“Era yo —pensaba. —Estaba seguro de que era yo”. Corría salvajemente en busca de alguien en las planicies de una montaña nevada. No recordaba haber vivido eso alguna vez en su vida, pero era como si un episodio de su existencia estuviese atravesando justo frente a sus ojos.
El aire denso y frío quemaba sus pulmones y era tan espeso que sentía que al respirar se reventarían por la presión, apretaba fuertemente su pecho, pero no conseguía la satisfacción de respirar libremente. El paisaje se desaparecía lentamente entre la oscuridad que provenía del sol que se ocultaba detrás de una montaña.
Lentamente la oscuridad se adueñaba del día y sus ojos le pesaban tanto que le era difícil mantenerlos abiertos, “Supongo que a esto se refieren las personas con ver pasar tu vida frente a tus ojos —pensaba en ese momento”. Lo único que lo molestaba era que ese capítulo de su vida no permanecía en sus recuerdos y no ha vivido nada como eso que él recuerde. Pero de nada le servía ponerse a pensar y darle tantas vueltas al asunto, estaba muriendo y probablemente era lo último que sería capaz de observar con sus ojos que ya no veían a ningún lado, pero observaban todo. Se rindió, y decidió que si este sería su último aliento de vida lo disfrutaría como si fuese la primera vez que empezaba a vivir.
Al volver a abrir sus ojos luego de haber decidido entregar su cuerpo y alma a la parca se encontraba caminando en una ciudad, era como si estuviese en un cuerpo que no respondía a sus comandos y decisiones. Solo caminaba por las calles sin poder detenerse. Era algo parecido a cuando nos encontramos paralizados en nuestros sueños.
De un momento para otro luego de intentarlo con todas sus fuerzas el cuerpo que le llevaba a algún lugar desconocido volvió en sí y podía sentir las extremidades de nuevo.
Al verse los brazos y las piernas se dio cuenta de que se veía más delgado, era extraño así que se dirigió al exhibidor de una tienda cercana y al mirar su reflejo se veía unos años más joven. Ni siquiera tenía barba, frotó sus manos en su rostro y evidentemente su piel estaba suave como la seda.
“¿Qué significa esto? —se preguntaba al verse tan diferente de como recordaba hace algunos minutos”. Dos hombres que pasaban por el lugar conversando entre sí llevaban consigo un periódico, decidió que si quería información tenía que empezar por averiguar su ubicación, pero sin hacer un escándalo, tenía que ser discreto considerando que estaba en un lugar desconocido.
—Oye tú... disculpa, pero ¿Podrías prestarme tu periódico? —le dice al más bajo de entre los dos hombres, y quien llevaba dicho periódico.
—Sí claro, puedes quedártelo si deseas ya lo he ojeado, ten —muy amablemente le entrega el periódico y Devon lo recibe aun con sus manos heladas y frías.
—Te lo agradezco que tengas un buen día.
—Igualmente —responde el hombre. Eso había sido fácil, esperó que los dos sujetos se alejasen un poco y buscó la portada del periódico para comprobar la fecha.
—Imposible... —se quedó perplejo al ver la fecha.
1979 Falls City-Oregón.
Lo había imaginado desde que se vio al espejo, pero aceptar este tipo de cosas a la primera no es algo normal. Había retrocedido en el tiempo once abriles a cuando tenía veintidós años de edad. Era ilógico “¿Cómo demonios puede una persona regresar tantos años atrás al morir? —se preguntaba”. Eso de las máquinas del tiempo solo era ciencia ficción y así era como cualquiera lo vería incluso con los avances tecnológicos.
Estaba seguro de que había sido apuñalado por el asesino de Falls City hace unos momentos y ahora se encontraba en la misma ciudad once años atrás. Eso no podía ser obra de Dios y mucho menos de un ser humano, se negaba a aceptar cualquier tipo de teoría sin lógica, pero el desesperarse solo iba a traerle más cargas mentales de las que se había traído de 1990.
Eso significaba que sus padres adoptivos aún estaban vivos, tenía que ir a verlos eso sería lo primero en su lista de quehaceres, y luego pensar en lo que necesita para resolver este problema que solo se agravaba cada vez más.
Parado justo frente a su hogar el miedo y la decepción recorrían su cuerpo, aunque seguía teniendo la misma mentalidad de once años en el futuro en él permanecían los nervios y miedos del pasado.
—¿Qué haces afuera cariño? Te vas a resfriar —una mujer salió de la casa repentinamente, llevaba puesto un abrigo largo y parecía que se disponía a salir. De piel blanca y ojos claros, cabello obscuro y rostro fino.
—Ma... mamá —susurró al verla, después de todo había muerto y encontrarla nuevamente le traía recuerdos que le afligían.
—¿Sí? —la mujer estaba un poco extrañada de su comportamiento. —Estás un poco raro, tal vez deberías entrar a la casa, tu padre ha llegado de trabajar. Te prepararé un poco de chocolate caliente ¿Sí?
—Mamá ¿Puedo abrazarte? —la veía fijamente todavía.
—¿Qué dices cariño? Es muy raro viniendo de ti que no eres tan amoroso. Pero por supuesto que me encantaría un abrazo de mi hijo —él la abrazó con todas sus fuerzas, volver a sentir esa calidez que solo una madre puede ofrecer es la sensación más reconfortante del mundo. Tenía el cuerpo de su yo de veintidós años y la mentalidad de treinta y tres, pero su corazón y sentimientos eran los de un niño de cinco años. —Hace mucho no me abrazabas de esa manera espero que no haya sucedido nada malo —añadió ella. —Ojalá puedas seguir queriendo a tu madre de la misma manera —Devon le sonrió, cosa que no suele hacer mucho incluso desde hace más años atrás.
—Está todo bien —dice en un tono dócil. —solo que creí que después de todo lo que haces por mí debía demostrarte mi agradecimiento, aunque no sea mucho.
—¿Un abrazo tan cariñoso de mi hijo? Eso es más que cualquier cosa —ella seguía teniendo la misma sonrisa radiante de siempre, Devon supo en ese momento el por qué su padre la había elegido como la mujer para pasar el resto de sus días.
—Entremos seguramente él querrá hablar contigo, has estado casi todo el día fuera —los dos volvieron a entrar, la casa estaba justo como él recordaba que estaría, los mismos muebles y decoraciones, así como el color de las paredes. Los pasillos y las escaleras al segundo piso donde están las habitaciones y los baños.
—Ya llegué papá —dijo al llegar hasta la sala donde su padre se encontraba.
—Devon —voltea a verlo. —Bienvenido, no esperaba verte tan temprano por aquí creía que estarías ocupado con la universidad.
—Ya sabes como soy, no me toma mucho tiempo hacer las cosas —se refiere a su capacidad mental para resolver problemas y su inteligencia.
—Me alegra que seas tan dedicado con tus estudios estoy orgulloso, hoy cenaremos todos aquí en casa juntos espero que no tengas planes para la noche.
—Nada que me vaya a tomar mucho tiempo —se ríe, pero por dentro si alguien pudiese verlo sabría que esa sonrisa es todo lo contrario a lo que Devon intenta expresar. —Y... papá, te quiero —su padre se quitó las gafas para leer y le miró por un momento con detenimiento para analizarlo.
—Yo... —se retractó y cambio el curso de las palabras que saldrían de su boca. —Nosotros te amamos Devon. Gracias por recordarnos que tú también te sientes igual.
—Iré a mi habitación —señala las escaleras.
—Te llevaré algo caliente de tomar en un momento —dice su madre desde la cocina que estaba justamente al lado de la sala.
—Sí mamá, gracias —le responde. Se les queda viendo mientras ellos hacen lo suyo y esa nostalgia de saber que nunca valoró esos momentos le desgastaban internamente. No había duda alguna de que eran sus verdaderos padres, la forma de ser y hablar todo era como debía ser. Incluso su habitación estaba ordenada y limpia y tenía los mismos libros de siempre, la cama y las sábanas. Incluso sus prendas de vestir estaban ahí.
Se recostó un momento en la cama, si era un sueño probablemente al quedarse dormido de nuevo despertaría o tal vez no lo haría ya que era más que obvio que lo habían asesinado. Aun así, su estadía en este periodo tenía que ser aprovechada para investigar y ver a dónde podía llegar.
Tal vez había alguna manera de volver a su tiempo normal antes de ser asesinado o mejor aún si lograba desenmascarar al asesino en este año sería capaz de atraparlo y el futuro tomaría un rumbo distinto. A pesar de que no cree mucho en eso de los viajeros del tiempo ha leído bastantes libros de física y la teoría de las cuerdas, la relatividad, y según sabe cualquier acción que ocupemos en el pasado dará el inicio a una acción y posición diferente en nuestro futuro.
Cuando había comenzado a investigar los casos se decía que era la misma forma de asesinar de hace algunos años, exactamente desde el año en el que estaba hasta 1981 habían sucedido varios asesinatos con las mismas características de los asesinatos de 1990. Y ahora que lo recordaba bien eran temas que se hablaban demasiado durante ese periodo.
Comenzaba a pensar que debía estar en el lugar y momento indicado, esto pasaba a dejar de ser algo anormal a ser justo una coincidencia. Devon estaba más que seguro que la relación de los casos desde este año hasta 1990 estaban totalmente relacionados.
Empezó a escribir todo lo que sabía en una libreta, todo lo que había pasado y toda la información recaudada. Por momentos empezaba a dudar de él mismo y de su identidad, pero suponía que era normal sabiendo que venía de ser asesinado para "Reencarnar" literalmente en su yo más joven.
Tenía que anotar todo lo que sabía de sí mismo para no confundirse y para comprobar su estado mental al preguntarse a él mismo cosas que se supone él solo sabría, es por eso que las anotaba. Así era más fácil comprobar si las respuestas eran correctas. Corría el riesgo de perder la cordura y no se iba a permitir eso, la razón de haber regresado a Falls City hace once años atrás era para capturar al psicópata que le había asesinado a él y a muchos inocentes durante todo este tiempo.
Tenía la ventaja del conocimiento de los casos y la experiencia que a muchos les faltaría para capturarlo justo ahora y debía aprovechar eso. No permitiría que las cosas se vuelvan a salir de control, arrancaría el árbol desde la raíz en vez de cortarlo capa por capa.
Recuerda que antes de morir le había invitado a jugar a atraparlo, esa invitación había sido aceptada totalmente por Devon que se había decidido totalmente a buscarlo y encontrarlo convirtiéndose de la presa al cazador. Esta vez no se iba a permitir fallos, no solo podía salvar la vida de cientos de personas, sino que también podía salvarse a sí mismo de caer en las garras de la muerte mientras intentaba escapar de esta locura que lo cubría suavemente para hacerlo dormir por la eternidad.
Sentado en su escritorio escribía sin parar todo lo que se había traído desde antes de morir, soltaba palabras al azar y escribía desesperadamente como si lo estuviesen apresurando. Llevaba miedo, rabia, decepción y muchos otros sentimientos en cada palabra que escribía, todos esos años habían sido en vano y lo serían nuevamente si desaprovechaba la oportunidad que se le había dado sin preguntarse tanto el cómo había llegado hasta donde estaba.
Hubo un momento en el que dejó de escribir y solo sostuvo el lápiz que tenía en su mano, al caer nuevamente en sí y revisar la libreta había escrito al menos unas cuarenta paginas o más de pura información, era justamente como un escritor cuando está inspirado y nadie puede sacarlo de ese mundo de su cabeza. Jugueteaba con el lápiz mientras pensaba en qué más podría escribir que le sirviera, pero las ideas no fluían muy bien, haber escrito demasiado le había dejado en blanco así que decidió levantarse de su escritorio y acercarse para observar por la ventana un momento. Se veía el frío que había a las afueras de las calles, todos caminaban normalmente, sin miedo o temor de ser asesinados, si preocuparse por nada que no fuese sumamente importante para ellos.
Mientras que Devon escudriñaba en lo más profundo de su ser intentando encontrar información, o argumentos lógicos que explicaran su situación actual.
“Considerando mi situación actual cualquiera se olvidaría del pasado —pensaba. —Podría estar felizmente con mis padres y seguramente viviría hasta tener treinta y tres de nuevo. Dejaría las preocupaciones y me marcharía de la ciudad dejándole a otro las cargas que tengo, pero… ¿Podría hacerlo? Dudo… dudo que mi corazón sea tan débil, aun así, no quiero morir nuevamente sabiendo que esta podría ser mi última oportunidad para vencer —abrió la ventana dejando pasar las frías ventiscas a su habitación y se quedó observando el cielo. —Con tu ayuda o sin tu ayuda lo encontraré —volvió a pensar, esta vez dirigiéndose a ese Dios del que suele dudar en ocasiones. —Aunque no me ayudes, déjame estar un momento más aquí y hallaré a ese mal nacido de una buena vez”.