— Jae...
— ¿¡QUÉ!? ¿QUÉ DEMONIOS QUIERES AHORA? —gritó Jaebum interrumpiéndome. A pesar de que me había dado un poco de gracia, me encogí en el sillón y cubrí mi rostro con su libro. Si me había espantado un poco— Oh, ¿ahora te cubres? —Jaebum me quitó el libro de mis manos y bufé— ¿cuántos años tienes? conozco a una niña de seis y es mucho más madura que tú —continuó. Al parecer de a poco se iba acostumbrando a tratarme mal—
— ¿Quién, tu hija?
— No tengo hijas.
— ¿La hija de tu novia?
— No tengo novia. Cierra la boca. —Jaebum se levantó y se quedó parado en el lugar. Estúpido. ¿Creía que podía ver en la oscuridad? —
— Oye, genio. Yo tengo el celular con linterna. Debes cambiar ese teléfono... Entiendo que seas un viejo pero hasta mi padre tiene uno mejor. —Lo provoqué prendiendo y apagando la lucesita hasta que se abalanzó sobre mí y me quitó el celular—
— No hagas eso. Le contaré a mi novio.
— ¡Ja!, cómo si tuvieras...
— ¿De qué hablas? —arqueé una ceja—
— Si tuvieses novio no estarías intentando llamar mi atención todo el tiempo.
— Pff, es cierto. Es que te encuentro parecido a G-Dragon. Y sabes... él me vuelve loca. —fui irónica a más no poder—
— No me interesa saber sobre las fantasías de una adolescente. Eso funcionaría para un pervertido, pero a mí no genera nada. No seas un estorbo —giré mis ojos y Jaebum se perdió en la cocina—
— Ojalá haya un espíritu vengativo allí y te lleve, Jaebuk —bromeé—
— JA-JA, muy graciosa —se quejó Jaebum desde adentro. Me reí. Al final era divertido pelear con él. Por alguna razón no me había costado tanto entrar en confianza. Quizás él era más inmaduro que yo peleando de esa forma. Un adulto hace oídos sordos y sigue su camino— ¡_____! —gritó haciéndome dar un saltito en el lugar. Cuando salí del susto con una mano en el pecho, respiré profundo y le pregunté qué sucedía— Ven, ahora. —dictó. Típico de viejos aburridos ser también mandón—
— ¡Alúmbrame el camino! —grité al llevantarme. Él lo hizo y caminé confiada hasta que la apagó y choqué mis dedos del pie descalzos contra un mueble de mármol. Lógicamente mi primer reacción fue gritarle— ¡Estú...—No, _____, tranquila. Aún no. No pases los límites. Bajé la voz y continué susurrando con la misma intensidad de odio en mi voz—... pido! Malnacido —
— ¿Sabes leer? —preguntó sonriendo de una forma espeluznante iluminando la nevera—
— ¿Tú que crees? —sonreí y le hablé en un tono que usaría para un niño de 5 años—
— Bien, ¿qué dice ahí? —apuntó un plato color crema. Arrugué mi frente al instante. Creía saber de qué hablaba—
— Oh... bueno, se ha borrado un poco por la humedad de la heladera...
— No digas idioteces.Está forrado con papel transparente. Dime que vez ahí, justo en la etiqueta pegada sobre el maldito plato.
— Deberías cuidar tu vocabulario en mi casa, aquí no nos gustan las groserías —dije con mi mejor cara seria, e hice un paso hacia atrás para librarme de la verguenza que tendría que enfrentar en ese futuro no tan lejano. Jaebum jaló de mi remera y me puso frente a la heladera nuevamente—
— ¿Qué dice allí?
— No llego a leer bien. —Jaebum me empujó y me quejé— ¡Ten cuidado bestia! ¡Soy una dama!
— Bueno, eso eso habría que averiguarlo... —Jaebum sonrió y le clavé la mirada encima, apreté los dientes. Era la primera vez que lo veía sonreír sin rencor ni sarcasmo. Una sonrisa fresca—
— Sí, viejo. Me comí tu asqueroso pastel. —Jaebum abrió sus ojos como huevo— ¡Hey! ¿qué tal eso? ¡sí puedes abrir tus ojos! —me reí burlándome de sus pequeñas lineas que se hacían pasar por ojos—
— ¡LO SABÍA! ¿Cómo pudiste? ¿no hay códigos en esta casa? ¿tu madre no te enseñó a no tomar lo que NO te pertenece? —Jaebum habló rápido, haciendo énfasis en algunas palabras—
— Wow, déjame decirte que hasta te brillaron los ojos. Estás actuando como un niñito que juega a ser Sherlock Holmes.
— ¿No vas a pedirme perdón? —Cuestionó Jaebum y noté una pizca de amenaza en su tono de voz—
— ¿Quieres que te compre otro pastel también acaso?
— Debes hacerlo, es lo justo.
— Sólo es un maldito pastel. Haré uno mañana.
— Déjalo. No quiero morir tan joven —dijo Jaebum y cerró la puerta de la heladera con fuerza—
— Ya no eres joven. Deberías ser amable conmigo, ¿quién te llevará pastel de chocolate al geriátrico?
Jaebum revisó los entantes y tomó un paquete de galletitas sabor a fresa. Mis galletitas sabor a fresa.
— Esas son mías, Jaebuk —le dije y se las quité de la mano. Pero él volvió a adueñárselas segundos después de la misma forma—
— Sí, pero tu tomaste mi pastel. Estamos a mano —suspiré y negué con la cabeza— ¿qué?
— Eres un inmaduro. Espero que lo sepas. —bufé. Caminé despacio hacia el living con ambos brazos extendidos. No quería volver a golpearme —
Jaebum se recostó en el sillón, ocupando todo el espacio que quedaba para mí.
De mala manera, me acomodé en un sillón pequeño enfrentado.
— Juguemos algo... Esto será insoportable si no. —propuse. Jaebum abrazó un almohadón—
— No te creas. Yo podría dormirme ahora mismo, estoy bastante cansado. He trabajado mucho hoy.
— Por favor, ¿poner cara de idiota te cansó?
— Entiendo que tengas envidia, no todos en el mundo pueden salir agraciados pero no menosprecies el trabajo de los modelos.
— ¿Jugamos o no?
— Bien, ¿a qué? Nada que incuya besos.
— Oye, suenas desesperado. Tranquilo. Juguemos al "Veo Veo"
— Bueno, por el nombre necesitamos la visión y lamentablemente no hay luz, así que, ¿dices que te va bien en la escuela?
— Te explicaré. —Dije, evitando todo comentario anterior— Yo digo "veo veo" tú respondes; "¿qué ves?" yo digo, "una cosa" entonces tú me preguntas "¿qué cosa?", —me apunté para mencionar quién diría lo siguiente— "maravillosa", tu me preguntas "¿de qué color?" Te digo el color y entonces averiguas.
Jaebum aceptó luego de la explicación. Fue difícil que recordara las preguntas por más básicas que eran, pero al cabo de unos 10 minutos lo logró y comenzamos con la primer ronda.
— ¿De qué color? —Preguntó desanimado—
— Rosa. —Respondí. Jaebum comenzó a mirar hacia todos lados y por último a mí, primero fijamente a los ojos y luego... A mi escote — ¡Oye! —Grité volteando—
— Tiene que ser la perla de tu collar. Es lo primero y único que puedo ver en la oscuridad. —Se oyó nervioso. Claro, lo único que podía ver justo era mi estúpido escote. —
— No, perdiste. Hablaba de la flor bordada en la etiqueta del almohadón que abrazas.
— Qué estupidez. Mejor, ¿Por qué no me dices por qué tarda tanto en llegar tu hermano?
— ¿Ves que tengo una bola de cristal? No tengo idea. —respondí de mala gana—
— No me dijo a dónde iría exactamente. Tal vez tuvo una cita. Deberías copiarlo.
— ¿Por qué no lo haces tú mejor? Mira, ya estás bastante arrugado. ¿Esa frente es así o tenes familiares calvos? Porque es hereditaria la calvicie... y esa entrada... —Jaebum puso cara de pánico y palmeó su frente. Me reí por lo bajo— Quizás tu novia ya lo haya notado y esté por dejarte.
— Estás demasiado insistente con el tema de mi novia.
— Entonces tienes novia...
— No, no tengo.
— Lo sé Jaebum, he visto su fotografía. Tranquilo, no diré nada... Mi novio también es mayor y sé que los de tu edad pueden enfrentar cargos si...
— ¿Qué? ¿de qué fotografía hablas? —El mundo cayó a mis pies ante su interrupción. Otra vez hablando de más—
— La... Fotografía que dejaste en tu... Habitación —Susurré al borde del paro cardíaco—
— La única fotografía que pude salvar del incendio la llevo conmigo a todos lados y hoy la he dejado en... —Jaebum se sentó el sillón y me dedicó una mirada asesina— ¿Estuviste revisando mis cosas?
— ¡Tu bolso se cayó y quería asegurarme de que todo estuviese bien! —Mentí.—
— Maldición, venir aquí ha sido un gran error —Al fin oía las palabras que tanto ansiaba pero no tenían el mismo valor de esa forma.—
— Tampoco es para tanto. —Jaebum apretó su boca con una mano— sólo he visto a tu novia y ya dije que no diré ni una sola palabra con que parece de quince...
— No es mi novia —musitó—
— Oh vamos, ya estamos en confianza, ustedes se veían como tal
— Ya no lo somos, déjame solo por favor.
— ¡Cielos! ¿te botó? ¿la botaste tú?
— ¡Ella se murió! ¡murió! ¿estás feliz? ¡insoportable! —Gritó Jaebum y pateó el mueble con el que yo me había chocado.—
Me excedí, esta vez... Fue demasiado.