X Cuando abrió los ojos, vio que apuntaban directo en medio de su frente. El atacante se había ubicado sigiloso sobre su pecho y estaba dispuesto a dispararle al intruso. Las miradas se encontraron, por segundos el silencio fue el protagonista de aquella escena, que podría terminar muy mal para uno de ellos. —¿Quién eres? —preguntó la vocecita infantil, muy seguro de hacer su certero disparo a quien tenía sometido. —¿Quién pregunta? —Oliver Brahms, si no respondes en los próximos segundos, voy a tirar del gatillo. —Soy un guardia de tu madre. Ella me invitó a quedarme, ya que se me hizo muy tarde. El dueño del lugar se relajó un poco y retiró la letal pistola de agua de la frente de Alexander, que estaba por estallar de risa. El niño seguía ahí, trepado en su pecho, mirándolo con muc

