CAPÍTULO 2

1298 Words
HUGO DI SANTI –Que las joyas sean llevadas al puerto en donde uno de los hombres de Hernesto las recogerá y trasladará a Marruecos– expuso el aire de mi tabaco y me reclino en el mueble de cuero. –Sí señor. Estamos en camino. El señor Leonardo nos acompaña– observo el aparato que está en manos libres. Otro cargamento que llegará perfectamente a su dueño. Las esmeraldas últimamente han sido las piedras más codiciadas por mi clientes y qué mejor que yo para surtirlos. Extiendo la mano para tomar el vaso de Whisky que me quema la garganta. La botella llega a la mitad lo que me indica que he pasado mucho tiempo en este lugar. –Señor. La señorita Sofía se quedó en la mansión revisando las próximas entregas que vendrán por aire. Esta vez el cliente pidió perlar– extiendo la mano cortando la llamada, mi mirada decae en la mujer que está catando mi polla con mucho brío. Sus labios están muy hinchados por chuparmela. Sus ojos marrones me determinan y yo solo puedo fruncir el ceño. –¿Es todo? Crei contratar a la mejor, pero creo que me equivoqué– su ceño se frunce y vuelve a profanarme en su caliente boca. Esta vez combinado entre subducción y lamidas. Sus manos permanecen atadas tras su espalda, lo que le imposibilita un poco la acción. Su cabello oscuro golpea su rostro, sus pechos se mueven más fuerte cuando engulle dejando mi vrga en su garganta. Me mira y cuando no se puede contener más se aleja ensuciándose de mi semen que chorrea sus pechos y algunas partes del suelo. Cae de lado con una sonrisa en el rostro. El rimel se le ha corrido completamente, lo mismo que el labial. –Ahora puedes retractarte de tus palabras– me pongo de pie guardando mi polla. Tomo la chaqueta de cuero que está a un lado y me la coloco. El arma que permanece en la mesa la guardo tras mi espalda. –Jamás me retracto de lo que digo– llevo las manos a mi billetera y dejo un par de billetes de cien sobre la mesa. La mujer permanece en la misma posición completamente desnuda. Miro la hora afirmando mis palabras. –Que te hayas tomado media hora hacerme correr, me reafirma tu ineptitud. Dile a Marcelo que para la próxima me ofrezca algo mejor– abro la puerta y hago una señal con la mirada para que mis hombres me sigan. La música resuena en el lugar logrando que mis tímpanos casi exploten. Siempre pido habitaciones VIP. El silencio es mi mejor compañero de vida. Salgo del bar, en la salida me espera mi jefe de seguridad que abre mi puerta. –¿Logró quitarte el dolor de cabeza?– subo, me recuesto en el asiento. –Lo empeoró– sonríe cerrando la puerta y subiendo de copiloto. El camino es rápido y para cuando llegamos soy recibido por Sofía que viste un abrigo de lana grande. Los inviernos por aquí son muy fuertes. Carlos, mi jefe de seguridad abre la puerta del auto y salgo. –Información– me encamino a la entrada en grandes zancadas. –Un. Hola Sofía, no me vendría mal– me llevo las manos a los bolsillos aguantando su mal chiste. –Creo que leeré el reporte que de seguro dejaste en mi escritorio– la mujer de cabellera corta de chocolate tuerce los ojos. No me van los saludos ni las cosas triviales de las que hablan hoy en día. Desde muy joven empecé a trabajar. Sin tener un tiempo libre. Simplemente me rompí los nudillos para estar en el lugar que estoy. Tráfico con joyas y armas, lo segundo no lo practico mucho, pero en cierta ocasiones lo uso. Los años me han sentado un carácter de mierda. Me es muy fácil acabar lo que se me ponga por delante, no distingo género ni r**a. Lo que vea como amenaza lo aniquilo y lo aparto de mi camino. Fin. Sofía me mira con cara de pocos amigos. La conozco desde hace 11 años y cada año se pone más fastidiosa, pero me es muy leal, al igual que su hermano. Los conocí cuando Leonardo, su hermano mayor, asesinó a su padre quien los maltrataba y era un drogadicto. Un golpe en la cabeza con un ladrillo me pareció muy suave para un hombre como él. –Sí, dejé un informe en la mesa pero te lo resumo para que puedas descansar– Se quita la chaqueta mostrando una blusa blanca de tiras finas que apenas le llega al ombligo. No queda nada de la chiquilla que conocí. Me cruzo de brazos esperando el reporte. Miro su rostro esperando una respuesta. Sé lo que está haciendo pero me concentro en lo que tiene para decirme. –Como sabes nos pidieron un encargo de perlas. El cliente adicional preguntó si sería posible bajar el precio ya que él mismo se va a encargar del traslado– al ver la expresión en mi rostro no hace falta que dé una respuesta. –Lo sé y se lo dije, pero insiste. Además de eso los rusos enviaron una advertencia. Dicen que nos estamos metiendo en sus terrenos ofreciendo armas a sus clientes. Los Romanov no son como los King, estos si son capaces de formar una guerra, y sabes perfectamente que no nos caracterizamos por eso– Llevo la mano a mi barbilla. Los Romanov son gente de poder. Luego de la muerte de Antón Romanov la mafia rusa escaló un piso en cuanto a poder y riquezas. Damien romanov es quien gobierna la mafia rusa y no lo ha hecho mal. No hay hijo varón quien tome el poder, es por eso que están agilizando sus alianzas. Aun así no me intimidan. –Que las armas se sigan distribuyendo pero que los compradores firmen documentos dejandolos como nuestros cliente, procura que estos no estén relacionados con los Romanov. Y envía un mensaje de mi parte al Pakhan– toma su celular. –Que no me amenace porque no soy uno de sus lacayos– asiente tomando nota de todo. Cuando no hay más que reportar me alejo, pero su mano se interpone en mi camino. Me sujeta de la chaqueta acercándose de manera poco sutil. –Supe de uno de los soldados que fuiste al bar a divertirte un poco– lleva las manos a mis hombros y se acerca más empezando con la jugarreta de siempre. No me gusta como mujer, no es por su físico, porque es una mujer muy hermosa, pero es una de mis más leales compañeras y eso rompe con cualquier magia. Además de que no me van las chiquillas pubertas. –Dime el nombre para pegarle un tiro en la frente– sujeto su brazo para que se detenga. Sus labios se curvan en una sonrisa. –Acaso ella pudo llevarte al éxtasis– sus ojos marrones se oscurecen más. –Dime Hugo. Ella si pudo complacerte como te mereces– mi cabeza se inclina observando cómo sus párpados se cierran ante mi tacto. Mi brazo envuelve a su cintura y en un ágil movimiento dejo su cuerpo sobre el escritorio. Sus manos se aferran a mis hombros. Me acerco a su cuello inhalando su aroma. Su cuerpo tiembla en segundos, así que continúo. –Sofía.. – susurro en su oído apreciando como su piel se eriza. Mis manos bajan a su cintura y presionan fuerte logrando que un gemido escape de sus labios. Suelta mi nombre en un susurro. –No vuelvas a meterte en mis asuntos o voy a olvidarme del poco aprecio que te tengo– me alejo furioso. Sus niñerias empiezan a hartarme.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD