Capítulo 8 - Los Bianchi.

735 Words
Damián se levantó de la silla apoyándose en la mesa con las dos manos. - Eres magnifica...no pensaba que aguantarías la verdad...todos mis proyectos eran fallidos...pero el destino te llevo hasta mi hijo. - dijo avanzando hasta su hijo y dándole dos palmotadas en el brazo, lo dejo atrás avanzando hasta mi con paso lento, yo retrocedí dos pasos hacia atrás y el paro. -Creo que tendrás muchas preguntas ¿No es así? - dijo frotándose las manos y dedicándome una gran sonrisa. - Si, tengo muchas preguntas- dijo con voz suave. - Adelante- la invito a preguntar Damián. - ¿Quiénes sois? Y ¿Que me habéis hecho? - dijo ahora con más rabia. Damián río al ver su reacción- Bien! Somos...como decirlo... Somos vampiros, somos muy poderosos y numerosos, los más temidos diría yo- esbozo con una gran carcajada. -Tengo dos Hermanos más James y Harry. - Dijo señalándolos, estos hicieron un asentimiento con la cabeza- Somos el clan más poderoso de vampiros, Yo soy el Rey, los que controlamos a los demás vampiros, hacemos leyes, y protegemos al pueblo vampírico de todas las demás criaturas... A lo de que te hemos hecho...he hecho lo que debía hacer, tu madre...te vendió a nosotros por una gran cantidad de dinero, pero el contrato no se haría efectivo hasta que tuvieras la edad de 20 años, te he vuelto inmortal, te he dado un lugar donde vivir y educarte. -dijo sin mirarla Me quede paralizada al escuchar que mi madre me había vendido por dinero, pensaba que mi madre no pudo caer más bajo, pero eso ni se lo imaginaba. Tanto era el dolor, que eso le había provocado que empezó a dolerle el corazón, su vista se volvió borrosa, no sentía su cuerpo, su mente vagaba sin control, miró a Stephen, este estaba tenso, se removió en el asiento al escuchar eso. Era demasiado cruel, se volvió a fijar en la castaña, que esta se reía mirándola, vio cómo se acercaba al oído de Stephen y le susurraba al oído. - Normal que su madre la vendiera, es una bastarda...-Stephen cambio su expresión al mirarla, estaba asustado de lo que estaba pasando delante de sus ojos. Se adelanto a los movimientos de Anya, pero no fue lo suficiente rápido. Los ojos de Anya se habían vuelto lilas su Iris era de un color lila intenso, Anya tenía sus manos en puños, se clavaba sus propias uñas en la piel haciéndose sangre, unos destellos de luz como el color de sus ojos estaban a punto de explotar en sus manos, estos desaparecieron chocando con la chica, estampándola contra la pared, rompiéndola con el choque tan fuerte, la chica empezó a sollozar, llamando a Stephen, pero no reaccionaba. - ¡Tú! Como te atreves a llamarme bastarda, ¿que estas insinuando, sobre mi madre?- Mi rabia crecía más y más, mirando los ojos de la chica empecé a ver de nuevo el comentario su risa maliciosa al verme, todos los males que había causado esa pequeña zorra...Demasiado dolor había provocado y mi Subconsciente empezó a hablar por mí y empecé a hablar en voz alta.- Mírame a los ojos...ves todo el caos y destrucción que te puedo ocasionar...-La chica inmediatamente se quedó viéndome a los ojos su ojos empezaron a perder su color caramelo y empezaron a tornarse negros, esa chica iba a morir iba a arrebatarle el alma en ese mismo instante...hasta que Stephen decidió intervenir. -Anya...para...no merece la pena...no la mates- Sentí como Stephen agarraba mi brazo para que la soltara, al oír su voz de súplica me relaje y la solté dejándola caer al suelo de golpe. No mire a Stephen directamente me dirigí a Damián. Tenía razón, no ensuciaría mis manos con esa malnacida. Damián la miro con tristeza- Eres más valiosa de lo que pensaba...-dijo serio. Anya cambio de tema fríamente- ¿porque soy valiosa? Damián la miro nervioso- lo que acabas de hacer es inexplicable...puedes hacer que alguien haga lo que desees, solo un demonio puede hacer lo que tu acabas de hacer...Podrás hacer lo que te propongas...eres una hibrida, única en tu especie, tu decidirás que magia quieres despertar. -Stephen lleva a Anya a sus aposentos tiene que descansar. Mañana tendrás que empezar sus entrenamientos, tú la enseñaras. - Ninguno estábamos de acuerdo...por nuestras miradas y la tensión de nuestros cuerpos, pero Stephen no dijo ni una palabra. Mañana sería un día duro y largo.
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