La mochila negra está casi llena, la compre no muy grande esperando que las pertenencias que tuviera entrara en ella, quizás subestime mis pertenencias porque parte de ella ha quedado vacía, los tres jeans y las cinco camisetas son suficiente para que el resto quede con suficiente espacio para agregar algunas cosas.
Mis armas están en el fondo de la mochila, las demás las he enviado por correo hacia el nuevo departamento, no espero subirme a ese autobús con mis armas grandes, las más pequeñas puede que sí, no sé qué puede pasar y mi novia estará dentro de ese autobús, así que no puedo irme sin estar preparado.
Cualquier hombre que se atreva a tomar un poco del aire de mi chica, será el último que tome. Nadie más podrá acercarse a ella, nadie más podrá tocar lo que es mío, no podrán y yo me encargare de eso.
Estoy caminando hacia la ventana con mi mochila sobre el hombro, tengo la esperanza de que ella pueda girarse y por un instante verme, aun así no creo que ocurra. ¿Por qué vería hacia el edificio abandonado que esta al cruzar la calle? La mayoría del tiempo se la pasa tanto en su mundo que ni siquiera mira a su alrededor.
Por lo menos no a mi alrededor, y aunque me gustaría tener su mirada sobre mí la mayoría del tiempo, no espero que termine mirando hacia este lugar ruin, no quiero que ella me vea dentro de este lugar, ella debe verme como lo que soy, un hombre imponente y capaz de darle la estabilidad.
Todo mi dinero ya está en mi lugar junto con las armas, tengo tanto que me es insólito seguir trabajando, pero es que necesito calmar mi mente y mis ansias de tenerla a ella en mis manos, en mis brazos, encima de mi cuerpo.
Asesinar me garantiza la plenitud de no estar con ella, mis frustraciones salen a flote y puedo dejar que mi ira se tranquilice. Calmo mis demonios para poder llegar de nuevo a casa y ver a mi chica cocinar, con la esperanza de que ella me esté preparando algo delicioso de comer, quizás antes era poco probable, ahora tengo las posibilidades completas de mi lado.
El sonido de mi teléfono me saca de mis pensamientos cuando mi taxi ya está abajo esperando que yo pueda salir de este lugar y retomar el camino a la estación de autobuses seguido de mi chica.
Doy el último vistazo a mi ventana y a mi habitación provisional que se hizo permanente para bajar y subir al taxi. Debra está subiéndose a otro taxi en la otra calle, su mirada no se cruza con la mía, por lo menos hasta ahora evito que ella realmente haga contacto visual conmigo, no quiero que ella me reconozca y más adelante se dé cuenta que soy la misma persona que está enamorado de ella.
Todo debe estar en orden, y aunque mi corazón no reconozca otro sentimiento más que el deseo de tenerla conmigo, debo controlarme y si lo he hecho hasta ahora, sé que puedo ser capaz por unas próximas semanas, sin embargo la vida es una vuelta, un día estas y un día no.
El taxi hace un recorrido que ya he hecho la noche anterior para asegurar que todas las calles estuvieran perfectas para poder transitar, evitar contratiempo o que algún vagabundo aparezca, quizás los golpes que le di aquel borracho tengan repercusión pero no me molesta en lo absoluto.
El taxi tiene música suave y me muevo hacia el asiento derecho para poder ver el taxi que viene detrás de mí.
-¿Puedes tomar esa curva?- le digo al hombre apuntando el lugar que espero tome, el me mira y frunce el ceño.
-Nos llevara unos minutos más ¿Aun así quiere que la tome?- me hace la pregunta antes de dar la curva bajando la velocidad del auto, asiento mientras miro por el espejo lateral derecho al taxi detrás del mío.
No quiero que ella aun me vea bajar de este auto, necesito ser un completo desconocido incluso si terminare subiendo al mismo transporte que ella. Nuestras vidas deben cruzarse en otro momento y con otra situación.
Todo está completamente listo, el plan está en su puesto y solo nos falta poder llegar a nuestro nuevo lugar para habitar.
El taxista sigue mirando en diferentes ocasiones hacia mí pero trato de ignorarlo mientras veo como la calle se están volviendo nuevamente conocidas. Cuando el taxi se detiene veo que ya ella ha bajado del otro y esta camino a la zona de abordaje.
Le doy el dinero al hombre que frunce más el ceño porque no le he dado las gracias y casi corro por el lugar para no perder el paso que ella estará dando.
Mis lentes oscuros cubren mis ojos y al inclinar un poco mi cabeza mi gorra tapa un poco más de mi rostro, trato de mirar hacia otros lugares y haciendo el tonto, camino por la zona de abordaje buscando el lugar que ya se perfectamente.
Le pregunto a una mujer y ella apunta hacia el espacio que sabía estaría el autobús.
Un hombre perdido es mucho mejor que uno astuto, quizás puedas hacerte pasar por un desorientado y poder estar más claro que el agua, la variedad de personas a mi alrededor no tienen que darse cuenta que estoy persiguiendo a una mujer.
¿Perseguir? Esa es una palabra muy fuerte para lo que estoy haciendo, yo solo estoy cuidando a Debra, la mujer de mis sueños.
Mi sonrisa no tarda en aparecer de solo imaginármela sentada cerca de la ventana viendo el paisaje con su mentón apoyado viendo cada lugar que está dejando atrás. A ella le gusta leer, su pequeña biblioteca estaba llena, algunas veces dejaba sus libros tirados en el suelo cuando agotada los dejaba caer.
La fantasía y el romance son sus favoritos, he visto algunos de ellos cuando paso a su casa para verificar todas las averías que pueda tener. Ella sabe que alguien cuida de ella, pero ella se hace la desentendida cuando mágicamente su ducha funciona a la perfección, o cuando la fuga de gas ya no está.
Ella no sabe a quién agradecer, no espero que lo haga conmigo dado que entro a hurtadillas a su casa para hacer todo aquello, incluso para colocar el audífono que me da el acceso a escuchar todo lo que ella dice mientras que la estoy viendo al otro lado de la calle. Pero cuando ella sonríe porque todo está en su sitio, para mi es más que un agradecimiento.
Debra es mi prioridad y aunque ella no lo sepa, sería capaz de dar mi vida por ella.
-¡ABORDO!- gritan en la entrada del transporte y trato de ser unos de los primeros para que ella no vea mi rostro al subir. Mi ubicación está en el fondo algo tentativa a saber dónde se sentara ella.
Su sonrisa permanece en su rostro, es suave y ligera y trato de que ella haga contacto visual conmigo, aquello es lo más estúpido que he pensado porque uso gafas y estoy casi bajando la cabeza para que el asiento delantero tape mi cuerpo y rostro.
Ella toma asiento tres puestos más adelante, así que antes de que alguien tome el par de asientos detrás de ella, yo ya me he ubicado dejando mi morral en el asiento contiguo.
Mi rostro serio y mi boca plana con molestia hace que cualquiera que desee tomar ese asiento casi salga corriendo, una sonrisa aparece en mis labios cuando arranca y ella deja salir un pequeño suspiro.
Por el reflejo del vidrio puedo ver que ella tiene sus ojos expectantes a lo que ve, sin embargo por ahora es lo mismo de siempre así que sus ojos comienzan a cerrarse, está cansada por la noche agotadora y arrolladora que ha tenido.
Fue despedida y desalojada al mismo tiempo, el peso de sus hombros fue arrancado cuando tuvo la esperanza de no volver con sus padres, se lo que ella trata de ocultar pero por ahora no puedo hacer nada contra ellos, no hasta que ella me lo pida.
Solo basta un momento para que ella deje caer su cabeza encima de su suéter ligero y entra en el mundo de los sueños. Yo me quedo despierto velando por ellos, porque nadie se acerque y la perturbe, porque nadie la moleste en su pequeño momento de descanso.
Aquel es el momento que más me gusta, cuando ella descansa es como si sus problemas no formaran parte, es como si ella sonriera en cada sueño porque es la realidad que le gusta vivir, los sueños siempre fue lo mejor que ha existido para escapar de tus miedos, de tus demonios y tus inseguridades.
Debra ahora sabe que no tiene por qué preocuparse, sé que ella lo sabe y mientras mis ojos estén abierto y el aliento este en mi cuerpo, ella nunca tendrá que volver a sufrir, nadie le pondrá una mano encima, nunca lo harán.
Me quedo embelesado mirando hacia ella cuando veo como un hombre esta caminando con su mirada fija en la mujer delante de mí. Mi lengua presiona el costado interno de mi mejilla, una sonrisa lasciva aparece en sus labios y me causa asco, he matado gente solo porque tenía ganas, y este está en mi lista negra por el momento.
Lo veo sentarse en el par de asiento seguidos al de ella, su rostro se gira en breves momentos para verla de arriba hacia abajo, yo sigo mirando al frente pero con mis ojos viéndolo de reojo, tengo todos sus movimientos precisos, incluso cuando sus ojos se mueven, cuando sus manos sudan y las enlaza entre ellas.
Siento hasta el picor cuando rasca las palmas de ellas, mi ceja se alza aunque ahora estoy mirando a Debra removerse.
El auto se estaciona de golpe y no me he dado cuenta que estamos en la primera parada por estar pensando en todo lo que le hare al hombre cuando nos bajemos. Ella se remueve con algo de sueño y espero que el hombre se baje luego de darle una mirada, ella no sabe que es lo que está pasando y tampoco lo sabrá.
Tomo mi mochila y la abro, meto mi mano hasta el fondo y toco lo único que necesito hasta ese momento. Paso por el lado de ella dándole la espalda y bajo del autobús, diviso al hombre comprando un agua y mira hacia el lugar en donde estamos viajando.
Yo me coloco a su lado pidiendo un agua y doy un suave sorbo, sus pasos van hacia el baño y dejo que pasen unos segundos antes de tomar el mismo camino que él. Mi pie esta puesto en la pared casi mostrando un poco de tranquilidad y quizás si la tengo, el único que debe estar intranquilo es el hombre aun dentro del baño.
Abre la puerta mientras arregla su cinturón y me da un vistazo, asiente hacia mí y yo le devuelvo el leve saludo antes de tomarlo por el cuello y halarlo hacia la parte trasera del baño.
-¿Tú estabas viendo mucho a una mujer?- le hago la pregunta mientras el frunce el ceño, una sonrisa aparece en sus labios.
-El novio celoso ¿Eso eres?- trata de apartar mis manos pero no lo dejo de mirar.
-Más que su novio, soy quien la dejara tranquila de tu presencia- le comento causando que él ahora me mire con intriga –No tengo tiempo para perder contigo- saco mi arma con el silenciador y me aparto luego de dejarlo de rodillas.
Doy el disparo, miro a los costados para asegurarme que nadie me haya visto antes de caminar tranquilamente arreglando mi gorra y subirme al autobús. El chofer está mirando hacia los costados pero se encoje de hombros y arranca.
Debra está comiendo unos chocolates mientras su mirada está brillando. Me inclino hacia mi mochila para guardar el arma y sacar mi pequeña libreta.
Falta poco para iniciar el perfecto plan cuando paso mis dedos por las delgadas líneas que he escrito. Beso mis dedos índice, medio y anular antes de posarlo en el asiento de enfrente.
Doy una última mirada a lo escrito.
“Plan: Un psicópata enamorado”