CAPÍTULO 3

1023 Words
BLANCA KING –¿Mi hermano va a mudarse de la mansión y, papá está al tanto?– degusto la ensalada en mi plato. Mi madre niega. Lo imaginaba. Mi hermano será el próximo líder de la mafia de New York. Ahora más que nunca debe permanecer en la mansión cerca de la organización, pero esta noticia no va a contentar a nuestro padre, Salvatore King. Mi madre se sirve un poco de jugo de uva. La entiendo, está preocupada. Mi hermano corre peligro si sale de este lugar. Todos los enemigos de padre apuntan al futuro líder de la organización. Creo que tendré que hablar con él. –Tu hermano le está dando dolor de cabeza a tu padre y a mí. Intenté persuadirlo pero nada parece hacerlo cambiar de parecer. Es terco como tu padre– sonrío. –Hablaré con él cuando llegue– mi madre me agradece. Terminamos de almorzar y me dirijo al área de la piscina. Tomo el libro que dejé ayer y paso las páginas buscando en donde me quedé. Me relajo en el mundo de la lectura que no me doy cuenta del tiempo en el que paso aquí. Un ruido llama mi atención. –¡Pero nada Batian!. Estás pensado en el peligro que encontrarás ahí fuera– Padre. Me pongo de pie. ¿En qué momento llegó que no me di cuenta?. Corro por los pasillos y me encuentro a mi padre y hermano. Están en la sala. Madre está a un lado tratando de calmar a nuestro padre. Su presión se puede subir y no queremos eso. –Padre– mira en mi dirección y su enfado merma. –Es una decisión que ya tomé. Necesito construir un nombre en esta organización. No quiero ser el chiquillo que tomó el poder estando encerrado entre las faldas de su padre– Bastian se pasa la mano por la cabeza peinando su cabellera oscura. Sus ojos azules brillan más que nunca, tomando el tono de mamá. –¿¡Quién se podría atrever a decir eso!?. Dime el jodido nombre y lo aniquilo– ruge padre. Una sonrisa amarga tilda el rostro de mi hermano. –Lo ves, quieres que siga dependiendo de tí. Ya no soy un niño, soy el futuro líder de esta organización y necesito romper el cascarón en el que he estado metido. Permíteme independizarme o me voy por mis propios medios– finaliza antes de marcharse. –¡¡Chiquillo obstinado!!– grita padre. Me acerco poniendo las manos en su rostro e intento calmarlo. Madre hace lo mismo. Padre enfurece, sus ojos oscuros se tornan más sombríos. –Padre, entiende a Bastian. Él necesita su espacio y..- se altera y me aparta. Mis tacones bajos resbalan en la baldosa pulida y creo que estoy a punto de caer. Mi padre me sujeta enseguida preso de la acción que acaba de cometer. Lo veo en sus ojos, pero no le doy importancia, sé que no fue con intención, así que no me preocupo. –Por Dios cariño estás bien, lo siento– acuna mi rostro con sus manos, asiento otra vez. Sí, la niña de papá. –Estoy bien– une su frente a la mía y suspira. Es un gesto que siempre hace conmigo. –Ve a descansar. Hablaré con tu madre de esto– intento negar pero madre también piensa lo mismo. Vencida me dirijo a mi habitación a encerrarme. Me tiro en el suave colchón, me recuesto boca abajo dejando que pase ya no se cuando tiempo. La mansión se me hace pequeña con cada tiempo que pasa. Estoy a punto de entrar a la universidad, fui aceptada en Arcadia, en Suecia, en la carrera de jurisprudencia. Mis padres no lo saben aún, porque frente a ellos postulé en una universidad de la ciudad. No sé cómo vaya a reaccionar padre con la noticia, pero ansío conocer más lugares que esta mansión y la de mi padrino Renzo. Ivan no puede ser el único amigo masculino que puedo tener. Una sombra se posa en el umbral de mi puerta. –Puedo pasar– Bastian toca levemente la madera. –Mi paga– lanza una tableta de chocolate a mis manos. La atrapo al vuelo. –Pasa– camina hasta quedarse de pie en unos de mis sillones blancos. Se cambió de ropa, dejó el traje informal que usaba y ahora porta uno a la medida en color oscuro. Casi parecido a los de padre. Sus ojos azules resaltan más con el color. –Cómo estás– levanto una ceja mientras me deshago de la envoltura del dulce. –Papá está muy molesto, más que cuando salieron del país tú e Ivan, siendo menores de edad– parto la tableta llevándola a mi boca. El sabor explota. Simplemente delicioso. –Pregunté por tí, zanahoria. Padre puede estar molesto todo lo que quiera, ya tomé mi decisión– dejo el chocolate a un lado. –Estoy bien, como ves, sigo siendo la pequeña Blanca que a sus ojos no crece– su labios se curvan en una sonrisa. –Sí, lo eres. Así será incluso cuando te cases– no me parece gracioso. Lo fulmino con la mirada. –Tal vez yo también huya buscando mi camino. Al igual que tú– su sonrisa desaparece. Se pone de pie viéndose más serio. Niega. –Tú te quedas aquí Blanca. Si desapareces te cazo y te traigo arrastras– lo dice muy en serio, no quiero discutir con él así que me encojo de hombros. Ya tengo planeado lo que voy hacer y esta vez no me voy a contener y pensar en los demás. –Blanca…- –Si, si. Cuando te vayas cierra la puerta– me cubro con la manta. Su presencia permanece en la habitación por unos minutos más antes de marcharse. Le pondré picante a su comida cuando cenemos. Tomo una pequeña siesta, me ducho y me preparo para sentarme en la mesa. Cruzo el umbral cuando escucho el grito de padre. –¡Se largó!. Batian se fue de la casa– carajo.
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