La noche estaba despejada, la luna se veía hermosa, grande y brillante, acompañada de titilantes estrellas. Aún tenía al niño en mis brazos. El cielo se había despejado completamente. Nunca había visto a un bebé y menos tenerlo en mis brazos. En instantes Nigromante ya estaba vestido con su habitual indumentaria. Muy entretenido nos observaba. —Te ves muy bien. Serías una excelente madre— Mencionó sonriendo. Mostré una tímida sonrisa. —Sé muy bien que te preocupan muchas cosas, pero ahora lo más importante es que ningún inocente fue sacrificado. Debo llevar al pequeño con tu padre, aquí afuera hay mucho frío y es mejor que esté adentro y atendido correctamente— Agregó extendiendo sus brazos. Se lo entregué de buena gana. Lo acomodó tiernamente. Al igual que él, yo pensaba que se veía

