XXXVIII —Esa es una excelente noticia, abuelito. Me alegro mucho de saber que la mujer de la que les hablaron, sí era mi hermana —suspiró Olga, hermana menor de Olivia, al recibir la llamada del abuelo Strauss—. Espero la traigas pronto a casa. Olga colgó su móvil y siguió tomando la merienda. A pesar de tener ya 27 años, seguía viviendo en la mansión Strauss, haciendo nada. El abuelito, luego de la pérdida de su nieta mayor, la llenó de atenciones y lujos, para de alguna forma suplir su dolor. Así entonces la pequeña siempre lo sería. La hermana menor empezó a rodear la taza de café con sus dedos, respirando muy agitada. No solo su hermana regresaba, lo hacía con sobrino incluido, que seguía siendo el heredero universal de los Strauss, cosa que el anciano jamás quiso cambiar de su test

