Capítulo3

2738 Words
Todo se encontraba dispuesto tal como la abuela Angela lo había querido, la mesa elegantemente decorada, sus nietos Marian y Angel hermanos menores de Dominique se encontraban apostados uno a cada lado de la matriarca de la familia. – Cariño, qué bueno que ya llegaste, quiero presentarte a Karen, seguro tú ya la conoces porque ella proviene de una de las mejores familias de nuestro círculo – se escuchó la voz de Ángela y en su rostro se dibujaba una gran sonrisa que Dominique no tardó en advertir. El CEO frunció el gesto en señal de disgusto, porque, por supuesto que conocía a Karen Lawrence, y a su detestable familia también, no sólo era una mujer muy poco agraciada, sino de lo más prepotente y con la mentalidad de que todo el mundo era muy poca cosa en comparación con ella. – Claro que la conozco, abuela, ¿Cómo estás, Karen? – preguntó Dominic más por cortesía que por otra cosa. – Acabo de regresar de un retiro espiritual, a mamá le gusta que vayamos todas juntas, quisiéramos que papá pudiera acompañarnos pero él siempre está tan ocupado con sus negocios que difícilmente puede hacer espacio en su apretada agenda – explicó exagerando cada palabra. Por supuesto que su padre siempre estaba muy ocupado, pero no necesariamente resolviendo asuntos referentes a los negocios de la familia, sino exhibiéndose con sus múltiples amantes, todo mundo lo sabía, pero la familia Lawrence fingía demencia porque no les convenía perder el apoyo económico que el viejo les proporcionaba. Lucas no tardó en hacer su aparición, y a pesar que a la abuela no le hizo ninguna gracia que llegara tarde, era tan querido por cada uno de los miembros de la familia que le perdonaban casi cualquier cosa. – Buenas noches a todos, mis más sinceras disculpas por llegar tarde – dijo con toda la solemnidad que le fue posible. Al percatarse del peinado pasado de moda y del vestido exagerado de Karen, a Lucas le resultó prácticamente imposible contener la risa, miraba a los tres hermanos y todos intercambiaban miradas de complicidad, pues perfectamente sabían lo que se estaba gestando en la mente del sinvergüenza de Lucas. – Tienes que trabajar más en tu puntualidad, muchachito, a propósito, Karen me estaba diciendo que su hermana Elena regresa del extranjero y estoy pensando en organizar otra cena para que los cuatro puedan convivir – propuso Angela en forma astuta. Los jóvenes se aclararon la garganta, tratando de desviar la conversación hacia otro rumbo, no sabían qué hacer para salvar la situación, pero como siempre, Marian fue muy ingeniosa y actuó en consecuencia. – ¿No te parece que es muy pronto para planear otro encuentro, abuela?, Lucas y Dominic están ocupados la mayoría del tiempo, quizá no tengan tiempo para tus eventos de casamentera— dijo la chica en forma elocuente tal como si el comentario de su abuela le molestara. – No seas impertinente, jovencita, yo lo único que quiero es que se conozcan, y si ya después resulta algo entre ellos, pues no será porque yo lo haya provocado – comentó fingiendo inocencia. – Sí claro, eso ni tú te lo crees – pronunció la joven entre dientes. – ¿Qué es lo que has dicho? – preguntó la abuela indignada. – Sugiero que mejor cambiemos de tema, ya veremos cómo se dan las cosas más adelante – propuso Angel que era el más mesurado de la familia. Aquella cena fue un verdadero suplicio tanto para Dominique como para Lucas, Karen se comportaba de manera empalagosa, queriendo a toda costa llamar la atención de Dominic, pero en lugar de ser coqueta, resultaba por demás fastidiosa y el CEO lo que quería era salir corriendo de ese lugar y escapar de la tortura de soportarla por más tiempo. Mientras tanto, Alexandra estaba por demás feliz, por fin había reunido el dinero suficiente para comprarle a su hermana el teléfono inteligente que tanto le había pedido, podría aliviar un poco su precaria situación, pues a pesar de trabajar en un club para caballeros, la mayor parte del dinero que ganaba se le iba en las deudas que había dejado la irresponsable de su madre y en las necesidades de ella y de su hermana, pero cuál sería su sorpresa al cruzar el umbral de la puerta, se encontró cara cara con la persona a la que menos esperaba ver. – Alex, cariño, pero mira qué hermosa te has puesto, ha pasado tanto tiempo – dijo su madre como si nada hubiera pasado. Por supuesto que había pasado mucho tiempo, nada más y nada menos que años desde que ella decidió abandonarlas por irse de libertina con quién sabe cuántos hombres, y ahora se atrevía a presentarse en su casa como si nada hubiera sucedido, con ese aire de grandeza que siempre la había caracterizado. Alexandra sentía que la ira crecía en su interior , pero no pensaba demostrarle nada delante de su hermana, después de todo la niña no tenía la culpa de los desfiguros y la actitud irresponsable de la casquivano de la mujer que las trajo al mundo. – Alex, mira lo que me trajo mamá, el teléfono que tanto quería y que tú nunca pudiste comprarme – pronunció la niña provocando que su corazón se rompiera en pedazos. Era verdad que Alexandra nunca había podido comprarle el celular, pero no por que no quisiera hacerlo, sino porque los gastos para ella sola eran insostenibles, sobre todo por las deudas que su madre les había dejado sin importarle lo que tuvieran que hacer para pagarlas. – Qué bueno, me alegro mucho por ti, querida – dijo la chica apenas con vos audible. La cara de Alexandra era todo un poema, apretaba fuertemente los puños clavando sus uñas en las palmas de la impotencia y desesperación que sentía, esa mujer se presentaba como si nada hubiera pasado, con su cara de víctima llevándole a su hermana un regalo caro que por supuesto la niña recibió con bastante agrado. – También traje regalos para ti, hija, ahora me va muy bien y puedo darme el lujo de compartirlo con ustedes – comentó la mujer con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Nuria era una mujer de unos 45 años con un cuerpo muy bien proporcionado, se ejercitaba constantemente y por supuesto que tenía varios arreglos encima, y ahora podía vestir con ropas y zapatos caros gracias a quién sabe que clase de hombre con el que seguramente estaba viviendo o se estaba relacionando. – Rossi, hermanita, me gustaría hablar a solas con nuestra madre, ¿podrías ir a tu habitación un momento? – le pidió la joven a su hermana para poder hablar con Nuria de una buena vez y enfrentarse a ella. –Ash, está bien, pero por favor no seas grosera con ella, no te perdonaría si por tu culpa mamá se vuelve a marchar – dijo provocándole un gran dolor a Alexandra que no podía dar crédito a las palabras de la niña. Alexandra ni siquiera tuvo tiempo de replicar, porque su hermana se dio la vuelta y se marchó corriendo a la habitación, estaba loca por estrenar su nuevo teléfono, además de eso su madre les había traído ropa y zapatos que podía presumir con sus amigas del colegio. – Alex, hija mía, yo sé que mi presencia aquí te tomo por sorpresa, qué tal vez no merezco que me escuches, pero te juro que estoy arrepentida de haberlas dejado, pero tú sabes cómo era nuestra situación, estábamos sumidas en la pobreza y yo necesitaba libertad para respirar, en esta casa sentía que me ahogaba – se justificaba Nuria una y otra vez. Alexandra no podía creer lo que estaba escuchando, ¿Cómo era posible que su madre pudiera hablar de aquella manera?, ¿Acaso no le importaba las privaciones que ella y su hermana tuvieron que pasar por su culpa?, la joven echaba chispas por los ojos y la miraba con una furia infinita , no obstante, se obligó a respirar profundo para no decirle a su madre la sarta de cosas que había estado acumulando desde hacía tanto tiempo. – ¿Qué pretendes con esta farsa, Mamá?, a mi hermana puedes engañarla porque es una niña, pero a mí no, y para nada te creo tu papel de madre abnegada y arrepentida, seguramente debes tener alguna mala intención con tu repentina aparición en esta casa – la increpó Alex tratando de descubrir que era lo que se traía entre manos. Su madre se llevó las manos al rostro, fingiendo una indignación que por supuesto estaba muy lejos de sentir. – No entiendo a qué te refieres, no sé porque me juzgas de esa forma, yo lo único que quiero es estar bien con ustedes, que comencemos de nuevo y que puedan disfrutar de la vida que yo he conseguido para nosotras – señaló tratando de convencerla. La joven se puso delante de ella mirándola con una fiera intensidad. – Que te quede claro que ni mi hermana ni yo necesitamos absolutamente nada que venga de ti o de tus amantes, y se me hace injusto que ilusiones a Rossi con algo que estás muy lejos de poder cumplir – explotó Alexandra con una indignación creciente que no pudo controlar. – No te permito que me hables de esa manera, soy tu madre, que no se te olvide, y aunque no pague las cuentas de esta casa, todavía me debes respeto – le gritó levantando la mano para abofetearla. Nuria estaba apunto de estampar su mano contra la mejilla de Alex, pero ella no se lo permitió y la detuvo en el aire, provocándole un gran dolor a la mujer a la que le debía los mayores sufrimientos de su existencia, el rostro de Nuria se veía desencajado, no se esperaba esa reacción por parte de su hija, estaba acostumbrada a que siempre le obedeciera, a que se lo perdonara todo, pero al ver que ahora se estaba comportando de una forma completamente diferente la desconcertó por completo. Por otra parte, la velada en casa de los Archer había llegado a su fin y Karen por fin había tenido a bien marcharse de la residencia, provocando la liberación de la tensión que se había estado acumulando durante toda la noche. – Cielo santo, por fin esa lagartona se dignó a irse – apuntó Marian lanzando un suspiro como si se acabará de liberar de una carga muy pesada. La abuela Angela golpeó el piso con su bastón y miró a la joven con ojos inquisitivos. – ¿Qué son esas palabras, Marian?, te estás comportando como una mujer ordinaria, esa no es la educación que yo te he dado, Karen es una persona bienvenida en esta casa y no tienes porque expresarte así de ella – la reprendió la mujer mayor con gran severidad. – Pues será bienvenida solamente para ti, abuela, por qué no creo que te falle tanto la visión para no darte cuenta que ninguno de nosotros estábamos cómodos con la presencia de esa mujer en esta casa – le dijo con total sinceridad. Sin darle tiempo a replicar, la joven se dio la vuelta y se marchó corriendo a su habitación haciendo un gesto de despedida a Dominic y a Lucas que todavía continuaban en la mansión. – Marian, vuelve aquí de inmediato, todavía no he dicho que puedas irte – le dijo a los gritos. – Ya, abuela, por favor no te alteres, sabes que te hace daño hacer corajes, ya conoces a mi hermana y lo terca que se pone cuando algo no le parece – intervino Angel como siempre salvando la situación. Como siempre, Bruno el mayordomo, estaba cerca para llevarle su vaso con agua, el cual Angela empezó a tomar a toda prisa, respiraba de manera exagerada llamando la atención de quienes estaban presentes, y claro que sus muecas de desagrado no se hicieron esperar, pero por supuesto que Lucas y Dominique no decían absolutamente nada, pero se miraban de uno a otro tratando de contener la risa que amenazaba con salir. – Un día de estos ustedes me van a matar, no hacen más que darme disgustos, cada uno de diferente manera, yo lo único que quiero es verlos bien, estables, con personas honorables a su lado, pero al parecer todo les parece mal – comentó haciendo sus cómicos chantajes que tan conocidos resultaban para todos. – Por Dios, Angelita, qué dices, si sabes perfectamente que tú nos vas a enterrar a todos – repuso Dominic mientras le revolvía el cabello y besaba tiernamente su frente. – Basta de zalamerías, muchachito, que tú no me tienes nada contenta, ya vi las caras que se hacían ustedes dos, y seguramente la pobre de Karen también se dio cuenta, qué vergüenza, ya no tienen respeto por nada ni por nadie, pero de una vez te advierto, Dominic, si para el día de tu cumpleaños no me traes a una mujer decente con la que te hayas comprometido al menos en un noviazgo formal, te juro que voy a cederle la presidencia de la empresa a Victor – sentenció la matriarca de la familia dejándolos a todos atónitos con sus declaraciones. Dominique no podía dar crédito a lo que acababa de escuchar, pero conocía perfectamente a su abuela como para saber que cumplía lo que prometía, no obstante, le dejaría claro que estaba suficientemente grande como para tomar sus propias decisiones, aún cuando quién sabe por cuánto tiempo podría mantener esa postura de hombre inflexible. – Abuela, te recuerdo que estamos en el siglo 21, y soy perfectamente capaz de encontrar a una mujer de mi agrado por mis propios medios, todos estos años te has empeñado en buscarme pareja, y aún cuando yo sé que te preocupas por mí y que lo haces por mi bien, ninguna de las jóvenes que a ti te parecen apropiadas me agradan, entiéndelo, abuela, esas jóvenes que dicen ser perfectas y que vienen de buenas familias, no son más que mujeres hipócritas y doble moral, te lo puedo asegurar, así que de una vez te digo que la mujer con la que yo vaya a casarme la buscaré yo mismo y cuando así lo crea necesario – declaró muy seguro de sí mismo. —Llevas años diciendo lo mismo, Dominique, y si no te gustan las mujeres que yo te elijo está bien, pero en lo que no estoy dispuesta a ceder es en el hecho de qué quiero que te comprometas, que por lo menos tengas a una buena mujer a tu lado, porque de lo contrario ya te he dicho lo que pienso hacer, y esa es mi última palabra – expresó con total determinación. Dominic ni siquiera tuvo tiempo de replicar, porque la abuela se marchó con paso firme dejándolos a los tres con un palmo de narices, totalmente estupefactos por el empecinamiento de la anciana. – ¿Pero qué le pasa a mi abuela?, ¿Piensa que puede venir a imponer su voluntad como le dé la gana? – gruñó Dominique enfurecido. – Pues al parecer si puede, hermanito, y será mejor que te des prisa a encontrar una chica que presentarle el día de tu cumpleaños, porque de lo contrario sabes que la abuela puede ser inflexible cuando se lo propone – dijo Angel. – No, pues, definitivamente me estás ayudando mucho con tus comentarios, mejor deberías pensar que se te ocurre para suavizarle el humor a nuestra venerable matriarca – replicó Dominic mirando con desagrado a su hermano. – No, bro, a mí no me metas en esos enredos, no quiero salir raspado también y que no se le ocurra tratar de emparejarme con alguna de las sacrosanta señoritas de la sociedad – comentó Angel con sorna secundado por Lucas que se divertía con lo que estaba pasando. – ¿Y a ti, sabe lo todo que se te ocurre? – preguntó refiriéndose a su amigo. – Se me ocurre que vayas haciendo la lista de las posibles candidatas, porque esta vez no tienes escapatoria, bro – contestó Lucas sin poder contener la risa. Dominique dejó salir un suspiro de frustración y dirigió su mirada de uno a otro reprochándoles con los ojos por su falta de solidaridad. – Qué suerte la mía, valiente apoyo que me cargo, si con estos amigos, para que quiero enemigos
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