VII —¡¡Alexander!! —gritó la jovencita de cabello cobrizo recogido en una coleta, mientras arrastraba la silla de ruedas por el jardín. Su hermano corrió lo más rápido que pudo, solo para no permitir que ella esforzara más sus brazos, mismos que la niña abrió cuando lo tuvo en frente. Lily era una preciosa damita que no pudo mover sus piernas nunca. Nació como una niña normal, pero una enfermedad le quitó la posibilidad de correr y disfrutar de todo, aunado a la vergüenza profunda que le causaba a su madre, pues ella se victimizó diciendo que no merecía hijos así, deformes. Como le producían pánico las burlas, la madre la encapsuló en esa casa, casi sin permitirle ser vista en sociedad. Cuando Alex logró salir de ese infierno, empacó maletas junto con ella, no obstante, su madre no dejó

