Punto de vista de Dominic.
El resplandor de la ciudad se filtraba por la ventana, pero mi mente estaba atrapada en el recuerdo de esa sensual y enigmática bailarina, aún podía sentir el calor de su piel bajo mis dedos y ese embriagador perfume que no dejaba de mandarme descargas eléctricas por todo mi cuerpo. Alexandra me había impactado de sobremanera, a pesar de qué sólo se trataba de una bailarina exótica, esa mujer tenía algo especial. Nunca antes ninguna mujer había despertado en mí la necesidad de tenerla cerca, de volver a verla. Por lo regular, era suficiente con tenerla en mi cama una noche para que me olvidara completamente de ella sin importar el tipo de mujer que se tratara, sin embargo, estaba seguro que con Alexandra las cosas serían completamente diferentes, pues necesitaba fervientemente saciar ese deseo que me estaba consumiendo por dentro. Me puse de pie y observé mi imagen en el espejo, aún conservaba el sabor de sus labios que con sólo recordarlo fue suficiente para que mi cuerpo reaccionara de manera automática a través de una creciente excitación.
—Tengo que volver a verla— pensé con las hormonas a flor de piel.
Estaba seguro que esa sería una noche muy larga, por lo que sería necesario darme un buen baño de agua fría para calmar ese fuego que se había extendido por todo mi cuerpo, era un hombre acostumbrado a tener a la mujer que se me diera la gana, pero en ese momento a la única que necesitaba era a ella, a Alexandra, así que al día siguiente procuraría hacerlo necesario para estar con ella, sabía que no le era para nada indiferente, lo pude notar en la manera en la que temblaba mientras la tocaba, o la forma en que me veía, había deseo en sus ojos, eso sin duda, y que decir de la forma en la que correspondió a aquel beso apasionado que le robé. Estaba perdido en mis pensamientos cuando de repente mi teléfono comenzó a sonar, lo tomé para ver de quién se trataba y me llevé una gran sorpresa al ver en la pantalla del móvil el nombre de mi abuela, la matriarca formidable de los Archer, una mujer tan adorable pero de armas tomar, a quien no se le podía llevar la contraria. Me sobresalté, pues últimamente le había dado por presentarme a diferentes prospectos para que se convirtieran en mi pareja, una relación estable era lo que yo menos necesitaba, ¿Pero cómo podía hacérselo entender?, Estaba empeñada en que había llegado el momento de sentar cabeza, de establecerme como un hombre de familia, pues mi estatus así lo requería, y como gran CEO del emporio más grande a nivel internacional, tenía que hacer lo que se esperaba de mí, aún cuando aquello no cumpliera para nada con mis expectativas. Apreté el teléfono con fuerza y por fin me decidía contestar.
—Dominic, cariño ¿Hasta cuándo pensabas llamar a tu abuela?, ¿No será que te estás escondiendo de mí?— Interrogaba insistentemente.
—Qué cosas dices, abuela, ya sabes cómo son las cosas cuando eres el presidente de las empresas Archer, tú mejor que nadie deberías entenderme— le contesté en el tono más neutral que me fue posible.
—Pero la familia es la familia, querido, así que espero que hagas un espacio en tu apretada agenda para venir a cenar con tu vieja abuela mañana en la noche, y no acepto un no como respuesta, por acá nos vemos y por favor trata de llegar temprano— sentenció para después cortar la comunicación.
Lo que me faltaba, tener que lidiar con las acciones raras de la abuela, seguramente me presentaría a una de esas formidables candidatas que a ella se le ocurrían, mujeres extremadamente aburridas con el único atractivo de pertenecer a las mejores familias, lo cual me tenía completamente sin cuidado, pues a la hora de llevarme a una mujer a la cama era lo menos que me fijaba, además para nada me resultaba atractiva la idea de casarme y amarrarme a una sola fémina pudiendo disfrutar el placer infinito de varios cuerpos cada vez que se me antojara, pero en fin, a la abuela era mejor seguirle la corriente, porque de lo contrario me tendría que enfrentar a consecuencias que quizá para nada me gustarían. Lo que más me molestaba era que el tema de Alexandra tenía que esperar, pues ahora debía concentrarme en salir de los enredos que seguramente mi querida abuelita me proporcionaría, pero tarde o temprano me enfocaría en lo realmente importante para mí en ese momento, Alexandra, la bella y maravillosa Alexandra con la que sin duda alguna daría rienda suelta a la pasión cumpliendo cada una de las fantasías que se me estaban ocurriendo. A la mañana siguiente, elegí de mi guardarropa uno de los trajes más elegantes, quería causar una buena impresión ante mi abuela y sus invitados, a final de cuentas, los Archer siempre nos habíamos caracterizado por el buen gusto y la sofisticación. Tenía demasiados pretendientes, por lo que seguramente el día transcurriría de manera rápida, necesitaba que así fuera, pues las imágenes del cuerpo semidesnudo de Alexandra pasaban por mi cabeza una y otra vez causándome una terrible distracción y una incomodidad ferviente que crecía bajo mis pantalones. Fui de reunión en reunión, firma de papeles y negociaciones importantes, pero cuando al fin tuve un poco de descanso, Lucas, mi mejor amigo se hizo presente en la oficina.
—Pero mira nada más que carita traes, casanova, así de buena ha de haber estado tu noche que ni siquiera te dio tiempo de reponerte para venir a la empresa— me dijo con una sonrisa socarrona en el rostro.
—Ojalá hubiera sido por eso, pero no, estoy así porque hoy en la noche tengo que ir a la casa de mi abuela, y ya sabes cómo se las gasta nuestra querida Sra. Archer, no pierde la oportunidad para buscarme novia— me lamenté delante de él.
Lucas dejó salir una sonora carcajada, sabía perfectamente los juegos y enredos que se le ocurrían a la venerable matriarca de los Archer.
—Ay hermano, te compadezco, siento que esta vez no te vas a escapar y vas a terminar casado con una de esas santurronas con cara de qué no rompen un plato, pero, ¿Quién te dice?, Capaz que te salga bastante fogosa en la cama. Eso sí, tendrías que ponerte una venda en los ojos, porque las últimas mujeres que te ha presentado tu abuela, la verdad es que no son muy agraciadas que digamos— se burló descaradamente.
Él comenzó a reír y yo no perdí la oportunidad para lanzarle la pelota anti-estrés que traía en la mano y con la que había estado intentando sacar la frustración que sentía, odiaba que las cosas no estuvieran bajo mi control, pues estaba acostumbrado a llevar el ritmo de todo lo que se movía a mi alrededor, pero cuando se trataba de mi abuela, eso era prácticamente imposible.
—Espero que te sigas burlando cuando me acompañes hoy en la noche a la reunión familiar— solté de repente dejándolo estupefacto.
—¿Qué?, No no no, tú estás loco, a mí ni me mires, yo no pienso acompañarme, quiero mucho a la señora Angela, pero no quiero que también se le vaya ocurrir intentar emparejarme a mí, así que no cuentes conmigo— replicó Lucas intentando zafarse.
—No seas cobarde, Lucas, a ti siempre se te ocurren buenas ideas para salir bien librado de la situación, así que tienes que ir conmigo a esa cena te guste o no— le dije.
Lucas se puso de pie dispuesto a salir corriendo para escaparse de esa encrucijada a la que prácticamente lo estaba obligando, y entonces una idea cruzó por mi mente, rápidamente llamé a la mansión de los Archer, sabía perfectamente que mi abuela me contestaría, así que sin perder tiempo empecé a platicar con ella.
—Abuela, ¿Vas a querer que lleve algo especial esta noche?— Le pregunté.
Lucas me miraba como león enjaulado a punto de atacar, haciéndome señales para que no hiciera lo que sabía perfectamente que estaba apunto de llevar a cabo.
—Muy bien, fíjate que se me ocurrió invitar a Lucas a la cena, ¿No te molesta verdad?— Le dije a propósito tratando de contener la risa que amenazaba con salir en forma de carcajada.
—Por supuesto que no, tú sabes que Lucas es de la familia, además pueda que también tenga una sorpresa para él— pronunció la abuela emocionada a través del altavoz de mi teléfono.
—Perfecto, abuelita, estoy seguro que él estará encantado con la sorpresa que le tengas preparada— contesté con actitud triunfante.
Corté la comunicación, y por supuesto que Lucas me veía como si quisiera matarme.
—Esta no te la voy a perdonar, Dominic, voy a buscar la manera de cobrármela, eso te lo juro— me dijo frunciendo el ceño en forma exagerada.
—Espero que tu prospecto a novia sea tan agraciada como las que me elige mi abuela a mí— me burlé sin poder evitarlo.
—No, si con esos amigos para que quieres enemigos, yo sólo soy el vicepresidente de esta compañía, no tengo por qué cargar con tus rollos familiares, así que en cuanto se empiecen a poner intensos en tu casa, yo me voy, y por supuesto que voy a disfrutar de la noche, porque tengo unas amigas que sólo están esperando a que yo las llame para que la pasemos muy bien, pero tú, tendrás que quedarte a cumplir como el gran CEO que eres, así que suerte, amigo— comentó Lucas dando su estocada final.
—Eso ya lo veremos, ya sabes cómo me las arreglo cuando se trata de escapar de esas reuniones— le dije tratando de reprimir la risa al ver la cara de terror que todavía tenía Lucas.
Finalmente la hora de la reunión llegó, me subí al lujoso auto que había elegido esa noche para ir a la mansión de los Archer, quería que el tráfico me impidiera llegar, que se formara el más grande de los embotellamientos, pero no, el maldito tráfico estaba más flexible que nunca, era como si todo estuviera con fabulado para que la abuela Angela se saliera con la suya, pero bueno, al mal paso era mejor darle prisa, total, ya se me ocurriría algo algo para escaparme. Bajé del vehículo y toqué el timbre, me recibió nuestro amable mayordomo con su calidez tan característica.—Bruno, dime por favor que las invitadas de mi abuela no están para llorar— Le pregunté en voz baja para que nadie pudiera escucharnos.
Bruno se me quedó mirando con ese típico semblante serio y formal, y por los gestos que hizo, mis temores más grandes se hicieron presentes en ese momento.
—Ay no, ya mejor no digas nada, con tu cara ya me lo dijiste todo— señalé.
—Pero por lo menos parecen buenas personas, joven Dominic— me dijo con sorna.
Mi cara se convirtió en todo un poema, no tenía ningún espejo frente a mí para verme, pero estaba seguro de qué mi abuela sería la primera en notarlo.
—Buenas noches a todos— saludé con gesto malhumorado.