El eco de las cuentas.

897 Words
El hombre no se movió, se mantuvo arrodillado con la cabeza baja. — Ven aquí linda, no tengas miedo. — Me llamo la mujer con voz dulce. Avance lentamente y me detuve a un costado del hombre del cual aún no veía su rostro. — Siéntate linda. No había sillas ,no sabía que hacer así que decidí imitar sus posiciones, doble mis rodillas y me senté sobre mis piernas. De reojo intenté ver el rostro del hombre que se suponía era mi amor predestinado, Pero la voz de la mujer me obligó a mirar al frente. — Desde el inicio de los tiempos, en cada era y cada cultura se escribió que los seres humanos somos creados en parejas, algunos pasan toda su vida sin encontrar a su otra mitad, otros creen haberla encontrado, Pero solo algunos, muy pocos encuentran realmente a su amor verdadero. — Cerro los ojos y movió sus manos sobre el tapete como si buscará algo. Aproveche ese momento y gire mi cabeza para intentar ver el rostro del hombre a mi lado. En un segundo, antes de que siquiera logrará analizar su rostro mi cuerpo se detuvo, me congelé al notar que sus ojos ya me miraban. No era un viejo, no parecía ser un asesino y mucho menos era un desconocido. — ¿Que haces aquí ? — Susurré lo más bajo que pude. — ¿No tienes una pregunta más tonta que hacer? — Respondió con mal humor. — IDIOTA. — Articule con los labios y volví la vista a la anciana. La ví tomar uno de los hilos del tapete, posteriormente tomó nuestras manos y las ato con aquel cordón. — Este es el hilo del destino que los ha unido. — Tomo una vela y coloco la flama sobre el hilo hasta que lo corto, creando así dos pulceras. — ¿Es todo? — Pregunté curiosa, no era tan malo como pensaba, no me estaban regalando a un hombre, tampoco era un matrimonio arreglado, simplemente me presentaron a quien se supone es mi amor, definitivamente el destino se equivocó está vez conozco perfectamente a Kang Dae y no es mi tipo, puedo fingir que no funcionó el hechizo o simplemente dejarlo ser y culparlo por una de sus aventuras. — Para mi si... pero no para ustedes, el amor no es algo que se da de un día para otro, hay que cultivarlos y ustedes lo que tiene ahora es una semilla, una semilla que tienen que regar para que crezca hasta que de frutos. — ¿Frutos? — Pregunto Kang Dae confundió. — Frutos, hijos, descendientes, es por eso que uno siembra para cosechar esos frutos. — Explico la mujer con paciencia. hijos con Kang Dae, casi quería reír a carcajadas, Pero, él se mantuvo en silencio al escuchar su respuesta. — El destino es caprichoso, el decide las oportunidades que nos da, solo un pequeño momento de toda la eternidad, por eso hoy en esta pequeña ventana que nos dio, nos juntamos para que sus destinos se unan, en un mes cuando la luna esté por desaparecer van a volver aquí y así sellaremos su amor eternamente. Un escalofrío me recorrió el cuerpo de la cabeza a los pies. Tengo solo un mes para convencer a todos de que esto es un error, apenas treinta días para demostrar que Kang Dae y yo no somos el uno para el otro. Antes de partir nos felicitó como si de un matrimonio se tratase, nos abrazo y nos bendijo, como último nos acompaño únicamente hasta aquella entrada que carecía de puerta. — Oh por dios. — Grito una mujer, mire a mi madre pero, el grito no provenía de ella. — Eres tan hermosa. — Se acercó y acuno mi rostro con cierta familiaridad. No fue difícil adivinar de quién se trataba, tenía el mismo tono de cabello de Kang Dae y los ojos del hombre que la acompañaba son los mismos que los de él, definitivamente son sus padres. — Acércate. — Ordenó el padre de Kang Dae con voz firme. En un minuto estaban las dos familias reunidas. — Pero que grosera soy disculpame, debiste estar muy sorprendida, soy mina, madre de Kang Dae. — Se presentó de forma educada sosteniendo mi mano con delicadeza. — Es un placer conocerla señora mina, mi nombre es... — Se quien eres, no tienes que ser formal, puede llamarme madre, ¿a caso no somos ya como una familia? todos los adultos rieron, excepto Kang Dae y yo, todos parecían ilusionados por la actual situación. — Es tarde ¿que les parece una primer cena? — Propuso mi madre con entusiasmo. — Que idea tan fantástica, los chicos tienen que comenzar a conocerse. — Accedió mina. Una vez más emprendimos el largo camino de regreso a la ciudad, cerré mis ojos y fingi estar dormida mientras escuchaba a mis padres conversar sobre la familia de Kang Dae, sobre la gran coincidencia de que ambos estudiemos en la misma universidad y escuche una de las tantas veces que mamá menciono lo guapo y alto que eran Kang Dae. Mientras escuchaba todo aquello, comencé a elaborar un plan para terminar con esta situación sin romper el corazón de mamá, no todas las historias de amor son como la de ella y papá y la mía definitivamente no es con este hombre.
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