Narra Rocío Muevo la cuchara sobre el helado derretido y mis papilas gustativas cantan con cada bocado frío y cremoso. Bayron se sienta frente a mí en la pequeña mesa de la cocina, con sus ojos azul oscuro fijos en mí. Una sonrisa aparece en su rostro. —¿Esto solucionó tu antojo?—él pide. Asiento con la cabeza. —Es justo lo que necesitaba. —Si necesitas algo más, en cualquier momento del día o de la noche, házmelo saber—ofrece. —Gracias—murmuro entre cucharadas, sin perderme cómo su cabello n***o cae perfectamente en su lugar incluso cuando hemos tenido un largo día detrás de nosotros—.Por ir a la tienda y comprar el helado cuando dije que me encantaría y...—hago una pausa aquí, preguntándome si debería simplemente decirlo. Decido que debería hacerlo—. Por lo de antes, ya sabes, cu

