—Su hijo es muy brillante señorita Clingston —dice Ernest luego de saborear el exquisito café que la madre de George le había preparado. Se encontraban en la sala, Ernest sentado en el sofá individual mientras que George estaba en el sofá más grande observándole de manera nada amistosa. Algún tipo de mal presentimiento le daba, y sobre todo el hecho de que fuese enviado por su profesor de literatura para vigilarle le caía peor todavía. —Vamos —dijo la madre de George en respuesta al halago de Ernest. —no sea tan formal, de hecho, me alegra que mi hijo reciba tal atención de sus profesores. Siempre le gustó leer desde muy pequeño, más que los videojuegos o salir con sus amigos y sabía que llegaría a ser un erudito algún día —George suelta una pequeña risa sarcástica y su madre lo observa

