Sarbelia llegó a mi alcoba con una bandeja con comida, se la recibí y la puse sobre una mesa al lado de la cama. Sarbelia se marchó luego de que le diera las gracias. Tomé pluma, tintero y una hoja en blanco. Quería contestarle, pero no tenía idea de cómo hacer para entregárselo. Antes de que lograra escribir algo, Nigromante entró en la habitación. Tenía su apariencia usual. —Con permiso, lamento no haber podido estar antes. ¿Qué haces? —Preguntó alargando la vista a mis manos. —Es que, nuevamente tengo un nuevo escrito. Quiero saber quién es. Trataba de responderle. —Mmmm, ya veo…— Contestó, pero con un gesto divertido en sus suaves y finos rasgos. — ¿Tu sabes de quien se trata? —Sí, lo sé. —Dijo convincentemente. —Me gustaría saber quién es. ¿Nigromante podrías decírmelo? Pero s

