Era martes en la mañana, y el sol brillaba con fuerza iluminando la mañana de otoño. Las cosas dentro del edificio se encontraban hechas un caos, la gente corria coni gallinas sin cabeza hacia distintos puntos con desesperación, pero era claramente entendible. Hoy era finalmente el día de la pasarela, y como todos los años habíamos sido excepcionales, este no se quedaría atrás. Caminé en el vestíbulo hacia el ascensor saludando a toda persona que se cruzaba frente a mí. Tomé finalmente el ascensor y bajé en el último piso, que cabía mencionar era el que más caótico se encontraba: modelos con cambios de último minuto, ensayos, últimos detalles y demás cosas a contrarreloj. Al entrar todas las miradas se posaron en mí, y rápidamente asintieron con la cabeza en señal de respeto cuando les sa

