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Píntame de colores la vida

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Píntame de colores la vida.

Alina había perdido a su madre, cuando era muy pequeña, solo le quedaba su padre, ellos se volvieron muy unidos, su padre era un rico hacendado, él se dedicó a cuidar a su hija, para él no había nada más importante, hasta que apareció Sabine, una joven mujer muy hermosa y con un arma letal, su cuerpo, con el que siempre lograba manipular a los hombres, ella había puesto sus ojos en el hacendado y no descansaría hasta convertirlo en su nuevo títere, para lograrlo tenía que romper el lazo de amor que había entre Alina y su padre, Sabine, logra su objetivo, envenena al padre en contra de su hija, Alina ya no soporta más la situación, se va de la hacienda, gracias a una pequeña herencia que le deja su madre compra un departamento y se propone seguir con sus estudios, acabando exitosamente, logrando hacerse un lugar en el mundo de la pintura, pero su éxito es empañado por el dolor que sigue anclado en su corazón, con el tiempo recibe una llamada inesperada de un hombre desconocido para ella, que le informa que su padre a muerto, y que ella debe de regresar cuanto antes a casa, ya que la hacienda ha quedado sin nadie a cargo, ella se da cuenta que su padre le había dejado una cuantiosa herencia, pero eso no era todo, tenía una media hermana la cual había quedado a su cargo y un atractivo caporal padre de un niño, el cual sufría por el genio insoportable de su padre, Alina tendría que aprender a cuidar de una niña con muchos traumas y enseñar a sonreír a su amargado empleado.

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Capítulo 1
El amanecer, era el momento más apreciado por Alina, el frescor de ese momento del día era maravilloso, ver como el sol pintaba todo el lugar de color, ese instante era perfecto, para plasmar hermosos momentos en un lienzo.  Alina llevaba ya años viviendo sola, su departamento se encontraba en el tercer piso, de un edificio que se encontraba en una zona muy tranquila, su departamento le gustaba mucho, era amplio y tenía una terraza por donde podía admirar un parque, que se encontraba justo enfrente, pasando la calle, el parque le recordaba mucho, al lugar donde ella había crecido, por sus grandes y frondosos árboles.  Ella había crecido en el campo rodeada de animales, en su niñez disfrutaba mucho montando a tormenta, una yegua algo mayor, que era su mejor amiga, esos momentos tan hermosos habían quedado en el fondo de sus recuerdos.  Su madre había muerto, cuando ella era una niña, su padre se convirtió en su único apoyo emocional, él, a pesar de tener muchas ocupaciones, en su hacienda la Monarca, se hacía espacio para criar y dar amor a su pequeña hija, Alina adoraba a su padre, ellos eran muy unidos, pero al cumplir los dieciséis años todo cambio, en sus vidas se coló una mujer detestable, mujer que había acabado, con todo lo que Alina amaba, su padre había cambiado mucho, Alina no podía hacer que su padre viera su realidad, él solo veía por los ojos de la mujer, esa fue una época muy difícil para ella.  El ver como perdía a su amado padre, sin poder hacer nada, Alina se dio cuenta que todo era inútil, esa mujer había ganado, Alina decidió irse, ese día había tenido una fuerte discusión con su padre, él, la había acusado de interferir en su felicidad, ellos se habían dicho cosas muy hirientes, Alina había decidido seguir su camino, sin volver la vista atrás, le había dicho a su padre que ella no volvería a interferir en su vida y lo había cumplido, de eso habían pasado ya nueve años.  Alina con ayuda de una pequeña herencia que le dejo su madre, había logrado acabar sus estudios haciéndose un lugar en la pintura, se sentía muy satisfecha de ella misma, pero no había logrado sanar su corazón, este seguía doliendo, como si ella, se hubiera ido el día anterior.  Algunas veces había levantado el teléfono con la intención de solo escuchar la voz de su padre, pero siempre lo había dejado en su lugar, sin siquiera marcar, Alina sabía que si su padre la necesitara, él, le habría llamado o buscado.  Su padre era muy amigo de los padres de su amiga Sofia, si quisiera saber de ella, solo tendría que contactarlos, pero eso jamás había pasado, con el tiempo decidió que eso era lo mejor, entre ellos se había roto algo muy importante, difícil de reparar, para Alina su pintura era su refugio, casi siempre pintaba bellos paisajes que llevaba grabados en la memoria, lugares que había amado en su niñez, cuando aún tenía una familia. La vida le había dado una desagradable voltereta, pero aun tenia sueños, que la mantenían de pie, el principal era tener una galería propia, donde mostraría su trabajo y el de jóvenes talentosos, que no tuvieran ayuda, para impulsar su trabajo, ella quería ser ese empujoncito, ella había tenido suerte desde el principio.  Su amiga Sofia era de buena posición social, sus padres eran dueños de una famosa galería de arte, ellos habían notado su talento y le habían dado una oportunidad, la cual había sido todo un éxito, gracias a esto, había dejado su empleo de medio tiempo, para dedicarse de lleno a su pasión. Alina se dio cuenta que ya se le estaba haciendo tarde, había quedado de verse con Fátima, para desayunar en su restaurante favorito, se le hizo agua la boca, al recordad lo rico que preparaban los panqueques ahí.  Se dio una ducha rápida, se puso unos vaqueros, una blusa holgada, acompañándolos con una chaqueta y unas sandalias, se aplico maquillaje y lápiz labial, no era muy fan de pintarse demasiado, se aplicó un poco de crema desenredante en su ensortijado cabello y trato de acomodarlo un poco, era todo lo que podía hacer por él, su cabello siempre le daba problemas, se bio en el espejo, le gustaba su cuerpo, no era muy esbelta, pero tampoco gorda, su trasero aceptable, sus senos de tamaño mediano, sus ojos azules resaltaban, de su rostro pálido.  Su cabello era muy obscuro y rizado, tal vez más adelante se tomaría el consejo de Fátima, de hacerse un alaciado permanente, Alina reviso su reloj de pulsera, abrió mucho los ojos al darse cuenta de lo tarde que era, tenía que salir a todo prisa, Fátima se enfadaría mucho con ella.  Alina tomo su bolso, las llaves de la casa, sus lentes para el sol y salió a toda prisa, el lugar no estaba lejos, podría llegar perfectamente caminando, además, le gustaba mucho el recorrer las calles cercanas, el lugar era muy pintoresco, lleno de color y gente amable, que la saludaba al pasar.  Alina ya podía ver el restaurante, Fátima ya se encontraba ahí, entro directamente a la mesa donde se encontraba su amiga, ella la conocía tan bien, que ya había ordenado por ella. -Lo siento Fátima ¿tienes mucho de haber llegado? -No te preocupes Alina, supongo que la nueva exposición, te mantiene ocupada. -Si un poco, pero dime como te la pasaste en el extranjero ¿conociste a algún chico guapo? -Nada fuera de lo común, la próxima vez tendrás que acompañarme, esta vez no aceptare un no ¿de acuerdo? -Te prometo, que después de la exposición, seré materia dispuesta. -Eso espero Alina, siempre me dices lo mismo. -Tranquila Tafí, esta vez cumpliré. Un chico muy lindo, les llevo su orden, el joven no dejaba de ver a Alina, pero esta estaba más interesada en sus panques, al retirarse el joven, Fátima carraspeo llamando la atención de Alina, la cual la vio con extrañeza. -Estas, siega, ese chico casi te comía con la mirada. -Deja de decir tonterías y come, se va a enfriar. -No crees, que ya va siendo hora, de que te consigas un buen chico, que te mime y te saque a pasear. -Quien te entiende, pensé que querías que pasáramos mas tiempo juntas, si tuviera un novio, no podríamos vernos, ellos son muy demandantes. -Si tienes razón, los chicos son muy empalagosos, será mejor que sigamos solteras y muy libres. -Apoyo tu idea, brindemos con leche. Ambas comenzaron a reír a carcajadas, para Alina, la vida no le hubiera resultado igual sin su amiga Fátima.   Alina conocía a Fátima desde que eran niñas, sus padres se frecuentaban, al quedar su padre viudo, no dejo de hacerlo, al contrario Alina pasaba más tiempo en la casa de Fátima, aunque ella y sus padres siempre vivieron en la ciudad.  Alina pasaba la temporada de más trabajo en la hacienda, en la casa de Fátima, ella fue de gran apoyo cuando ella dejo su hogar, los padre de Fátima, le ofrecieron que se quedara con ellos, Alina solo acepto quedarse unos días, mientras conseguía un departamento,  ella necesitaba estar sola, para pensar lo que haría de su vida.  Siempre le gusto el dibujar, pero no sabía si realmente tenía talento, la madre de Fátima, era una gran pintora, que también daba clases en la universidad, fue ella la que la motivo a seguir por ese camino y se lo agradecería siempre. - ¿Vas a querer más? ¿Tal vez un postre? -Fátima, nos acabamos de comer un desayuno bastante completo, quieres que salga botando de este lugar. -Eres demasiado remolona, eso solo fue un aperitivo. -Sabes que no es así. -Que seas remolona o que sea solo un aperitivo. -Contigo no se puede Fátima. -Pero así me amas ¿no es verdad? -Sabes que siempre será así Tafí, eres como mi hermana, la que nunca tuve. -Y tu igual Ali, será mejor que nos vayamos, si no quieres nada mas ¿verdad? -No tienes remedio Fátima, salgamos de aquí. Alina acompaño a Fátima a su auto, despidiéndose con un abrazo afectuoso. -Cuidarte Alina, nos hablamos. -Claro tú también cuídate nos vemos. Alina vio como se alejaba el auto de Fátima, por la avenida, ella también tenía que regresar, tenía mucho trabajo por delante, el calor se había intensificado, lo agradable es que había muchos árboles a un lado de las banquetas, eso proporcionaba una agradable sombra, llego muy rápido a su edificio, Don Ricardo el portero la saludo al pasar. - ¿Cómo ha estado, señorita Alina? ¿Qué dice la traviesa Tafí? -Sigue igual que siempre Don Ricardo, hay cosas que nunca cambian. -Es parte de su personalidad, señorita. Alina se despidió con un movimiento de mano, Don Ricardo trabajaba en el edificio desde antes que ella llegara, Alina de alguna manera se sentía más segura, estando él, a cargo de la seguridad del lugar.  Fátima y ella siempre pasaban un momento con él, escuchando sus historias, era un hombre con muchas anécdotas por contar, aunque ellas ya se sabían la mayoría y en ocasiones él se las repetía, pero tenía una manera tan especial de platicar, que ella y Fátima le tenían la suficiente paciencia, para volver a escuchar la misma historia.  Alina estaba introduciendo la llave en la cerradura, cuando escucho el teléfono que sonaba, ella trato de apurarse, podría ser Fátima, que se le había olvidado decirle algo. -Hola. - ¿Se encuentra la señorita, Alina Monarca? -Yo soy Alina ¿En qué puedo ayudarle? -Estoy hablando, de la hacienda Monarca. Alina se quedó inmóvil, al escuchar de donde hablaba el hombre, que podría estar pasando en ese lugar, para que le hablaran, tal, vez su padre no se encontraba bien, un escalofrió le recorrido la espalda. -Señorita ¿sigue ahí? -Si dígame, que se le ofrece. -Se que no soy la persona más adecuada, para decirle esto, pero al parecer no hay nadie más que lo haga, su padre el señor Maximiliano, murió anoche, de un paro cardiaco fulminante, los doctores no pudieron hacer nada, lo siento mucho. Alina se quedó petrificada, su padre muerto, no lo podía creer, ella no lo volvería a ver, él se había ido, para siempre, las lágrimas acudieron a sus ojos nublándole la vista, ella se había olvidado del hombre al otro lado del teléfono, al escuchar su voz volvió a la realidad. -Señorita sé que la noticia es muy desagradable, el abogado está haciendo todos los preparativos, para el sepelio, pero es urgente que se presente usted en la hacienda, el lugar no puede quedarse sin que alguien lo dirija, y su hermana no puede quedarse sola. Alina, sintió como si un balde de agua helada, le hubiera caído de repente, una hermana, lo más seguro es que esa mujer seguía ahí y no quería hacer nada como siempre, esperaba que ella le fuera a hacer el trabajo, pero el hombre había dicho que su hermana estaba sola, a donde se habría ido esa mujer, era tan despiadada que había abandonado a su hija, tendría que salir de dudas. -Y la madre de la niña ¿no se encuentra ahí, para cuidarla? -No sabría decirle, donde se encuentra la madre, de Yohana, pero si pudiera venir lo antes posible se lo agradecería mucho. -Gracias por avisarme, yo iré lo antes posible. -La veré pronto, hasta luego. -Hasta luego. Alina se dejó caer en la primera silla que encontró, jamás se imaginó que eso pudiera pasarle, porque él, no le había hablado, lo más seguro es que él, tuviera tiempo enfermo, ella se había perdido la oportunidad de arreglar las cosas con él, ya nada sería igual para ella, tal parecía que aquella despedida tan desagradable había sido definitiva entre ellos, Ya no podía volver el tiempo atrás, ahora iría a ver qué pasaba con esa niña, y saber porque no estaba con su madre, el teléfono volvió a sonar, sobresaltando a Alina, sele quedo viendo por un momento, al siguiente timbrazo decidió contestar. -Hola -Alina soy Doroteo, el abogado de tu padre, lamento decirte que…. -Ya lo sé señor, no cree que debió de avisarme antes. -Se que tienes razón, pero yo solo tuve que hacer todos los preparativos, del funeral, tu padre quería que lo cremaran, así que tu decide si quieres velarlo o lo pasamos directo a cremación, lamento la situación Alina, yo fui más que solo el abogado de tu padre, de verdad lo apreciaba mucho, por eso te prevengo que vengas lo antes posible, no vaya a volver Sabine y se quiera llevar a Yohana, solo para quedarse con la herencia de tu padre. - ¿Él, no dejo testamento? -Te dejo a ti como su única heredera, siempre y cuando te ocupes de la educación de tú hermana. -Y si decido no aceptar ¿Qué pasaría? -Tendría que buscar a Sabine, para que se hiciera cargo de su hija, el testamento no te obliga a nada Alina, pero esa niña ya ha pasado por mucho, deberías primero conocerla y después tomar tu decisión, yo estaré ahí para apoyarte. -Se lo agradezco, lo veré pronto. Alina no entendía nada, ella hubiera jurado que ya para ese momento, esa mujer ya habría dejado la hacienda en la quiebra, pero todo parecía que no había ocurrido así, y porque su padre no había dejado la mitad de todo a su otra hija, tendría que hacer las maletas cuanto antes.  Alina se dirigió a su cuarto cuando se escuchó el timbre de la puerta, al parecer no podía estar en paz, por más de dos minutos, se dirigió a abrir, encontrándose con una llorosa Fátima en la puerta, esta de inmediato se le hecho en los brazos, diciéndole lo mucho que lo sentía. -Tranquila Tafí, me hubiera gustado despedirme de él, pero él decidió sacarme de su vida, ahora ya nada tiene remedio, pasa, estaba preparando mi maleta, al parecer tengo una hermana, y tengo que ver lo que pasara con la hacienda. Fátima observaba a su amiga, ella estaba actuando muy extraña, como el día en ella se había ido de su casa, jamás la vio que llorara, ella se estaba guardando sus emociones, la dejaría, esa era su forma de manejar su dolor. - ¿Quieres que te ayude en algo? -No te preocupes Fátima, yo puedo ¿tus padres ya están enterados de lo que paso con mi padre? -Si, ellos pasaran por nosotros, para llevarnos, no te dejare sola Alina, déjame cuidar de ti ¡por favor! -Me conoces amiga, sabes que en estos momentos no me gustaría estar rodeada de gente, te quiero mucho Fátima, pero no se manejar, el que las personas me quieran ayudar, ve tu con tus padres yo me iré en mi auto, sabes que lo necesitare para moverme, me entiendes ¿verdad? -Si te entiendo, amiga, pero sabes que estaré cerca. -Lo se Tafí. Se escucharon bocinazos fuera del edificio, Fátima se despidió de su amiga, sus padres habían llegado. Alina se quedó por un momento viendo la puerta, por donde acababa de salir su amiga, se sentía culpable, por la forma en que había tratado a Fátima, pero ella se sentía como si estuviera viviendo algo irreal, no estaba como para estar lidiando con personas que le decían sentir su dolor, ellas no podrían sentir el dolor, que en esos momentos la estaba consumiendo, como podrían.  Alina comenzó a sollozar, primero calladamente, después poco a poco se fue desasiendo el nudo que tenía en su garganta, dejando salir un torrente de lágrimas que no paraban, Alina grito, golpeo y pataleo, sentía dolor, frustración y por ultimo enojo, por aquel hombre que había sido su padre y no la supo querer como ella lo quería, un hombre tan inteligente que se había dejado embaucar por una víbora, él había permitido que lo alejaran de ella, como podría ahora perdonarlo, si se había ido para no volver jamás.  Alina tomo una fuerte bocanada de aire, dejando salir de igual manera, era hora de enfrentarse a lo que la estaba esperando, hizo su maleta, se retoco el maquillaje y salió de su apartamento, prometiendo volver pronto.             Alina le encargo su departamento a Don Ricardo, el parecía haberla aprendido a conocer, porque no le dio el pésame, solo le pidió que se cuidara mucho.  Alina se subió a su auto, era una camioneta silverado de reciente modelo, era lo primero que se había comprado con su primer cheque, la había comprado más por su parecido con la que alguna vez había tenido su padre, era muy cómoda y amplia, el color era un rojo quemado que a ella, le fascinaba. Ella realmente nunca había carecido de nada, a los dieciséis años ya tenía una camioneta como la que ahora tenia, pero al marcharse le había dejado todo a su padre, su teléfono, su computadora, su camioneta, sus tarjetas de crédito, ella solo se había llevado parte de su ropa.  El licenciado le había hecho el favor de adelantarle la herencia, dejada por su madre, la cual le había servido para comenzar su nueva vida.  Ella sabía lo que era trabajar en la hacienda ella ayudaba a su padre con el entrenamiento de caballos, que luego de amansarlos, los vendían a muy buen precio, sabia manejar tractores que se ocupaban para la siembra de las tierras, su padre la había consentido, pero también la había enseñado a valerse por ella misma, gracias a eso no había tenido miedo al marcharse de su casa, ella volvería a empezar cuantas veces fuera necesario. La tarde comenzaba a ponerse fría y el sol a meterse detrás de los cerros, cuando Alina llego a la hacienda la Monarca, ella no pensó que algún día volvería a ver ese lugar, que le daba la bienvenida, con sus arcos de piedra, en el centro de estos, con letras muy grandes, se podía ver el nombre del lugar desde muy lejos, ella sintió una punzada en el pecho, ese lugar no sería el mismo para ella nunca más, el lugar se sentía gris, sin vida, pareciera que sabía que su dueño ya no se encontraba entre los vivos, a pesar de estar igual como lo dejo, ese lugar no parecía el mismo.  Se estaciono cerca de la entrada de la hacienda, ya había varios carros ahí, suponía que dentro estarían todos los allegados a su padre, ese momento no le gustaba, pero debería de enfrentarlo cuanto antes, así todo acabaría.            

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