Irene
La mañana hizo su aparición, que las aves comenzaron su cantar dónde fui abriendo los ojos de a poco estirando mi cuerpo dónde sentí que no me podía mover tanto; que al detallar vislumbre la silueta de un hombre sin camisa y solo con un pantalón de pijama. Enseguida me sonroje por saber ¿Quién era? Y es nada menos que Luciano, tape mi boca no podía creer que sea él y más en mi dormitorio.
Estoy comenzando a pensar, que es sonámbulo porque anoche yo me fui a acostar sola; y él no había llegado a la hacienda todavía tragué un poco para ponerme de lado en la posición que estaba dándole la espalda encontrando la manera de salir. Cuando estaba quitando sus manos de mi cintura, noté un gruñido de negación por su parte donde coloco sus manos tocando una mi seno y la otra mi abdomen sobre mi vestido de dormir; dejándome sin aire trate de no gritar pero lo que hizo después me hizo explotar.
— Deja de moverte… eres mía. —Soltó gruñendo al presionar mi seno y suspirado en mi oreja.
— Suéltame Luciano. —Hable con voz dura, causando que me soltará rápido y yo salir de la cama, respirando mejor ¡esto no puede ser cierto!
Al verlo estar sentado en mi cama, pude ver qué estaba dormido aún y lo que dijo fue producto de su sueño, espero que sea así. Respiré hondo tocando mi pecho, que él se puso de pie acercándose a mí.
— Irene lo siento por asustarte, pero no podía dormir anoche y tuve que…
Se quedó tocando su cabello, mientras buscaba las palabras adecuadas de decirme, que solo baje la mirada y respiré hondo para hablar.
— Buenos días Luciano, sabes esperaba verte pero no en mi cama, así que mejor dejemos el asunto. — aclaré sin ganas de seguir, pero el me miró fijamente con su estado de seriedad.
— Irene de verdad discúlpame por no cenar contigo anoche, como siempre lo hacemos, y lo otro te lo diré, no me gusta quedar corto en la conversación. — objeto y ya mirarlo enseguida.
— Esta bien… te escucho Luciano. —
—Pues… resulta mi chica, que llegue pasado de copas anoche, estaba con Romeo mi colega de la empresa y no me di cuenta de la hora, hasta que recibí una llamada de mi Nana y por eso volví, al llegar fue tarde que estaba en mi cuarto durmiendo pero…. — volvió a parar de hablar y yo decidí suspirar por lo bajo.
—No importa Luciano, creo que es duro para ti; decir el motivo mejor pasemos página voy a prepararme para ir a desayunar e ir al campo. — Informe sería, pasando por un lado y llegar al baño, cuando siento que me toman del brazo y me hacen retroceder siendo abrazada de espaldas por él.
—Mi chica risueña me disculpo, pero no he terminado y no te dejare salir hasta que me escuches. —Afirmo y yo tragar un poco al tener sus manos en mis caderas y yo estar inmóvil.
Solo asentí para escucharlo.
— Al no poder dormir, vine directo aquí y lo hice pero no pasó nada que pueda hacerte daño, solo dormí a ti lado. — dijo al besar mi cuello y yo estremecerme.
Continuó besando mi cuello y hombro a la par haciendo que mi respiración se agitará de forma tan fuerte, no podía quejarme me gustaba como me besaba y acariciaba con sus manos; pero no podía llegar a más no me sienta lista en dar ese paso. Cuando estaba subiendo su mano derecha sobre mi vestido para elevarlo al segundo r besando mi cuello con gusto, le quite sus manos separándome de el rápidamente para ver sus ojos verdes tan llenos de brillo y algo más; que no puedo descifrar.
— Luciano debes parar… esto no está bien. —Solté tratando de respirar y él acercarse a mí, pero yo retroceder.
— ¿Por qué no?
— Porque … no podemos, además aún no me has dicho ¿que soy yo en tu vida? Luciano, no nada más decir ¡mi mujer!. — Recordé las palabras de la Sra. Coppola.
Fue cuándo dejo de caminar hacia mi, dónde pude estar tranquila y detalle que se revolvió el cabello y negó levemente pensando en mi Pregunta.
— Irene eres mi mujer y eso no se discute. —Espeto y yo estar sería por decir eso.
— Lo siento Luciano, pero no lo soy, ni tampoco propiedad de nadie, así que es mejor que te vayas de mi dormitorio por favor. — le informe molesta y él estar confundido por mi reacción.
— Pero…Irene…
— Hazlo Luciano. — me voltee dándole la espalda para que se vaya, a los pocos segundos oí la puerta ser abierta y luego cerrarse.
Al mirar el lugar, ya no estaba me encontraba sola fui al baño me cepille los dientes y tome una ducha de una hora, al salir tome ropa del armario poniéndome un jean n***o cómodo para trabajar, blusa de color morado con diseño de Londres, botas de cuero negra especiales para el campo, cepille mi cabello haciendo una cola de caballo me coloque protector labial para la resequedad del mismo sol y salí del cuarto después de haberlo ordenado antes.
Cuando salí camine por el pasillo rumbo a la cocina, dónde pude ver a tres personas trabajar incluyendo a la señora Coppola, esmerada colocando todo en la bandeja, para ser llevada al comedor donde comerá el jefe de la casa, al ella darse cuenta de mi presencia se acercó a mi.
— Buenos días Irene, que tal pudiste dormir. — le sonreí y le di un abrazo para verla nuevamente.
— Sí lo suficiente señora Coppola, iré a comer algo rápido para ir directo al campo. —Aclare y ella mirarme confundida y preocupada a la vez.
— Cariño ¿vas desayunar en el comedor? — pregunto y yo negar rápidamente.
— No… solo ponga mi desayuno para llegar, debo ir al campo hay mucho trabajo. — Pedí y ella se quedó extrañada, pero fue hacerlo.
Pude respirar un poco, no duro más de cinco minutos y me entrego mi comida en un compartimiento especial para eso, le agradecí y salí rápido para no toparme con Luciano deseaba que pasará. Media hora después, pude llegar al campo de uvas, y los trabajadores estaban juntos bajo un árbol desayunando al verme llegar, me pidieron que me sentará a comer lo cual hice; agradeciéndoles para comenzar a comer el desayuno que por cierto estaba delicioso; pan tostado con huevo y tocino aparte jugo de fresa en un envase disfrute a gusto con mis compañeros, escuchando sus bromas y anécdotas vividas.
Luciano
Después de salir del dormitorio de Irene, me tomé una ducha relajante por el ambiente que tuvimos al ella despertar Rayos… esto fue una tontería mía de ir allá; debí quedarme aquí pero hice lo contrario pensaba mientras el agua recorría mi cuerpo en la ducha, el vapor traspasaba el mismo vidrio de cristal, dure una hora para relajar mi cabeza el dolor cedió ahora tengo hambre. Al salir, con mi toalla en la cintura y otra secando mi cabello; fui a mi cuarto de armario gigante con todo lo que requería para estar siempre elegante en toda ocasión opte por un pantalón marrón y camisa blanca sin corbata, flu del mismo color de mi pantalón.
Me dedique a estar listo incluso mi loción de menta y mirra que destaca mi personalidad, peine mi cabello hacia atrás que al estar listo; salí con mi teléfono en mano, llaves del auto y portafolio n***o baje al comedor donde al llegar, note mi desayuno listo para comer; pero Irene no estaba desayunando eso me alteró de gran manera que coloque mi portafolio en el suelo al lado de la silla que tome asiento, el celular lo coloque en el bolsillo de mi saco esperando a que llegue mi Nana para saber de ¿Irene?
Comencé a comer mi tocino y pan tostado untándolo con mermelada de fresa, cuando veo a mi Nana venir a saludar procedí a comer el pan mirando su sonrisa de cada mañana.
— Buenos días Luciano, te encuentras bien de la resaca. —Dijo y yo la mire dejando de comer.
— Sí el dolor de cabeza se fue, solo tengo mucha sed Nana. —Aclare, y ella estar tranquila.
— Es un alivio, recibí una llamada de tu Padre dice que te espera para una reunión con unos Inversionistas árabes . — me informo y yo respirar hondo, ya después resolveré ese asunto con mi Padre.
— Gracias Nana por decirme, pero ahora quiero saber, ¿Por qué Irene no vino a comer al comedor? —Pregunte serio y ella solo bajar la mirada viéndome después.
— Lo siento Luciano, pero pensé que ella te dijo que no iba a comer aquí. — soltó y yo fruncir el ceño y apretar mis puños.
— Con que es así… perfecto gracias por decirme, dime está en el campo de viñedo. —
— Sí, incluso se llevó el desayuno para comer seguro por allá. — Eso no me gustó, que me puse de pie. — Luciano por favor déjala tranquila seguro están trabajando, no es bueno hacer un escándalo frente ellos. — Concluyó y solo sonreí de lado tomando mi portafolio.
— No tengo hambre Nana, y descuida no haré nada solo dile a Irene que la vendré a buscar a las ocho en punto, y mándala con la estilista de la ciudad será elegante. — anuncie y ella asentir a mi orden.
Cuando estaba llegando a la puerta escucho la voz de mi Nana nuevamente.
—
Luciano dale el lugar a Irene o sino olvida esas reacciones y déjala en paz, es una chica que viene de muy lejos buscando un futuro para ella y su hermana mayor. — Dijo y yo la observe detenidamente, notando la sinceridad de sus palabras.
— No te preocupes Nana, Irene es mucho más que mi mujer por eso hoy resolveré su duda. — Confesé serio y ella ampliar sus ojos. — me retiro feliz mañana Nana.
Salí de casa para ir al garaje, saque mis llaves y active el botón para abrir las puertas observando mi auto n***o, active la alarme y fui directo a ocupar mi asiento. Ya estar en mi puesto di marcha el auto, saliendo de la hacienda admirando la vista de mis campos de viñedos, grandes hectáreas de puro fruto, que hace crecer la empresa de mis abuelos Paternos tantos años ellos le dedicaron a esta tierra; dejando memorias de cada uno de ellos y sus trabajadores sonreí de lado recordando cuando era un bambino, corriendo por todas partes en busca de ayudar a mi abuelo en su cosecha; ya que siempre iba a recolectar con los demás obreros sin tener que hacerlo pero eso le gustaba llenando su espíritu libre siempre quise ser como él.
A pesar de los pensamientos de mi Padre, mi Madre lo persuadía para que fuera libre en toda mi infancia y gracias a ella no he perdido el sentido de ser aventurero; son muchas cosas que mi Madre sembró en mi vida sin olvidar el ingrediente secreto su “Amor por la tierra”. Pensaba en todo esto, al manejar rumbo a la empresa donde mi día se llenaba de estrés gracias a una persona mi Padre.
(…)
Por suerte la vía fue fluida, para llegar a mi destino me estacioné en mi puesto de siempre dejando todo en orden, que salí con elegancia llevando mis cosas; dónde me puse a caminar ingresando a la empresa Bicchieri Rinaldi un edificio grande n***o por fuera y cristales de la más alta gama, puertas giratoria para todo los trabajadores e invitados que vinieran a conocerla.
Al pasar por los pasillos, todos los trabajadores me saludaban amablemente y solo asentía con mi cabeza en forma de saludo ese era mi día tuvimos la suerte de buenos obreros que siempre hacen su trabajo. A pesar de algunos supervisores de las áreas, que les encanta mandar pero no cumplir su labor, voy a erradicar eso pronto todo tiene que ser un balance, nada de más para uno y el otro solo flojear eso lo detesto.
Al pisar mi oficina me recibe mi secretaria de edad mayor; hermana de mi Nana, la mejor en su trabajo se puede decir le di un saludo a para llegar a mi escritorio y ella tener su Tablet con todo mi largo trabajo que me toca realizar.
— Buenos días señor Rinaldi, hoy tiene reunión con los ejecutivos árabes junto al Presidente. — Ella hablo claro y yo estando sentado me frustre un poco, debo hablar con mi Padre.
— Entiendo … que más tengo en mi agenda Luz. — Dije y ella volvió a ver su Tablet.
—
Pues … después de eso, debe ir al área de laboratorio del vino y ver cómo la fórmula nueva que se está ejecutando. Luego tiene un almuerzo con un socio de la india para renovar su alianza para mandar más vinos de calidad en su país. — al finalizar asentí serio meditando en mi día.
— Muchas gracias señora Luz, manténgame siempre informado de todo y más ese almuerzo; iré a ver a mi Padre justo ahora. — Informe y ella asentir para luego irse de mi oficina dejándome solo.
Solté el aire que retuve, debo calmarme para hablar con mi Padre de esa asociación con los árabes que no veo conveniente, y más por su presidente empresarial he escuchado que hace negocios turbios, y no quiero que la empresa de mi familia se vea afectada de gran manera, sabiendo que mi abuelo le costó mucho ser lo que ahora es. — Meditaba estás cosas, cuando me viene un recuerdo de como desperté al lado de Irene y su cálido olor a fresas y miel silvestre suspiré hondo cerrando mis ojos.
Al abrirlos negué momentáneamente debo hablar con ella sobre su pregunta de esta mañana que me ha dejado inquieto, es cuando suena mi celular y al ver la pantalla es alguien de mi pasado, que no cansa de buscarme bufé por lo bajo, tomando la llamada.
— ¿Qué quieres?
— Vamos así me tratas Dolcezza.
— Habla no tengo tiempo Fiorella. — bufé tocando mi frente.
— Hay… te saldrán arrugas Dolcezza, bueno solo confórmate con saber que nos veremos pronto.
Al decir eso me asqueo de rabia, no quiero que venga a Italia y menos amargar mi vida, la conozco y debo ponerle un alto y más cuando sepa, que no la quiero a ella sino a Irene.
— Bambino estás ahí.
— Para mí desgracia si, solo seré directo Fiorella no te quiero aquí y si lo haces; vete preparando para lo que vas a ver.
— ¿Para ver que? Luciano. — Dijo, y yo colgué no le iba a dar detalles, solo espero tomé mi consejo y no venga a Italia.
Dejé mi teléfono, para salir de mi oficina amplia al encontrarme a Luz afuera; ya que su pequeño cubículo estaba ahí me miró y sonrió amable que sólo asentí para tomar mi camino al ascensor.
Estando adentro pulse el último botón que era el presidencial dónde espere breves minutos, apenas salí recorrí el largo pasillo llegando a la puerta grande de madera pulida traída de Francia, su secretaria no estaba afuera en su puesto, no le di importancia así que toque la puerta ganándome un “Pase” y tome el pomo entrando para ver a mi Padre relajado en su silla y su secretaria llamativa a su lado, dándole su café que al verme se puso seria, salió rápidamente dejándome con mi padre solo.