— No lo malinterpretes, yo no pedí esto. — Le aclaro antes de que se haga una idea equivocada.
En cuanto llegamos al restaurante mi mamá nos reservo una mesa aparte, diciendo que esto era como nuestra primera cita, que tenemos que empezar a conocernos, enfatizó mucho en que para mí edad ella ya se había casado con papá.
— Probablemente mamá haya tenido la misma idea así que no le des tanta importancia. — Dio un sorbo a su bebida y siguió comiendo como si no estuviera sentada frente a él.
No entiendo como puede tener apetito, mi estómago se cerró en el momento en que llegamos a esa, o podría ser que...
— ¿Yo... te gustó? — Pregunté nerviosa.
— No, carajo, no. — Respondió después de casi atragantarse con su comida. — Eres muy fácil de leer, se que tampoco te agrada esto, Pero, no es como si tuviera opción.
— ¿Que yo soy fac...— Inhale profundo e intente hablar lo más serenamente posible. — ¿A qué te refieres con que no tienes opción?
— Era ir a la casa de la chamana o irme del país.
Tuve la oportunidad de librarme de esto si no hubiera sido porque este tipo eligió incorrectamente.
— Aún puedes cambiar de opinión y hacernos un favor.
— Me gusta mi vida aquí.
— Entonces ¿planeas seguir con esto?
— Yo no lo llamaría un plan, simplemente esperaré a que seas tu quien se de por vencida.
que idiota, planea que toda la culpa recaiga sobre mi.
— Tengo un plan y si me ayudas ambos saldremos beneficiados. — Dije en voz baja, disminuyendo la distancia entre nosotros.
— No me interesa.
— Ni siquiera los has escuchado.
— ya te dije lo que pienso hacer así que no necesito escuchar tu ridículo plan.
Voltee los ojos molesta ante su negativa, mi plan no funciona si no me ayuda y no pienso ser yo la que cargue con la responsabilidad de todo.
— Nery, no has tocado tu comida. — dijo mamá afligida al ver mi plato.
— Creo que me distraje platicando con Kang Dae que olvide comer. — Mentira, aunque si es verdad que es su culpa que no tenga apetito.
— Eso es maravilloso, es una lastima que sea tan tarde y tengamos que volver a casa.
— Estoy seguro que Kang Dae no tiene problema en llevar a Atteneri a casa ¿cierto? — Comentó el papá de Kang Dae mirandolo fijamente.
— para mi sería un placer si sus padres lo permiten.— Hablo con falsa amabilidad.
— ¿Lo escuchaste cariño? — Pregunto mamá mientras le clavaba el codo en las costillas a papá.— Es tan educado.
— Entonces no veo ningún problema, dejemos que los jóvenes se conozcan.— Afirmó mi padre.
Los cuatro se despidieron de nosotros dejandonos nuevamente a solas, la falsa amabilidad de Kang Dae desaparece en el instante que nuestros padres cruzaron la puerta.
— ¿Cuál es tu plan? — Pregunto con hartazgo.
Al parecer se dió cuenta que disuadir a nuestros padres requiere el trabajo de ambos.
— Bueno hay un chico... — Intenté explicar avergonzada, es la primera vez que reconozco ante otra persona que alguien me gusta.
— mhmm.
— Bueno, la idea es demostrarle a mis padres... a nuestros padres que se equivocaron y que nosotros no podemos estar juntos, así que pensé que si tuviera una relación con alguien más ellos desistirian de nuestra relación.
— ¿Y que se supone que yo haga?
— Técnicamente serás un espía.
— Paso, tu plan es una basura, básicamente me estás pidiendo que te ayude a ligarte a alguien, ¿no aprendiste en eso en la escuela media? hazlo sola.
— Nunca salí con nadie. — Admití avergonzada. — y me niego a aceptar que tú seas ...
— Ya entedi. ¿quien es?
— ¿cómo?
— ¿quien es el tipo que te gusta? — pregunto con un poco menos de paciencia que la vez anterior.
— oh mmm es Ryan Wats.
— ¿El rubio de lentes? — pregunto está vez con una mueca de burla.
— Si.
— Solo por curiosidad, no creas que me interesa Pero ¿que ven en ese tipo?
— ¿Celos?
— Nunca de alguien como él. — respondió con superioridad.
— Bueno, es alto.
— Yo soy más alto. — Refuto.
— Es inteligente.
— Tiene el segundo puesto.
— Es amable.
— Es un hipócrita.
— ¿Estás insinuando que deberías de gustarme tu?
— Mierda, no. es ridículo que tenga que hacer esto, tu teléfono. — Exigió con la mano extendida.
Me tomo unos segundos sacarlo de mi bolso para finalmente entregárselo.
Tecleo un par de números y segundos después su celular comenzó a vibrar sobre la mesa.
El camino a casa fue suelncioso e incómodo, su tamaño me hacía sentir que el espacio era demasiado pequeño para ambos, todo esto solo me confirmaba una vez más que la chamana se equivocó.