... La cara de Henrietta y de Margo era de alegría pura, algo que no me sorprendía ya que siempre me habían dado su apoyo y cariño, como una madre y una hermana. No obstante, la cara de Kelsie, no era la mejor. Me miraba con desprecio, me aniquilaba con sus ojos y la mataba verme con Alek. Eso era lo que yo más disfrutaba. Los saludé a todos con un abrazo —Excepto a ella — y regresé al lado de mi hombre. ¡Mío!. Metí una mano en el bolsillo delantero de su pantalón y dejé la otra sobre su pecho, escuchando como él decía cuales serían las nuevas reglas de la casa. No más encierro en la habitación del placer, no más secretos entre él y yo, no más malentendidos y no más mentiras. Y en cuanto a los demás. Prohibido recibir visitas, salidas sin aviso de casa, todo se trataría con más a

