XIV La joven dormía como una diosa en el regazo de ese hombre que la traía loca. Ella, la stripper casi virgen, no podía controlar el mar de deseo y hormonas que se le alborotaban cuando veía a Alexander. De nuevo, la ironía de todo resultaba en que él no podía aún complacerla como se lo merecía esa preciosa gacela que se subía en aquellos dominantes tacones que hacían de sus piernas un arma letal de sensualidad en el escenario. Alex no se encontraba mejor. Esa mujer que quería tanto de él, la llevaba clavada en su pensamiento las 24 horas del día. Ya no tenía edad para los juegos, le gustaba y la quería para él. Suspiraba imaginando una vida a su lado y no se negó que Oliver era un plus muy importante porque él quería tener hijos, entonces ya no tendría que preocuparse por si nunca podí

