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931 Words
Anoche durmió como nunca lo ha hecho, la cama es muy cómoda y suave, desde que se acostó de una vez cerró sus ojos. Hoy es el día que conocerá a los monarcas de este lugar no negara que está un poco nerviosa y asustada. Cuando sale del baño mira toda su ropa en la maleta para hacerlo fácil busca un pantalón de tela n***o y una blusa de flores con colores suaves, deja su cabello afro en todo su esplendor, se pone unas zapatilla con tacón bajo, algunos asesorías y un poco de maquillaje ah y el toque final un rico perfume con aroma suave. Le encanta oler bien, eso no lo puede negar. Sale de su habitación y mira la cocina, abre la nevera y se sorprende al ver comida —Woo. Hace un poco de café estaba por buscar un poco de pan cuando la puerta fue tocada, camina hacia ella y mira quien abre la puerta y sonríe —¡Buenos días príncipes! Estaba por hacer una reverencia cuando una mano azul con formas de estrella la detiene. —No hagas eso. Mira al hombre que la detuvo —Pero… ustedes son… —Cuando estemos solos, solamente di nuestros nombres y en público también —dijo Alex con una sonrisa. —Pero… —Pero nada jovencita —bromeó Alexis. Si la piel de Carmen fuera más clara sus mejillas estuvieran teñidas de rojo. Suspira y sonríe —Pasen por favor, ya desayunaron. Ambos hombres niega. —¿Toman café? —los gemelos confirman —Perfecto. Es un alivio que puso una gran cantidad de café, es una adicta es su vicio más grande en ocasiones no sabe cuánta taza toma. Mientras el café se hace tuesta varios rodajas de panes, hace algunas salchichas y huevo revueltos ya con todo listo lo sirve. —Me imagino que comen mucho, pido disculpas la próxima vez haré más —expresó con pena Carmen, en la cena de anoche en la casa de Arlet ella noto como todos los hombres comen bastante. —No hay problema, pero esa próxima vez espero que sea pronto —expresó Alexis. Carmen lo mira y se pierde en ese ojos tan hermoso, su piel hormiguea con deseo sacude su cuerpo y se pone a desayunar. A los minutos los tres terminan y salen del departamento, Carmen se maravilla con las vistas mientras van de camino hacia el palacio. Los gemelos Lawless no pueden dejar de mirarla es demasiado hermosa y les encanta el hermoso color de piel de esa morena. Carmen se sorprende al ver el palacio real y por Dios es demasiado grande. Cuando entra se maravilla con el diseño, decoración todo es hermoso, es guiada por los príncipes Lawless hasta un despacho cuando abren la puerta se encuentra a Arlet con sus esposas, y cuatros hombres más. —Carmen —llamó a Arlet con una sonrisa —¿Cómo estás? ¿Dormiste bien? ¿te gusto tu departamento? Carmen sonríe —Me encanta, si dormí bien, y tu ¿como estas? —Bien,bien ven te voy a presentar —Arlet lleva a su amiga hacia los demás —Ellos son los monarcas Aimar y Aiker y ellos son los Comandantes Supremos —se acerca a sus oídos —Aún no se como se llama —susurro. Carmen hace una reverencia —Majestades —hace otra para los Comandantes —mucho gusto. —¡Mucho gusto! —respondieron los cuatro. De una vez se pusieron a hablar del caso, Carmen le comentó los puntos y algunas cosas que necesita cuando todo está hecho la llevan hacia el lugar. Antes de entrar dice —Lo haré sola es mejor que nadie entre, no es bueno alterarla. Todos confirman. Carmen suspira y abre la puerta cuando entra la cierra y mira en la cama a una mujer demasiado delgada, sin cabello y moviéndose para adelante y atrás. —Hola… —habló Carmen aun parada en la entrada. —Vete, vete. —Por qué mejor no nos hacemos amiga —siguió diciendo Carmen. La paciente no dice nada, aún sigue moviéndose su mirada solo mira el jardín. (ACLARARE ALGO NO TENGO CONOCIMIENTO EN ESTA RAMA DE LA MEDICINA SOLO HAGO LO QUE PUEDO) Carmen mira lo que está mirando —¿Te gusta la vista? —no recibe respuesta, Carmen se sienta cerca de la puerta aún alejada de la chica no quiere invadir su espacio personal. Carmen le sigue haciendo preguntas triviales a su paciente moderando su tono de voz haciéndolo muy agradable de escuchar. Cuando trajeron la comida le puso la bandeja frente a ella pero la chica no come nada. —Vamos a comer —dijo Carmen. —No, duele —respondió la chica. —La comida no duele, la comida te hace bien —expresó Carmen en tono suave. La chica la mira y después mira la comida con su mano temblando trata de tomar la cuchara pero se cae. Carmen se acerca un poco a ella —¿te puedo ayudar? La chica mira a la mujer frente a ella, algo le dice que puede confiar en esa mujer, ella no está loca solo tiene muchas cosas que no puede procesar, pasó por mucho y perdió mucho. Al final la mujer confirma, Carmen le regala una sonrisa y le ayuda a comer —Ves que la comida no duele. La mujer sólo la mira y abre la boca. Después de la comida Carmen comenzó a hablar de cualquier cosa, no quería abrumar a la chica haciendo preguntas, primero quiere ganarse su confianza.
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