… Miradas perdidas, preguntas curiosas y un desesperante tecleo en la computadora, que se mezclaba con el sonido quedo y contradictorio de las agujas del reloj. Miraba a la nada, recordando la suavidad de sus caricias, los roces de sus húmedos labios en mi frágil piel y el brillo oscuro y penetrante de su mirada en la mía. Todo era digno de recordar, hasta lo que no había pasado aún. —¿Seguro que nos podías contar esto? — Preguntó Lola, sacándome de mi ensoñación. Su curiosidad era latente y aunque me había reservado parte de mi historia; como Mía, por ejemplo; les había contado parte de mi noche anterior y eso incluía el contrato. —No es nada peligroso o turbio ¿o sí?. —No...Bueno, no lo sé. —¡¿Y si es una especie de venganza?! —Preguntó asustada, sobre saltandonos a todas, menos

