Anya salió de asearse, llevaba ahora unos vaqueros ajustados y un jersey color vino y para terminar unas converse negras, dejo su pelo ahora más espeso suelto, se miró al espejo, analizo su nuevo cuerpo con detenimiento, su rostro era el mismo, pero se notaba un atisbo de oscuridad en él. Se miro una y otra vez, admirando su imagen, ahora sentía que pertenecía a algo...
Quizá este siempre haya sido mi lugar...le dijo su subconsciente.
Respiro profundamente, aunque no le hiciera falta ahora y se dirigió hasta la puerta, abrió de golpe y salió sin mirar al frente, choco con algo duro, quizá si hubiera sido humana en ese momento estaría en el suelo, pero con su nueva forma, solo había sentido un pequeño dolor en el brazo. Levanto la cabeza para ver que había provocado el golpe viendo así la cara de furia de Stephen.
-Aun sigues siendo una torpe...y eso que te has transformado. -le repuso con furia.
-Perdón...iba…yo...iba pensando en muchas cosas...no te visto- En ese momento me había pillado con la baja guardia y su furia, su mirada se podría decir de ¿odio?...me intimidaba demasiado, estábamos tan cerca que podía sentir el calor que emanaba su cuerpo, se escuchaba en el pasillo un corazón acelerado y...era el ¡mío! seguro que él también lo estaba escuchando...El dio un paso más hacia mí, deje de respirar de golpe, me quede embobada mirando sus ojos grises, retrocedí hasta chocar con la pared del pasillo, tenía su cuerpo totalmente aprisionando el mío contra la pared, puso las manos a cada lado de mi cabeza. Acerco su rostro al mío intimidándome más aún si cabía la posibilidad, casi se rozaban nuestras narices.
- Aparta de mi camino...enana- me dijo en un murmullo demasiado bajo, su voz ronca tan cerca de mi cara me había puesto los pelos de punta, sentía su aliento rozar mis labios, su olor a madera y naranja me había embriagado por completo, no supe reaccionar.
Se alejo de mi llevándose consigo el calor, lo aleje de mis pensamientos y volví a respirar, me dirigí hacia las escaleras armándome de valor, al final de las escaleras Miranda me esperaba tan perfecta como siempre y me alegre de que no hubiera rastro de ese siniestro chico.
Miranda me fue explicando las historias de los grandes cuadros que adornaban el pasillo, en dos milenios había habido tantas guerras que solo había muerte y dolor reflejado en aquellos cuadros, marcando cada uno un acontecimiento diferente.
- Bien...aquí acaba el Tour...el consejo te espera, desde aquí tienes que ir sola- Miranda me dio un abrazo amistoso- Mañana, me pasare por tu habitación y te seguiré enseñando cosas, suerte. - Dijo dejándome sola ante la gran puerta de madera.
Me arme de valor, respire profundo dos veces y cogí el coraje y la valentía que nunca había tenido y abrí las grandes puertas para adentrarme en lo que para mí se calificaba como el Infierno.
Entro en la estancia captando la mirada de todos, cerró la puerta tras ella y se paró en medio de la estancia siendo observada por todos, una mesa rectangular de madera con adornos hechos a mano quedaba a unos metros de ella.
Damián y dos hombres más entrados en edad la presidian, Stephen estaba en la esquina derecha de la mesa sentado en una silla y una mujer de cabellos castaños estaba de pie, tocándole el hombro a Stephen y cuchicheándole al oído.