XXXV —¡¡Maldito Tiberius!! ¡¡Cómo es posible que te casaras con ella!! —gritó el desconocido, descontrolado. Un guardia lo tomó por los brazos, estaba todo el ambiente muy tenso. —¡¡Pero quién diablos es usted!! —gritó Ronald ante la parálisis que estaba sufriendo su amigo. Alexander tomó muy fuerte de la mano a Olivia, que estaba confundida con la presencia de ese extraño. —¡¡ANDA!! ¡¡DILE A TODOS QUIÉN SOY!! ¡¡HIJO DE PUTA!! ¡¡DILES QUE YO SOY EL ESPOSO DE OLIVIA!! La reina de la fiesta sintió como si una flecha le atravesara la garganta y le cortara la respiración de inmediato. Todos voltearon a ver a Alexander, ese tenía que ser un error, un loco que había enviado Laura para arruinar la boda. Pero el de ojos azules bajó la mirada y apretó los párpados, aceptando que aquello era ci

