Narra Rocío Entro a la oficina menos de una hora después y, como de costumbre, allí está ella: la nueva secretaria, Susana. Su falda de cuero n***o es tan ajustada que parece pintada, y su blusa, lo poco que queda, es transparente, de corte profundo y tirante en los botones. —Disculpa—digo, mi voz fría y calmada, pero todo acero en el fondo—. Tenemos un código de vestimenta aquí. Esto no es un club nocturno. Ella se da vuelta, con los ojos muy abiertos, una inocencia que no engaña a nadie. —Oh, Rocío. Entiendo cómo debes sentirte ahora mismo, pobrecita. Embarazada y todo, pero conozco el vestido ... —Deja de tonterías—interrumpo—.Sabes lo que estás haciendo. Y si crees que pestañear ante mi esposo te llevará a alguna parte, estás completamente equivocada. La próxima vez que aparezca

