riendo de la oficina y me encuentro con Roger
-He sabido desde ayer que tenías algo planeado. Cuéntame que le hiciste al oso.
-A él todavía nada, pero a su madre sí.
-Es una señora mayor, no abuses- veo salir a la bruja y me acomodo en el escritorio.
-Oye tú, no sé cómo lo hiciste, pero me las vas a pagar.
-No sabía que usted supiera mi nombre señora Marietta, se oía apurada llamándome. Dígame ¿disfrutó su café?
-Marietta, te ves descompuesta- Roger interviene salvándome.
-Esta me hizo una, pero no te preocupes Roger sus días en esta oficina están contados- le doy una sonrisa maléfica.
-Eso no depende de usted y no olvide que yo tengo armas que puedo emplear con su hijo para conservar el puesto y usted no.- se puso colorada. Su instinto es de irme encima.
-Sinvergüenza, intenta acercarte a él y me conocerás- Roger la detiene en su avance.
-Entonces no se meta con el pago de mi apartamento.
-Absurda.
-Que le vaya bien señora.
-Vamos Marietta, te acompaño.
-Si hijo, sácame de esta cueva de anaconda.