Capítulo 3. Debra

1274 Words
La gran parte de mi vida fue controlada, fue manipulada y fue dirigida, escape cuando pude y no puedo darme la opción de volver a ese pasado. Mi familia no es lo mejor que puedo tener en mi vida, pero es mi familia y debo agradecer algunas cosas de las que me siento agradecida. No me llamo una mujer masoquista, pero quizás algunas veces es necesario seguir mirando al frente y enfrentar todo lo bueno o malo que se nos atraviese. Se supone que hoy debería de estar yendo a trabajar, pero no esperaba que cuando abriera la puerta viera una carta pegada, la arranco y le resto importancia guardándola en mi mochila para ver de qué trata quizás en mi almuerzo. Mi jefe lleva más de dos semanas quitando mis propinas, no he podido pagar la renta, no he podido comprar realmente comida. La mayoría del tiempo trato de comer algo del mismo restaurante, Guille trata de guardarme algo de comer a escondidas del jodido jefe, aun así no es suficiente. Algunas veces trato de comer poco y traer algo a casa, otras veces Guille me da su propina, pero he tratado de irme antes de eso, no espero que el me de él dinero que también necesita, lo más sensato es que el me de mi propio dinero, mi propia ganancia, pero no es lo que ha estado pasando. Salgo corriendo colocando mis audífonos para poder perderme de la realidad que me atormenta. La música siempre llena mi vida aunque en ciertos momentos solo quiero esfumarme y desaparecerme, quiero que mi realidad sea otra y que pueda conseguir aquello que tanto deseo. Con una sonrisa entro a mi lugar de trabajo y decido cambiarme de ropa, coloco mi traje y mis patines, me muevo de un lado a otro con agilidad, siempre ame usar patines y este trabajo me encanta por ello. Trato de ir a tomar la orden cuando mi jefe me grita que atienda, no había casi nadie pero no puedo olvidar el curioso rostro del chico que parecía seguirme, quizás estoy un poco loca y paranoica, el cruzo su calle y siguió su camino. Nadie me tomaría en cuenta, y aun me siento bien con eso, no necesito más sufrimiento, no necesito más dolor, no necesito más maltrato. Doy un respiro cuando he tomado algunos pedidos. -Deb- murmuran mi nombre y patino rápido hacia la cocina, Guille me pasa un plato y salgo a la parte trasera para tomar un primer bocado de la pasta con carne y unas tostadas de pan de ajo, no me interesa que pueda sentir el olor a la basura de un costado, comida es comida. Agradezco poder comer el día de hoy, quizás con lo poco que tengo en casa tendré una pequeña cena decente, debo tratar de ahorrar para tener para cenar mañana y quizás darme un descanso de ir al parque y tomar un poco del frio, quizás si me dan la propia que me corresponda tomar un helado. Entro lanzando la bandeja desechable hacia la basura y me encuentro con el local lleno, patino de un lado a otro consiguiendo la cantidad de los pedidos, Guille está cocinando con rapidez junto a Rodrigo causando que casi todas las comidas se lograran conseguir. No puedo sentirme más cansada, pero quizás las cosas pueden empeorar mucho más cuando menos lo piensas. -Debra, necesito que te vayas- mi jefe habla con algo de frialdad y rudeza, me quedo estática asintiendo mientras quito mis patines sin poder entender mucho lo que estaba pasando. -Nos vemos mañana- asiento para salir del local cuando la voz de él es mucho más fuerte de lo que puedo recordar. -No vuelvas, estas despedida-  mis ojos se abren pero mi ceño se frunce causando que se cierren buscando una respuesta, pero nunca la recibí  porque cuando mis labios logran abrirse, la puerta es cerrada en mi rostro. Mi garganta se anuda y trato de golpear la puerta pero él me ignora, mis lágrimas comienzan a bajar mientras miro a cada costado buscando una verdadera salida. -¿Qué voy hacer?- me giro llevando mi mano a mi boca y comienzo a caminar a casa, quizás solo necesite un nuevo empleo y todo estará bien. Comer nunca fue una opción, quizás unos días sin comer mientras consigo dinero no me hará nada mal, comer no está demás, ni causara mi muerte ¿Verdad? Trato de controlar mi llanto lo mejor que puedo, trato de controlar el temblor de mi cuerpo hasta que piso mi edificio, pero quizás las cosas no pueden ser peor cuando el gran letrero de desalojo está pegado. -Te doy hasta mañana para que te largues- esa es la voz fría de Roger, el hombre dueño del lugar. Mi boca se abre de igual manera pero él me ha dejado con la palabra en la boca igual que me jefe. No sé qué hacer más que llorar por mis desgracias. Entro a mi pequeño departamento casi vacío y solo me dedico a llorar, me dedico a sufrir mientras trato de encontrar una razón para mantener en pie.  Marco varios números pidiendo la ayuda a unos amigos pero no sé muy bien como recibir la contestación de algunos de ellos, no quiero ser molestia y creo que es más fácil quedarme debajo de un puente. Me recuesto en el suelo mientras mis lágrimas bajan por mi sien humedeciendo mi rostro, no puedo moverme porque mi cuerpo no me da para más, no me da para menos, y ahora más que nunca quisiera desparecer, quisiera morir. -Nunca nadie me dijo que la vida sería un desastre- murmuro mientras vuelvo a sollozar. El sonido del teléfono me hace levantarme y voy hacia la cocina para tratar de preparar algo de comer. No contesto el teléfono, lo ignoro como todos los que me han ignorado hasta ahora y tratare de ver qué puedo hacer de comer por última vez en este lugar, necesito algo pero mi apetito no es lo mejor que exista en este momento. Veo el reloj en la esquina y las horas han pasado tan rápido que no me he dado cuenta, algunas horas para tener que irme de esta lugar y tratar de recoger todo lo que pueda. El teléfono vuelve a sonar y aquel sonido me hace doler aún más la cabeza, lo tomo y contesto. La noticia no me hace sentir feliz pero si me asombra, mi jefe está muerto o bueno, mi ex jefe lo está. Guille se escucha alterado contando todo aquello. ¿Siento remordimiento? Puede ser que sí, pero al fin  al cabo, él también fue malo conmigo. Mi propio subconsciente me hace saber que no debo ser rencorosa, pero mi otro lado se siente feliz de que un hombre como el, ya no esté en el plano terrenal. Cuelgo y sigo cocinando, los minutos pasan mientras sigo sintiendo mis ojos adoloridos y algo irritados aunque solo han sido unas horas. Estoy por dar una probada a la pasta para saber si esta lista cuando la puerta es tocada. Espero que no sea Roger porque no tengo ánimos de ver de nuevo como es que me saca a patadas de este pequeño y desagradable lugar. Abro la puerta y no hay nadie, quiero creer que es un juego de niños pero lo que hay a mis pies no lo parece. Lo tomo y reviso, mis ojos se abren sin saber cómo actuar, no hay nadie cerca y mi corazón comienza acelerarse. Una pequeña dirección está allí. Niego y cierro la puerta. Al final, no tengo nada más que hacer en este lugar.
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