Luciana Todavía tenía sus días malos, pero habíamos superado una etapa y ella estaba ansiosa por el resto de su vida. Una vida que yo sabía que sería asombrosa. —También tenemos que irnos a la cama de inmediato —continuó explicando Evanne el ritual navideño—. Porque si no lo hacemos, Santa no vendrá. —Ya veo —dijo Soleil, luciendo muy solemne—. ¿Crees que le importe si te leo un cuento? —Por supuesto que no. —Evanne se acercó a mí y me hizo señas para que me inclinara. Cuando lo hice, me susurró fuerte al oído—: Sé que Santa no es real, pero debemos fingir por mi hermana mayor. La sorpresa, la diversión y el orgullo se mezclaron y removieron algo profundo en mi corazón. —Eso es muy dulce de tu parte. —No le digas a papá que lo sé. Lo pondrá triste. Se lo diré después de Navidad. Si

