HUGO DI SANTI Valeri me observa mientras desciendo por sus pechos y me prendo de sus picos. Jadea completamente excitada. Su cabellera rojiza se expande en la almohada de seda oscura. Dando un contraste perfecto. Su piel se siente fría. Piel pálida y lechosa. Admito que sus palabras me dejaron desconcertado por un instante. Una virgen. No creí que existiera esa palabra ya en este mundo infernal. Y menos que viniera de una persona como Valeri Petrov. Imposible. Una mujer con su belleza puede tener al hombre que quiera a sus pies. Los hombres deberían hacer fila solo para obtener una mirada. No sé qué ha hecho todo este tiempo con su vida. Por que si nos conociéramos desde antes, ya le habría enseñado una y mil formas de volver loco a los hombres. Le habría abierto la mente

