Sentí a la lejanía como la alarma de mi reloj despertador comenzaba a sonar. Suspiré sabiendo que ya era lunes, y me esperaba un largo día de trabajo. Me removí en la cama, despertándome poco a poco pero aún con mis ojos cerrados, sintiendo la claridad del sol en mi habitación. Todo iba más que normal en mi rutina diaria, hasta que oí una garganta carraspear. Y se sentía demasiado cercano como para haber sido en otra habitación del departamento. Por lo que, lentamente abrí uno de mis ojos, visualizando a Rita parada en una esquina de mi habitación. Me sobresalté de tal manera ante el susto que podría jurar que el corazón no me salió disparado del pecho por poco y nada. -Buenos días, bella durmiente.-Soltó mientras me observaba recuperarme del susto. -¿Qué diablos...? ¿Cómo se supone qu

