Capítulo 2. El inicio de mi plan

3062 Words
Los trabajos siempre estaban tan planeados que nada podía salir mal, eran tan exactos que se puede considerar inclusive una maravilla, todos mis trabajos son clasificados como los mejores, como maravillosos, como perfectos. ¿Qué me pasa ahora? No puedo decirlo con tanta firmeza, pero solo tengo en mi cabeza  a mi hermosa niña llorando por cada uno de los imbéciles que se les rodea. Ella me necesita, yo la necesito, ambos nos necesitamos pero estoy seguro que ella no está en un buen momento para recibir ese tipo de noticias. La amo, con la mayor parte de mi cuerpo, pero no puedo abrumarla, no aun. Limpio mi rostro cuando tengo partes de sangre manchándolo, sé que incluso mis parpados tienen un poco de sangre regada, aun así, nada me interesa. No puedo pensar en nada más que en la niña que vivía cruzando mi calle, tendremos una vida mejor, le daré una vida mejor. Guardo mi arma, mi revolver 44 magnum. Arreglo mejor mi cabello tratando de quitarlo de mi frente, el sudor hace que se me pegue un poco en ella y me molesta, aunque no es que esto sea algo nuevo, pero siento que estoy muy irritable, estoy perdiendo mucho tiempo con la escoria de hombre que tengo frente de mí. Meto en la parte trasera de mi jeans azul gastado lleno de sangre mi revolver de cacha de madera, el perfecto plateado con su cañón alargado me hace tener el valor necesario para enfrentarme a  cualquier imbécil que quiera atravesarse. Ella es mi preferida, asesinar con ella es un sueño, para mis trabajos cotidianos prefiero usar un 9 mm. En algunos casos incluso una con silenciador, no todos los escenarios son los mejores, y algunos es mejor dejarlos en silencio, se supone que de eso se trata mi trabajo. Guardar silencio, por toda la eternidad. Me agacho para meter el cuerpo en la bolsa negra, trato de que todo esté dentro antes de cerrarlo y comenzar a tirar del cuerpo dentro de ella. No hay nadie cerca por lo que para mí es más que satisfactorio poder terminar de llevar a cabo todo este plan  improvisado. ¿Quién le dijo a alguno de ellos que podía herir a mi niña? ¿Quién les dio la autoridad de tomar esas decisiones que atenten contra ella? Sabía que tenía que dejar claro que ella es mía, mi novia, el amor de mi vida y la futura madre de mis hijos. Sabía que todo eso tenía que dejarlo claro y así nadie tomaría acciones contra ella. Termino de arrastrarlo por los pies para dejarlo al lado de un barril de metal que se supone tiene algo de gasolina dentro de él. Alzo el cuerpo y lo lanzo encima de mi hombro para luego lanzarlo dentro del barril, tomo el encendedor que había tomado de la cocina y lo lanzo dentro. Las flamas suben hasta el punto de hacer que mis ojos se llenen de la hermosa visión del naranja. Mi cuerpo esta sudado y algo agotado pero aún no he acabo, la noche está empezando y mis manos aún tienen un poco de espacio para llenar de sangre. He dormido bien por las noches, y una muerte mas no me hará desvelarme. Todo sea por mi amor, por mi Debra. Ubico la tapa del barril y la cierro, comienzo a moverlo hasta dejarlo a un costado consumiéndose, estoy seguro que de aquí hasta que amanezca solo podrán reconocer su cuerpo, más no a mí. Aun con mis manos llenas de sangre decido devolverme hasta el lugar de vivienda de Debra, aún me quedan muchas cosas por hacer, muchas cosas por pensar, muchas cosas que planear. Miro a todos lados aunque la noche está en su pleno apogeo, trato de limpiar lo mejor que puedo mi rostro con la parte interna de mi chaqueta, camino por las calles hasta que diviso de nuevo ambos edificios, solo que en este caso no iré hacia el mío, sino hacia el de mi novia. Veo que en el pequeño buzón todavía está el dinero, quiero golpearme por no ser más astuto e ir a dejárselo directamente a  su ya antiguo departamento, pero aún tengo tiempo para poder dárselo, aunque aún no puedo hacer eso. Saco el dinero sin que nadie lo note y lo vuelvo a guardar en mi chaqueta, subo como puedo por las escaleras para llegar al piso dos. No hay cámaras, no hay seguridad, no hay nada que pueda detener mis pasos a cada escalón de este podrido y acabado edificio. Ella merece una casa, una mansión y yo he ahorrado cada maldito centavo solo para que ella tenga un palacio, para que ella tenga sirvientas, para que no mueva un dedo, para que no salga de casa ni siquiera hacer sus compras. El problema es que mi Debra es muy independiente y tampoco creo que deje que un hombre como yo la termine dominando. ¡Dios! Cuanto amo a esta mujer. Mis pies se detienen frente a la puerta de 8A, doy una respiración profunda y veo mi aspecto, esta desliñado, húmedo y manchado. No puedo juzgar si el hombre quiere cerrarme la puerta en la cara, pero no tendré problemas con ello, el no lograra hacer su movimiento. -¿Qué quieres?- dice el hombre al abrir la puerta. Su camiseta blanca está sucia y su barba esta descuidada, más larga que de costumbre, el cigarro está en el lateral de su boca y sus lentes oscuros cubre sus ojos. El alza su brazo para apoyarlo en el marco de la puerta mirándome de arriba hacia abajo –No tengo todo el día para ti- asiento mientras detallo lo que puedo dentro de su casa. -Quiero hablar un momento ¿Tiene tiempo?- hago la pregunta llevando mis manos hacia mi espalda. El alza la ceja y niega queriendo cerrar la puerta en mi rostro, pero soy más veloz y mi zapato de punta de hierro se interpone entre  el cierre de la puerta. Veo como sus ojos se abren cuando empujo la puerta y la cierro detrás de mí. Me giro a verlo y él tiene sus manos en alto. -Te pregunte amablemente si tenías tiempo, yo creo que si tienes y si no, me sacaras el tiempo necesario para nuestra pequeña charla- el asiente con algo de temor mientras camina hacia el sillón. Sus ojos se abren aún más cuando mi mano va hacia la parte trasera de mi jeans y saco el arma. -¿Tienes tiempo para mí?- le hago la pregunta ahora con mi arma pasándose por mi sien con una sonrisa en mis labios. -Si…- murmura y alzo mi ceja. -¿Qué dijiste?- gire mi rostro y toque mi oreja para escucharlo mejor. -Si- dice con más seguridad. Mi sonrisa se extiende y me siento en el sillón acabo disponible. El mueble se hunde y siento el olor a orine inundando mis fosas nasales. Soy un bastardo desgraciado que es  un asesino, pero ni en mi pocilga de tiempo completo para vigilar a Debra huele tan asquerosamente. -¿Qué piensas sobre la inquilina del piso cuatro, departamento 22B?- hago la pregunta de una buena vez. El traga hondo y no deja de apartar su mirada de mí. -Yo no…- tartamudea y queda en silencio cuando el arma va hacia mi sien acariciando el lugar. -Te hice una pregunta ¿No es así? Roger- ladeo mi cabeza y el asiente –Entonces responde- -Es bonita, pero es un problema-  asiento mientras inhalo con algo de rudeza. -¿Problema? ¿Estás seguro de que esa es tu respuesta?- trato de permanecer calmado, aunque ¿A quién quiero engañar? Quien insulte a mi mujer es un hombre muerto, solo que el aún no lo sabe. -Debe muchos meses de renta, la he desechado- ladeo mi cabeza y saco el dinero de mi chaqueta y se lo extiendo al hombre. -¿Eso cubre la deuda?- conté unos dólares y se los extendí. Sus ojos tienen asombró y comienza a contar el dinero con rapidez, alza su rostro a verme y asiente con una sonrisa. -Claro que si- extiende aún más su sonrisa y yo también lo hago. -Es una lástima que ni siquiera te esté pagando su deuda- comento causando que el alce su rostro con intriga. -¿Qué estas…- su pregunta nunca se formula porque alzo el arma y le aprieto el gatillo. La bala va directamente a su frente, su cuerpo esta tirado hacia atrás mientras que la sangre gotea por el lateral de su rostro. Dejo salir un suspiro para luego levantarme y tomar mi dinero de sus manos, tiene un poco de gotas de sangre pero no me preocupo por eso, puedo lavarlo un poco y usarlo en una estación de gasolinas. Esos billetes manchados  no tocaran las manos de mi hermosa novia. Veo todo el desastre dentro de este departamento antes de guarda de nuevo mi arma y salir de aquel lugar. Estaba tan solitario que no me sorprende, aun así decido negarme a subir hacia el departamento de mi hermosa niña y me devuelvo al mío. Ella no se ira el día de mañana, primero necesito armar un poco lo que tengo que hacer antes de volver a cruzar la calle, tengo que tener mi mente un poco limpia y estable antes de dejar una propuesta en la puerta de su casa, o por lo menos lo que era. A pasos pesados término de abrir el lugar en donde estoy, camino hacia la silla y puedo ver a Debra aun llorando, ahora está más tranquila mientras recibe una llamada, puedo ver su cara de asombro cuando casi me estoy saliendo por la ventana para poder admirarla. Sus manos van hacia su boca con sorpresa, seguramente han estado hablando sobre la muerte de alguien, quizás ya han encontrado el cuerpo o quizás ya tiene un lugar a donde ir. Sé que la última no puede ser, su rostro denotaría alegría y algo de peso fuera de su cuerpo, aun así lo único que demuestra es asombro y agobio. Quito la chaqueta y la lanzo al suelo junto a la camiseta y mis jeans, saco mi ropa interior y desnudo decido darme una ducha. Tomo un pequeño envase de arroz c***o e inicio a tirar agua en mi cabeza para mojar un poco mi cabello. Lanzo agua tras agua solamente imaginándome a la mujer delante de mí, tomo el jabón y comienzo a restregarlo por mi cuerpo, bajo por mi abdomen hasta llegar a mi lugar más necesitado. -Debra- murmuro cerrando mis ojos mientras dejo caer el jabón luego de tener suficiente en mi m*****o ya erecto. Recuesto mi espalda en la pared de cemento y decido darme un poco de atención. Se supone que tendría que venir e idear algo sobre cómo ayudar a Debra, pero no puedo dejar mis instintos más básicos a un lado, ella es mi luz y la mujer que la logrado tenerme a sus pies aunque no lo sepa. No puedo acostarme con otra mujer sin gemir su nombre, sin pensar que es ella saltando en mi pene duro, no puedo imaginarme como será de estrecho su sexo cuando esté llegando al orgasmo. -¡Ah!- comienzo a gemir de placer mientras muevo mi mano con rapidez. Paso mi dedo pulgar por mi glande esparciendo el líquido pre seminal ligado con el jabón olor a vainilla que suele usar ella. -Si… sí. Allí justo allí mi amor- mi boca de abre buscando un poco de aire, mi mano se mueve con rapidez –Debra cariño, lo haces tan bien- ladeo mi cabeza con una sonrisa, con mi otra mano tomo mis testículos y comienzo a masajearlos. Mis piernas comienzan a flaquear mientras imagino a mi dulce mujer dándome el mejor placer de la vida. -¡SIII!- me ahogo con mis palabras cuando como un adolescente precoz comienzo a dejar que las tiras de semen caigan por todo el lugar más cercano. Mi mano no deja de moverse de un lado a otro dejando que mis sensaciones de placer en el vientre bajo continúe, mi pene sigue duro buscando que la mujer de mis sueños continúe con su faena. Abrir mis ojos de golpe me hace saber que ella no está aquí, que vive solo en mi memoria, que solo existe en mi lejanía. Mi respiración busca regularse  entre lo agitado que estoy y comienzo a lanzar lo que me resta del agua para quitar todo el jabón y el semen que ha quedado en mi abdomen. Tomo la toalla y comienzo a secarme, busco entre la ropa que he traído de la lavandería unos bóxer negros y unos jeans negros, tomo una camiseta color blanca mientras sigo secando mi cabello, dejo la toalla alrededor de mi cuello mientras que me asomo por la ventana. Tomo un emparedado frio que estaba encima de mi reproductor y doy un mordisco, no me ha dado el tiempo suficiente para comprar algo, pero no me interesa realmente, un día sin comer no es algo que sea nuevo para mí. Por lo menos debo agradecer a mi padre por las largas jornadas que me dejaba sin comer, sus castigos eran extremos pero me han ayudado a sobrevivir en la actualidad. Algunas personas dicen que él es el causante de mis problemas actuales, esas personas ya no están en mi vida, sus comentarios ya no son un problema para mi existencia. Mientras mastico mi emparedado de jamón siento como todo comienza a idearse, mi mente comienza a maquinar a la perfección todo lo que debo hacer, quizás para un inicio está en su mejor momento, pero puedo ir ideando todo tan meticulosamente que seguramente solo necesito que ella haga lo que yo quiera, incluso si ella aun no lo sabe. Busco la ropa que había tirado y entre los bolsillos encuentro el teléfono desechable, no despego la mirada de la ventana hasta que la persona al otro lado del teléfono contesta. -Necesito que me pagues uno de los tantos favores- digo sin si quiera dejar que hable. -¿Qué quieres?- me pregunta sabiendo que conmigo no es un juego, dormir por las noches para él es un reto que puedo hacer que nunca más posea. -Dos departamentos, a las afuera de esta ciudad- digo sentándome en la silla y encendiendo el reproductor. La voz de Debra comienza a llenar el lugar, está empacando sus cosas mientras que prepara algo rápido para cenar, sé que no ha tenido buenas propinas el día de hoy, pude ver que sus ganancias se las había quedado su jefe explotador. Ella conseguirá un mejor empleo, ella conseguir un mejor lugar y yo me encargare de eso. -Erick sabes que eso toma tiempo- me responde pero le restó importancia. -No necesitas más tiempo que solo unos minutos, crea algo para mí que lo necesito para ahora mismo- cuelgo el teléfono sin dejar que hable. Le daré solo unos minutos para que me de todo lo que necesito mientras que acerco la pequeña libreta y quito la goma para que sus hojas se liberen. El bolígrafo encaja en mi mano mientras que trazo la primera palabra que me dará el paso seguro para estar con la mujer de mis sueños. -“Plan para estar con Debra”- balbuceo mientras que mis labios se curvan en añoranza de lo que puede ser mi futuro. -Plan A- marco en la libreta cuando el teléfono comienza a sonar. Sé que es el, sé que lo ha logrado, muy difícil no lo fue. Ese bastardo cree que no se sus contactos, yo también tengo los míos y es mejor mantener la paz entre los dos. -Si tienes una maldita laptop puedes ver todo lo que envié- cuelga sin dejar de hablarme y enciendo la pequeña tableta con el correo marcando. La sonrisa no puede crecer más en mis labios, sé que todo estará donde debe estar, sé que mis planes comenzaran a formularse porque todo empieza a tomar el rumbo. Tomo mi libreta y escribo una de las dos direcciones que me han dejado, me levanto y tomo el dinero limpio y salgo de la casa. El plan puede tomarse un poco de tiempo, porque todo lo que está en mi cabeza seguirá permaneciendo allí, nada se puede escapar y es por eso que soy el mejor en lo que hago, por eso soy perfeccionista, mi capacidad intelectual es alta y no la desaprovecho, por esos mis pasos nunca se han visto afectado, por eso soy el mejor asesino. Inclino mi cuerpo hacia una mujer que está saliendo del desagradable edificio y comienzo a subir las escaleras, trato de no sudarme porque no me place volver a ducharse, aunque cuando sepa que Debra ha colocado sus manos en donde se han puesto las mías, mi pene tendrá una gran erección como cuando robe aquella tarde su café y bebí por el mismo lugar que ella. La bese indirectamente y mi pene lo resintió por un par de horas, no puedo controlar mi cuerpo de ella, es como si tuviera vida propia cuando se trata de Debra, aun así eso no me molesta, me gusta que solo responda con esa bella mujer de labios gruesos y ojos penetrantes. Llego a su puerta, el 22B está allí, dejo el sobre con el dinero y la dirección dentro del mismo, toco la puerta con rapidez antes de salir corriendo para esconderme en las escaleras, la puerta se abre porque puedo escuchar a la perfección el sonido chirriante que posee su puerta. Un día le agregue aceite pero esa cosa vuelve a sonar luego de un par de días. Ella dice algunas palabras y quiero bajar las escaleras pero ella no viene hacia mí, la puerta se cierra y cuando asomo ligeramente mi cabeza para ver si ella aún está allí, lo único que encuentro es silencio y mi pene duro como una roca. Ahora lo único que falta es que ella conduzca hacia el destino que yo he conseguido para ella, así mi plan tendrá los frutos perfectos que tanto he ansiado, al fin y al cabo, ella está sola y solo me tiene a mí. El único hombre que cuidara de ella.
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