Tamira trataba de reponerse y al verme sujetada por Nigromante se enfadó aún más. Nigromante estaba cubierto de modo que no podía conocer su apariencia, se veía muy bien mostrando su precioso torso. —Maldita, como logras evadir tu suerte… Pero sus amenazas e insultos fueron interrumpidos. Un hilo de agua y de sangre recorría el fango, tal fluido se deslizó hasta llegar a nuestros pies. El goteo provenía de su cuerpo inclinado. Tamira oscilaba de pies a cabeza. Se puso de rodillas, gritando y gimiendo con fuerza. —No puedes liberarlo. No puedes, eres…. —Exclamó entre lamentos y chillidos. Nigromante me tomó con fuerza de los hombros aferrándome hacia él. Dijo unas palabras en un idioma inentendible. Decía un recital sobre mí, y sentía como un calor me envolvía por completo. Me dejé

