LII El velo de su cabeza, que iba hasta su cintura, la envolvía como un precioso obsequio que nadie deseaba destapar y que a la vez hacía necesario conocer su contenido. Ella no podía creerse verse luciendo ese vestido tan blanco y hermoso, esa prenda le había estado vetada siempre, ya que solo era una novia cuando arriba del escenario se quitaba la ropa. Ahora era la única, la protagonista. —¡¡Ah, Dios!! —escuchó a Olivia quejarse de nuevo por no poder levantarse rápidamente de su silla—. Mi bebé va a acabar conmigo… Con lentitud y en unos zapatos muy bajos, caminó hasta la reina de ese día y la abrazó tanto como su estómago por explotar, se lo permitió. Ya estaba lista, ya solo faltaban las indicaciones del excéntrico y estricto organizador para darle la salida. —Megan, hoy luces com
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