La cálida luz del restaurante envolvía la mesa donde ahora se sentaban Axel, Emily, Sophie Agnes y Carlos. A pesar del ambiente acogedor, la tensión era palpable, aunque disfrazada de conversaciones triviales y sonrisas corteses. Axel, acostumbrado a negociaciones duras y reuniones frías, se encontraba en un terreno desconocido, enfrentando algo mucho más complicado: una niña curiosa y una mujer que provocaba en él emociones que no comprendía del todo. Carlos, satisfecho con su improvisada jugada para alejar a Helena, ocupó su lugar con una sonrisa triunfal, dispuesto a disfrutar del espectáculo que seguramente se desarrollaría frente a él. —Bueno, ¿qué tal si pedimos algo para comer? —sugirió Carlos, hojeando el menú como si estuviera en su elemento. Emily se removió ligeramente en su

