— Gracias Kang Dae. — Agradecen todos a mi alrededor.
— No tenías que comprarlo.
— Si no lo compro ¿cómo ibas a probarlo?
Me siento avergonzada, después de no responder aquel mensaje Kang Dae apareció en la cafetería y compro tiramisú para todos.
Arrastra una silla vacía de la mesa de al lado y la coloca entre la silla de Ashley y la mía, ya que hay un exceso de sillas en la mesa, estamos demasiado apretados, su hombro está pegado al mío, a veces parece no ser consciente de su tamaño.
— ¿Vienes muy seguido Dae? — Pregunta Bethany sin cambiar su tono de voz.
— No tanto como quisiera, tengo que cuidar mi dieta, la obesidad es una de las principales causas de muerte. — Usa un tono serio Pero se perfectamente que estará siendo sarcástico mientras usa la misma frase que dije anoche.
— Yo también cuido mi alimentación y hago mucho ejercicio ¿a qué gimnasio vas?
— Tengo gimnasio en casa. — Su nada modesta respuesta no sorprende a nadie.
— Abre. — Toma un poco de tiramisú y lo lleva hasta mi boca.
No se mueve, la cuchara sigue frente a mis labios y la mirada de todos está sobre nosotros.
Con la intención de terminar con esta situación abro la boca y acepto el bocado que me ofrece.
No esperaba que usará la misma cuchara para comer.
Sentí como si estuviera intentando tragar rocas, a pesar del delicioso sabor por algún motivo, verlo hacer aquel gesto tan íntimo compartir una cuchara me cerró la garganta.
— ¿No es ese Ryan ? — Comenta Ashley emocionada.
Es la única persona además de Kang Dae que sabe sobre mis sentimientos por Ryan, a diferencia de Kang a quien se los confesé, Ashley lo dedujo por si sola.
De una forma nada discreta todos en la mesa voltearon hacia el mostrador donde se encontraba haciendo su pedido.
— Wats. — Lo llamo Kang e hizo una seña para que se acercara a nuestra mesa.
— Hola. — Saludo en cuanto se acercó.
— Hola. — Respondí su saludo.
— ¿No es este el tema que vimos con Mafe en el primer curso? — Giro la pantalla de mi computadora para mostrarle los avances de nuestro proyecto.
— Si, tiene la costumbre de repetir proyectos.
— Lo hiciste bastante bien aquella vez,¿ porque no les ayudas?
— Obtuviste un sobresaliente en esa exposición, deberías ser tu quien los ayude.
— ¿Si? no lo recuerdo. — Hizo mueca de hacer memoria.— Entonces, los dejo en buenas manos.
se levantó de su silla y tomo un último bocado antes de irse.
— No tienes que hacer lo que pide Kang Dae. — Me disculpe en su nombre por haberlo obligado a quedarse.
— No es ninguna molestia, me preguntaba cuando volveríamos a vernos. — Se sentó en la silla en la que antes estaba Kang Dae.
por algún extraño motivo parece que había mucho más espacio ahora.
Durante las siguientes dos horas Ryan nos ayudó a corregir y terminar todo nuestro proyecto, aunque no tuvimos oportunidad de conversar fue agradable conocer un poco más de él.
Estire mis brazos para relajar mis músculos después de haber pasado sentada las últimas cuatro horas.
Conecte mi teléfono al altavoz y puse algo de música mientras repasaba mi exposición para el lunes.
Me pare frente al espejo y repetí mi discurso.
Tengo el honor de presentar este proyecto, hoy deseo contarles sobre la historia de la literatura.
El primer relato es acerca...
El sonido del timbre interrumpio la suave melodía que relajaba el ambiente.
Corri desde el closet de mi habitación hasta la sala donde había dejado mi teléfono.
No esperaba ninguna llamada pero descubrí el nombre de la persona que estaba llamando me llenaba de intriga.
— Bueno... — Respondí sin mirar la pantalla.
— Cariño ¿estás bien?
— ah mamá.
— Vaya, parece que esperabas la llamada de alguien más.
— No, yo estaba estudiando. — Respondí claramente desilusionada.
— Oh, disculpa cariño, no planeo quitarte el tiempo, solo quería saber cómo van las cosas con Kang Dae .
Las llamadas con mi madre suelen ser breves, Pero en esta ocasión hablamos durante más de una hora, no estoy segura si se debe al hecho de que pase el fin de semana fuera de casa o la ilusión que tiene por verme emparejada con Kang Dae, al parecer se mantiene en contacto con su madre, la cual no tuvo reparo en contarle que anoche llegó a altas horas de la madrugada de una fiesta a la cual fuimos juntos.
— Ya te lo dije mamá solamente fuimos a cenar.
— No es regaño cariño, yo sé que las hormonas en la juventud son difíciles de controlar y más en una pareja que está unida por el destino.
— Voy a colgar mamá, dale un beso a papá, adiós.
Es casi hora de dormir, pero mandar un mensaje de buena noches parece algo muy personal.
En lugar de escribir un mensaje coloque le discurso impreso a un lado de mi rostro y envié una foto.
Su respuesta no llegó en forma de texto, ni de foto, si no en una llamada telefónica, de esas que se alargan hasta que uno de los dos se queda dormido.