Y así fue como escuché aquella parte de la conversación. Y ni siquiera fue por escuchar, sino por mencionar el nombre de su padre. Al final ni él ni yo hacíamos las cosas en orden. Lo miré de medio lado por sobre mi hombro, mientras él preparaba un vibrador, y trataré de remediar, pero el castigo era inminente. —¿Es necesario que hagamos esto? —Mi voz salió chillona entre pucheros. —Seque dije que sería obediente, pero no quiero eso. Prefiero las cadenas, las esposas o el arnés. —Eso mismo dijiste ayer. —Vamos, Misha. —Reí, recordando el suceso de ayer. Para ser breve, le había dibujado bigotes de gato mientras dormía. —Seamos honestos, tienes nombre de gato. Me dio un latigazo en las pompas y me rodeó de nuevo. —Estás empeorando las cosas, Fiore. —De acuerdo, lo siento, per

