XVII Sentada en aquella sala de espera con su pequeño ardiendo en fiebre, junto a otras muchas madres y padres con niños iguales o peores de enfermos, Olivia recordaba que no había estado en un hospital desde hacía muchos años, cuando, sin saber quién era, abrió los ojos y se vio en una habitación muy pálida, con un dolor de cabeza insoportable que la hizo pedir a gritos ayuda. Lo peor se vino después, cuando al intentar incorporarse un poco, sintió un bulto en su abdomen, que era nada más y nada menos que una criatura en su vientre. Las enfermeras llegaron muy afanadas respondiendo a sus gritos, Olivia preguntaba dónde estaba, qué le había pasado y muchas otras cosas que las damas de blanco esperaban que fuera ella quien contestara. Era un hecho, la jovencita embarazada y a la que arrol

